La Iglesia católica del siglo XXI

El papa Francisco desmantela el ‘Vaticano paralelo’ y activa las reformas

  • Bergoglio ha necesitado siete años de pontificado para desbaratar algunos poderes fácticos

  •  La “asociación de delincuentes” sigue tramando para demostrar la incapacidad del Santo Padre

El papa Francisco, durante un viaje a la isla de Mauricio

El papa Francisco, durante un viaje a la isla de Mauricio / YARA NARDI

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El papa Francisco ha conseguido desmantelar el 'Vaticano paralelo', el de la finanzas corruptas. Casi ocho después de ser elegido, puede afirmarse que Jorge Bergoglio ha zanjado las críticas que le acusaban de falta de autoridad y nombrar a personajes que no estaban a la altura de su misión.

El pasado otoño, cuando sus enemigos (principalmente desde EEUU) decían que “este pontificado ha dado todo lo que podía dar de sí”, el entorno de Bergoglio filtró, por capítulos, documentos reservados con informaciones de alto voltaje: “una asociación de delincuentes”, según definición de la fiscalía vaticana, había llevado la cúpula de la Iglesia “al borde de la quiebra”. Francisco no tiene ninguna intención de terminar acribillado como Benedicto XVI con el ‘Vatileaks’.

Su Eminenza Becciu, defenestrada

Días antes de la filtración, el 24 de septiembre, Bergoglio recibió a su ‘ministro’ para los Santos, el cardenal Angelo Becciu. Fue una audiencia de 23 minutos y no se habló ni de santos y beatos. El Papa lo puso de patitas en la calle. “Ya no tienes mi confianza”, le dijo bruscamente como sabe hacer Bergoglio. Becciu convocó una insólita rueda de prensa, se defendió y dijo esperar que el Papa no hubiese “sido manipulado”. Una rebelión.

El ‘príncipe’ defenestrado ocupó durante siete años el cargo de Substituto de la Secretaria de Estado del Vaticano, una especie de ministerio de Interior con funciones financieras. El cargo comporta la administración del Óbolo de San Pedro -casi 80 millones de euros en los últimos años-, que fieles de todo el mundo, incluidos verdaderos filántropos multimillonarios, dan a los Papas para su sustento y obras de caridad. Esta cifra ha disminuido desde la llegada de Bergoglio a Roma, sobre todo desde las diócesis y países donde cuenta con más adversarios. La llamada 'guerra a los Papas' no conoce límites. El dinero del Óbolo se invierte en iniciativas éticas, “para que rindan algo”, dijo un día Bergoglio excluyendo cualquier especulación financiera.

Sin embargo, los documentos filtrados por el entorno del Papa ilustraban que desde los fondos administrados por su Eminencia Becciu salieron casi dos millones de euros hacia Cerdeña, su isla, para financiar actividades de su familia (una cervecera artesanal, una carpintería para minusválidos, una sucursal de Cáritas). Nimiedades en comparación a lo que luego se aireó.

Firmas opacas y paraísos fiscales

Su Eminencia invirtió 70 millones en un fondo 100% especulativo para comprar la antigua sede de los almacenes Harrod’s, un edificio de lujo de Londres. Lo compró a través de al menos siete firmas opacas que a su vez constituyeron sociedades en paraísos fiscales y bancos de medio mundo, cobrando comisiones de hasta 15 y 20 millones; sociedades en las que el dinero para las obras de caridad papal iba fluyendo a razón de 100, 200, 300 millones cada depósito.

Francisco, en una ceremonia en la basílica de San Pedro, en el día mundial de la pobreza.

/ REMO CASILLI POOL

 “Un saqueo de la caja”, dirían los fiscales vaticano. Cuando recuperaron más de 8,2 millones de euros y la vivienda de uno de los intermediarios, encontraron dinero hasta en la cesta de la ropa sucia. Además, salieron a relucir otras operaciones financieras de alto riesgo, como comprar petróleo de Angola o con la red de hospitales de la misma Iglesia. “Un saqueo de 454 millones”, concluye la periodista Loriana Bulfon, especializada en mafias. “La cuenta del Papa no había sido nunca utilizadas para especulaciones financieras”, admite Massimiliano Coccia, el informador italiano agraciado con las filtraciones periodísticas.

