30 nov 2020

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LA LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS

Cerco al botellón

Las autoridades de Barcelona, Madrid y València ponen en su punto de mira las fiestas nocturnas de jóvenes

En la capital catalana, en el primer fin de semana con los bares cerrados, se pusieron 647 multas por consumo de alcohol en la calle

Nacho Herrero

Protesta de un sindicato estudiantil contra los participantes en la fiesta del Colegio Mayor Galileo Galilei de València 

Protesta de un sindicato estudiantil contra los participantes en la fiesta del Colegio Mayor Galileo Galilei de València  / Miguel Lorenzo

Acabado el permisivo verano, superada con inesperada holgura la vuelta al cole y con crecientes limitaciones en la hostelería y el ocio que han llegado a su cierre temporal en Catalunya o en Navarra, los focos de las administraciones públicas, de los medios y de varios sectores sociales y económicos se ha orientado en las últimas semanas hacia el botellón hasta ponerlo en el centro de la diana en la lucha contra el coronavirus como ejemplo de la relajación de las medidas de contención de la pandemia.

"Vamos a ver si podemos ir poniendo coto a las fiestas, donde no se mueve la economía, pero sí traslada el contagio a las casas", apuntó este miércoles la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, que deslizó que los jóvenes entre 15 y 29 años representan el 30% de los contagiados en este comunidad en esta segunda ola. Horas antes el alcalde de València, Joan Ribó, había admitido incluso la opción del toque de queda para frenarlo. Puede ayudar, dijo, "a contener excesos como el botellón".

También el Ayuntamiento de Barcelona ha reforzado la idea con los datos del último fin de semana, el primero del cierre de bares y restaurantes en Catalunya. La Guardia Urbana, que ha creado incluso un dispositivo específico para fiestas ilegales, tramitó 647 denuncias por consumo de alcohol en la calle en tres días. La cifra supone un 17% de las 3.772 denuncias que se han  puesto desde el 1 de septiembre. Un crecimiento notable.

Pero el primer fin de semanas sin bares en la capital catalana ha dado para más. Un total de 2.876 personas fueron desalojadas de espacios públicos y privados por incumplir restricciones sanitarias y se tramitaron 336 denuncias por no llevar mascarilla, 325 por estar más de seis personas juntas y 281 por no mantener la distancia. "Se tiene que actuar con firmeza ante situaciones que no son tolerables", aseguró el teniente de alcalde de seguridad del consistorio Albert Batlle.

Las cifras no se van mucho de las de Madrid, donde la Policía ha intervenido en 250 fiestas en estos dos últimos fines de semanas y ha multado a 2.748 personas por el consumo de alcohol sólo en la vía pública.

Fiestas de amigos… y familia

El último informe del Ministerio de Sanidad ya incidió en que el 27,4% de los últimos brotes tienen un origen social y suponen el 25,1% de los casos. Se trata de 193 brotes y 1.263 casos, no hay cifras más altas en toda la cuadrícula y corresponden a reuniones entre familiares y amigos, sin distinguir unas de otras.

Batlle reconoció que no es solo el botellón y que no le gustaron muchas escenas diurnas en los parques de la ciudad pero dijo que es pronto para tomar "medidas drásticas" para estos encuentros socialmente más aceptados. En Galicia, en cambio, han tratado de cortar por lo sano y ya están prohibidas todas las reuniones de más cinco personas y en su capital, Santiago, todas las que no sean entre convivientes.

La chispa del Galileo

El cerco social al botellón se intensificó hace algo más de dos semanas cuando la Universitat Politècnica de València anunció el la suspensión de las clases presenciales durante dos semanas por un brote con 128 positivos surgido a raíz de una fiesta ibicenca en la azotea del colegio mayor Galileo Galilei el pasado 26 de septiembre. Los videos de los jóvenes pasándose las botellas y bailando al atardecer sin rastro de mascarillas ni distancia de seguridad corrieron como la pólvora.

Esta semana, la Generalitat valenciana publicitó con un evidente efecto disuasorio que los participantes pero también la dirección del centro y los trabajadores del mismo que no impidieron el jolgorio se enfrentarán a sanciones de entre 601 y 30.000 euros. Mano dura contre el botellón.

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