efectos de la crisis sanitaria

Reinventar la enseñanza por el coronavirus

Docentes y pedagogos subrayan la importancia de priorizar los aspectos emocionales del alumnado durante la época de confinamiento

Admiten lo caóticas que están resultando estas semanas en algunas 'clases virtuales' debido a lo inesperado de la situación

El profesor José Ramón Albiach trabaja con el ordenador desde el que imparte clases on line.

El profesor José Ramón Albiach trabaja con el ordenador desde el que imparte clases on line. / JORDI COTRINA

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CARME ESCALES

Días antes del anuncio de confinamiento, Xavi de Lucas, profesor de Química de 2º de Bachillerato en el colegio concertado Corazonistas de Sarrià, tranquilizaba a sus alumnos, inquietos por la selectividad. Les dijo que si hubiera que quedarse en casa él conectaría con ellos vía Skype para proseguir las clases. Y así lo hizo. El lunes 16, ya confinados, dieron su primera clase de Química ‘on line’. "Conecto mi pantalla con ellos y la uso de pizarra, así ven lo que escribo, a la vez que me escuchan", explica el profesor. "No es igual que en el aula física, que ves las caras de todos, pero puedes continuar dando clases más o menos de manera normal", añade De Lucas. Eso sí, las prácticas que hacían en el laboratorio son insustituibles, es lo único que ahora no pueden hacer.

Pocos días después de aquella primera clase ‘on line’, desde la escuela anunciaron el mismo método para todos los cursos, y desde entonces, sus alumnos de 3º y 4º de ESO y 1º de Bachillerato de Química y Matemáticas y Biología de ESO siguen las clases a través de la pantalla. "Creo que han cogido ya la dinámica y, entre todos, profesores y alumnos, hemos conseguido suplir la carencia que nos hemos encontrado. Pero está claro que la clase presencial, con el 'feedback' directo de la motivación del alumnado, es impagable", afirma el profesor. En sus grupos de 2º de Bachillerato y 4º de ESO, él sí ha optado por avanzar materia, pero a un ritmo más pausado. De Lucas es también tutor de 3º de ESO. "Recuerdo que las primeras semanas sí que los noté amargados, tal vez porque no acababan de ajustar su tiempo a las tareas en casa. Pero estas últimas semanas veo que van trabajando bien y haciendo todo lo que toca, además se han acomodado bien un horario en casa", dice. Sus sesiones de tutoría hasta ahora han sido globales de todo el grupo, pero durante la revisión de notas de la segunda evaluación abrió una sala de Skype y cada alumno iba pasando uno a uno.

9 o 10 horas frente a la pantalla

En suma, al final del día los profesores en el confinamiento acaban acumulando demasiadas horas frente a la pantalla. A las reuniones de claustro 'on line’, la atención a sus alumnos y todo el tiempo dedicado a rehacer el plan de clase, los docentes deben sumar el ocuparse de sus propios hijos, ir a comprar, cocinar... "Compaginar la docencia con las tareas domésticas y el cuidado de los hijos es duro", dice Xavi de Lucas.

El profesor de Química, Matemáticas y Biología de secundaria en los Corazonistas de Barcelona, Xavi de Lucas / JORDI COTRINA

"Desde que te levantas, hasta las diez de la noche, puedes estar recibiendo mails, wasaps, llamadas... Por donde pueden, los alumnos entregan las tareas. Tenemos la plataforma Moodle, pero a veces no tiene suficiente capacidad, y lo envían por mail, a toda hora te lo entregan". Es la experiencia de Carles Farré, profesor de Matemáticas en el instituto Hug Roger III de Sort. Asegura que después de Semana Santa fue todo más metódico y, con el tiempo ha ido adaptando y reestructurando constantemente su trabajo, dependiendo del grupo. Él también destaca que los alumnos de 2º de bachillerato estaban muy inquietos por la selectividad, y que eran ellos mismos quienes pedían avanzar temario, porque "sufren mucho por no saber qué pasará con la selectividad, y debes ir buscando el equilibrio. Esto es algo inesperado y extraordinario para todos, pero ha sido caótico, no por culpa de nadie, porque la situación es la que es", afirma Farré.

"Desde que te levantas hasta las diez de la noche puedes estar recibiendo mails, wasaps, llamadas... Por donde pueden, los alumnos entregan las tareas"

Carles Farré

Profesor de instituto

Otro de los agravios comparativos en estas circunstancias y para profesores como él, en poblaciones de ámbito más rural, es la mayor diversidad de grupos de la que se responsabiliza un mismo docente. Expone que "en institutos grandes de capitales por ejemplo, seguramente tengan más alumnos, pero son del mismo nivel, es una situación más homogénea para el profesorado. Yo, en cambio, llevo cuatro diferentes niveles y ahora debo adaptar las clases a cada uno de ellos". Asegura que está siendo "durillo". Cada día prepara un vídeo de tres minutos para los de 2º de Bachillerato, con las tareas que tienen que hacer. "Es un trabajo brutal. Además, cada persona es un caso, pero nos hemos tenido que espabilar", concluye.