La agente 007 del Vaticano

No era todo. En octubre del 2020, con una orden de Interpol, se detuvo a Cecilia Marogna (39 años), socia única de Logsic, con sede en Eslovenia, a quien Su Eminencia Beccui había entregado al menos 500.000 euros. “No soy su amante”, declaró sin que se lo preguntasen. Se definió como “una 007 por cuenta de Dios”. Se comprobó que Marogna estaba, se desconoce con qué misión, en todas las ciudades a las que viajaba Francisco. La hipótesis judicial es que era el embrión de una diplomacia dedicada a rescatar a curas y monjas secuestrados por el mundo.

La trama no acababa allí. En el cónclave que eligió Bergoglio (2013), se encomendó al nuevo Papa que acabase con las trifulcas y escándalos vaticanos, principalmente en ámbito económico. Francisco nombró al cardenal australiano George Pell, de 77 años, responsable de la Secretaría Económica, especie de superministerio de Economía y Finanzas que por vez primera concentraba todas las actividades económicas del Vaticano. Pell despertó recelos y oposición entre quienes habían siempre gozado de una libertad total. Inesperadamente, desde Australia acusaron al cardenal de encubrir casos de pederastia. Francisco le envió a su país “a defenderse” y el cardenal fue condenado a seis años de prisión, que empezó a cumplir en 2018.

En 2020, entre los papeles de Becciu emergieron 700.000 euros transferidos a una cuenta australiana para apoyar a quienes acusaban el cardenal. El Supremo absolvió entonces a Pell.

Tras quedar desmantelada la red, en la que figuraban una quincena de eclesiásticos, funcionarios y financieros de mala reputación, el papa Francisco reaccionó públicamente. Defenestró a Becciu  y ordenó arrestar a la 007, Cecilia Marogna. Por primera vez el Vaticano emitió órdenes de detención por delitos financieros; retomó el proyecto de someter todos los presupuestos vaticanos a un único control; el Instituto para las Obras de Religión (IOR), se sometió a los estándares internacionales antiblanqueo de Moneyval; las contratas y licitaciones vaticanas pasaron a ser controladas desde arriba; la Secretaría de Estado, que no tenía ningún control, se convitió en un ministerio sin cartera, sin presupuesto.

“Así no habrá presiones”, explican. En una audiencia previa con la plana mayor de Moneyval, Francisco dijo: “Jesús ha expulsado a los mercaderes del templo, agradezco a Moneyval les impida especular en el templo sagrado que es la humanidad”. Y añadió: “En algunos ámbitos, se toca dinero y se ensucia de sangre”.

El futuro de la institución

La limpieza evidenciaba la existencia del 'otro Vaticano'. “Los Papas cambian, ¿quién asegura pues la continuidad de la institución?”. Cuando el cronista lo pregunta a las fuentes internas, la respuesta es la misma: “Tienes que buscar en el organigrama a quien está siempre dentro, aún cambiando de cargo”. “Una vez que conoces la historia de los Papas no hay mucho que pueda sorprenderte sobre cuanto sucede en la Curia Romana”, dijo un día Bergoglio.

El 'escándalo Becciu' ha permitido que por primera vez en la historia sea vertical la estructura económico-financiera del Vaticano y de la Santa Sede –la cúpula católica. Hay una Secretaría para la Economía, bajo la cual está la Administración Apostólica, que a su vez controla todos los presupuestos internos. El Ior o banco papal queda sujeto a la Autoridad Financiera (AIF), como en cualquier país.

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Empate entre dos mundos

Las vías de Bergoglio no se han terminado”, afirma el vaticanólogo Filippo Di Giacomo. Marco Damilano, director de ‘L’Espresso’, ha escrito que Francisco “abre procesos, aunque sean irreversibles, sin miedo a cometer errores”. La póliza de seguros de Bergoglio de cara al futuro es, por ahora, una mayoría de 73 cardenales electores del próximo Papa creados por él, sobre un total de 128. Si ninguno se muere antes, los representantes del Viejo Mundo y de los Nuevos Mundos están ahora empatados. Lo nunca visto.