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PATENTE INNOVADORA

Creado un hormigón con paja de arroz que resiste a un lanzallamas

El nuevo material, desarrollado en València, aspira a evolucionar la construcción y reciclar plástico

Su creadora empezó la investigación con la idea de reducir las emisiones de la quema de las Fallas

Nacho Herrero

La investigadora Ana Blasco, descubridora de un nuevo material de construcción a partir de la paja del arroz.

La investigadora Ana Blasco, descubridora de un nuevo material de construcción a partir de la paja del arroz. / MIGUEL LORENZO

Una prueba fallida para crear un ‘ninot’ para las Fallas ha acabado alumbrando un nuevo material que aspira a cambiar el mundo de la construcción pero también a echarle una buena mano al medio ambiente dando salida a la paja del arroz y también reciclando plástico.

Su bajo coste, menor que cualquiera de los actuales del mercado, su dureza, similar a la del hormigón, y, sobre todo, su capacidad aislante, que le permite resistir al fuego durante al menos cuatro horas, son la carta de presentación del ‘Hyperin’, que es el nombre de este nuevo material.

De momento, ya es una de las diez mejores patentes del 2018 en España y ahora falta por ver la posición final que ocupa en ese prometedor 'ranking'. En trámite está la patente internacional.

“Puede ser una revolución en la construcción y espero que lo sea”, afirma a EL PERIÓDICO su creadora Ana Blasco, una ingeniera química formada en la Universitat Politècnica de València, que se ha convertido en directora ejecutiva de Combustion Eco, la empresa que ha montado con su socio Tomás Llorente para dar salida a este producto y que ahora forma parte de Lanzadera, la aceleradora de empresas de Juan Roig, el dueño de Mercadona.

Práctica prohibida

Todo empezó porque a esta conquense le gustaron las Fallas. De esas cenizas surge este hormigón. “Fui a estudiar a València y me gustó el mundo de las fallas, el ambiente, la mascletà… pero me llamó la atención el humo negro de la ‘cremà’. Le decía a mis amigas de la universidad ‘ya sé porque no las queman de día, porque sería una barbaridad’. Viendo esas columnas negras pensé en cambiar el poliestileno expandido por un material más sostenible, como cuando eran de cartón piedra, y entonces pensé en la paja de arroz, que es también un problema para València”, explica.

Prohibida de manera generalizada por la UE hace más de una década, la quema de la paja del arroz de La Albufera produce numerosas molestias en València por el humo y un evidente impacto contaminante. Desde hace años las autoridades tratan de reducirla y facilitar que los agricultores puedan dar salida a la paja para composta o proyectos innovadores como éste.

"No quemaba ni con gasolina"

“Empecé a hacer pruebas con paja de arroz y un aglutinante e hice un pequeño ‘ninot’ pero me di cuenta de que no quemaba, incluso si le ponía alcohol o gasolina. Prendía pero no quemaba. Lo dejé a un lado para seguir buscando un material para las Fallas pero más adelante seguí haciendo pruebas y me di cuenta de que era un material aislante térmico, de frío y calor, acústico e ignífugo. Tiene una resistencia al fuego de al menos entre 180 y 240 minutos, depende de la proporción de plástico”, detalla.

Cuenta que se puede usar como elemento estructural o aislante, por su dureza y porque su conductividad térmica (0,02) es inferior a cualquier otra en el mercado y dice que está segura de que aguanta el fuego muchas más horas que las cuatro que han probado. “Es que, además, sólo se pone negra la capa superficial. Si hay un fuego fuera, no pasaría a la casa”, resalta.

Para ilustrarlo echa mano de una de las pruebas más espectaculares que han  hecho. “Le aplicamos un lanzallamas a una pieza de tres centímetros de grosor y en ese lado teníamos 1.100 grados de temperatura y en la otra parte del material había 23,1”, apunta aún con cierto asombro. Recuerda como cuando presentó al producto a algunos amigos arquitectos y constructores ya le dijeron que lo que tenía entre manos “era potente”.

Los secretos

El aglutinante, sobre el que guarda un prudente silencio pese a la patente, es el elemento que cohesiona la paja con el plástico triturado. “Sin él no habría masa, es el secreto de la fórmula”, reconoce.

El otro ‘secreto’ del Hyperin es su bajo precio pero eso sí tiene explicación. “A día de hoy, la paja no tiene coste, sólo tiene coste el transporte y como se acabará prohibiendo totalmente su quema estamos matando dos pájaros de un tiro. Los agricultores le dan salida sin tener que pagar porque vamos y se la recogemos y nosotros tenemos una materia prima sin coste”, admite.

El plástico es reciclado “y con un 15% máximo para que siga siendo sostenible el material”, subraya. Ella colabora actualmente con una fundación que recoge plástico del mar por lo que en realidad son ‘tres pájaros’.