Nuevos horizontes

"Pedagógicamente, cualquier situación social es de aprendizaje. Puede ser significativo o nulo, y ahora hay que intentar que de esta nueva realidad resulte un aprendizaje significativo, pero además, bajo las mismas condiciones, democráticamente. Eso es lo más importante, y que en ello los alumnos tengan un buen acompañamiento", precisa Joan Gamero, vocal de Pedagogia i Escola del Col·legi de Pedagogs de CatalunyaGamero es, además, director pedagógico de la escuela L’OreigHa vivido en directo la reinvención de la escuela y cómo los profesores han tomado más el rol de acompañantes. Da por hecho que la formación ‘on line’  ha cogido a todos de improviso. También a las familias. "Esto es un cambio de paradigma total, y una buena oportunidad de cambio de conceptos, donde la competencia digital habrá aumentado muchísimo, tanto en adultos como en menores", dice. Según él, el proyecto educativo ahora se debe enriquecer de manera ‘on line’, desde cada centro, y siempre teniendo presente la igualdad de oportunidades.

"Este es un cambio de paradigma total y una buena oportunidad de cambio de conceptos, donde la competencia digital aumentará muchísimo"

Joan Gamero

Pedagogo

A nivel pedagógico, según comenta el pedagogo Joan Gamero, los profesores han tenido que cambiar las tareas de los alumnos, porque las previstas en un curso normal ahora son obsoletas, no son importantes. "La línea de un proyecto educativo está pensada en el ámbito físico, ahora se debe adaptar a una escuela ‘on line’, y somos todos muy conscientes de que hay que atender las diversidades y necesidades emocionales y educativas".

Siguiendo las directrices del Departament d'Educació, este tercer trimestre es de consolidación. "Ahora se trata de crear tareas y aportar las herramientas para realizarlas, que sean atractivas y que no supongan repetición ni muchas horas delante de la pantalla", puntualiza Gamero. Pero la realidad es que no todas las familias tienen la misma disponibilidad para apoyar a sus hijos en este nuevo contexto. Tal como él explica, "en una clase de 25 alumnos pueden darse 20 realidades diferentes, lo cual requiere una reinvención mayor y un bagaje pedagógico muy importante".

Los expertos son conscientes de  que no todas las familias tienen la misma disponibilidad para apoyar a sus hijos

Que estamos ante una realidad que ha superado a todos está claro, y el profesorado también se debe ir formando para estar al día. Ahora –según apunta el pedagogo- debe prevalecer la formación entre iguales, hay que empoderar a la comisión de nuevas tecnologías y solventar las necesidades que van surgiendo. Con un responsable, profesor, o grupo de profesores, en función de lo que necesite cada centro, trabajar en red la parte tecnológica e informática. La formación también del profesorado se considera imprescindible porque "el proyecto educativo ahora está claro que se debe enriquecer o mejorar ‘on line’ desde el centro, y tener presente lo que haremos con equidad del alumnado e igualdad de oportunidades. Ensenyament debe garantizar a todo el alumnado las herramientas tecnológicas, pero las herramientas didácticas y pedagógicas deben salir de cada centro ahora", concluye Gamero.

En primaria

Esta semana, en la escuela Estel Guinardó han repartido las dos últimas tablets que dos alumnos necesitaban. Su director, que es también profesor de lengua castellana en tercero de primaria y de informática para todos los cursos, José Ramón Albiach, habla también de autoreinvención de la metodología y contenidos impuesta por el momento excepcional, cada uno en su casa. Ellos lo hacen poniendo el foco en el aspecto emocional, interactuando mucho con el alumnado. "Hay muchas casuísticas complicadas, alumnos de padres separados que no han hecho el cambio de cada 15 día de uno a otro progenitor, otros que han perdido a sus abuelos. Por lo tanto, vamos haciendo nuestra tarea educativa, pero el bienestar emocional de niñas y niños es prioritario ahora", puntualiza Albiach.

"Hay muchas casuísticas complicadas... Vamos haciendo nuestra tarea educativa, pero el bienestar emocional del alumnado es prioritario"

José Ramón Albiach

Profesor

En su centro plantean retos a los alumnos para que participen con sus ideas en resolver situaciones reales, los problemas que van surgiendo. Por ejemplo, este año no han podido celebrar la jornada de puertas abiertas por el confinamiento, y para motivar a los alumnos les pidieron que escribieran ellos su experiencia en el colegio. Con textos y fotos prepararon unas puertas abiertas virtuales. Y así, ya llevan 5 retos. "El último cuarto de hora de clases lo dedicamos a cápsulas formativas, en las que les enseño a realizar alguna cosa práctica. Pongo mi pantalla en control remoto y así pueden ver cómo lo hago y hacerme preguntas".

La escuela Estel Guinardó Estel Guinardóya es, de por sí, muy familiar, la participación de los padres es siempre muy bienvenida, y ahora durante el confinamiento, la atención telefónica con ellos también tiene un peso importante en el trabajo diario de los maestros. "Con los alumnos, hacemos mucha más labor psicológica que de maestros. Los padres nos comentan que algunos de ellos están viviendo el síndrome de la cabaña, el miedo a salir a la calle. Por eso trabajamos mucho niño a niño. Y la figura del tutor es muy importante en este momento”, dice. Claro que en esta nueva situación, son las doce de la noche y puede aún estar trabajando, resolviendo dudas de padres o preparando los próximos retos.

Esta escuela del barrio barcelonés del Guinardó tiene 225 alumnos y hace 15 años decidió agrupar los tres cursos de parvulario en uno, reduciendo la ratio de 25 a 18, 6 alumnos de P3, P4 y P5 trabajan conjuntamente en una misma aula, como si fuera una escuela rural.

Repercusión en las emociones

"Emocionalmente, las primeras semanas más o menos se llevó bien", apunta la psicopedagoga del centro Sensus, en Barcelona, Marta Jiménez. "Estar en casa y poder jugar más les ayudó, además era la novedad para todos. Pero a medida que han ido pasando las semanas ya no lo llevaban tan bien y se empezaron a ver problemas de conducta más disruptivas", añade. De hecho, en su consulta han constatado que las familias que solían acudir a ella por déficits en los resultados académicos, ahora lo hacen mucho más por temas de conducta, atención, miedos o tristeza.

"Observamos mucha ansiedad, en algunos menores, por no alcanzar los términos de entrega de las tareas, muchos no se saben organizar el tiempo", detalla la psicopedagoga. Los deberes han aumentado mucho, tanto para niños como para adolescentes y en el caso de que ya tuvieran ciertas dificultades de aprendizaje, de manera virtual, en su centro de psicopedagogía están viendo cómo en esos casos se complica más. "Ahora que han podido empezar a salir están más calmados, porque el confinamiento ha propiciado más nervios y problemas de conducta, en general, miedo a salir a la calle y miedo a la enfermedad, porque a los menores también les llega mucha información", afirma Marta Jiménez.

"Observamos mucha ansiedad, en algunos menores, por no alcanzar los términos de entrega de las tareas, muchos no se saben organizar el tiempo"

Marta Jiménez

Psicopedagoga

En cuanto a los alumnos de Bachillerato, lo que han visto es que no les preocupa tanto lo que van haciendo, que básicamente es repaso, sino no saber si los contenidos de la selectividad serán los que han estudiado hasta marzo. "Qué encontrarán en el examen es su principal preocupación", dice la especialista en aprendizaje y estado emocional. Y añade: "Nosotros que trabajamos más habitualmente con alumnos con dificultades como dislexias o discalculias, o problemas de comportamiento, TDAH y conductas del espectro autista, aunque totalmente funcionales, estamos viendo en ellos a nivel emocional más ansiedad, baja autoestima y dificultad con las habilidades sociales”.

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También han observado que en las familias culturalmente más preparadas también coincide que son las que se dedican más en todos los sentidos a apoyar a sus hijos con las tareas en casa. "Son más estructuradas en la organización del tiempo y dan más pautas a los menores. Eso lo notamos. Ya lo veíamos cuando la escuela era presencial, y normalmente sí que evidencia una relación directa entre el tema económico y el cultural. Cómo pagaré las facturas es lógico que sea la prioridad de quienes se vean ahora con mayores dificultades económicas", declara. Además, en un hogar en el que padre y la madre tengan que teletrabajar y necesiten el mismo ordenador que sus hijos para hacer las tares, los menores pueden acabar haciendo los deberes desde el teléfono móvil, que no sería lo adecuado, según la psicopedagoga.

En conclusión, la especialista apunta que, aunque muchos se han adaptado a la situación, la incertidumbre de los adolescentes puede llevarles a vivir la sensación de preocupación respecto a qué se encontrarán en adelante. También a expertos como ella les preocupa que esos menores hayan en contacto con problemas de economía familiar que a su edad no les correspondería vivir. "Si recuperamos la normalidad, se volverá a homogenizar todo más en el aula. Por ahora todo es muy nuevo para todo el mundo y pueden ir surgiendo muchas y nuevas preocupaciones", concluye Marta Jiménez.