07 ago 2020

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"Este dolor no cicatriza nunca"

El equipo de psicólogos que atiende a heridos y familiares de las víctimas amplían sus efectivos

Las señales de un estrés postraumático pueden permanecer hasta 25 años después

María Jesús Ibáñez / Barcelona

Flores y objetos de recuerdo en homenaje a las víctimas en la Rambla.

Flores y objetos de recuerdo en homenaje a las víctimas en la Rambla. / JOSEP LAGO / AFP (AFP)

Hay abrazos, hay lágrimas, hay inquietud y hay mucho dolor este viernes en el Hospital del Mar de Barcelona, donde permanecen ingresados 18 de los heridos en el atentado de la Rambla. El personal sanitario, las familias de otros pacientes hospitalizados y los mismos pacientes no tienen palabras para explicar todo ese dolor. Los parientes y allegados de las víctimas prefieren no hablar. Solo lloran y se abrazan. 

"Es un dolor difícil de superar, un dolor que nunca acaba de cicatrizar", advierte Jordi Martori, el psicólogo que está coordinando el dispositivo de atención psicosocial que Cruz Roja presta a heridos y familiares de las víctimas mortales. "Tras el 'shock' postraumático que sufre en un primer momento una persona afectada por un acontecimiento como este se inicia un proceso de duelo que cuesta mucho de cerrar y que cualquier imagen o vivencia puede volver a reactivar", señala Martori. Hay personas que siguen presentando señales de estrés postraumático hasta 25 años después de haber sufrido el ataque, según un estudio del 2015 de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en España.

Los servicios de apoyo psicológico a las víctimas del atentado se han extendido este viernes a las dos terminales del aeropuerto de El Prat y al Centre d'Urgències i Emergències Socials del Ayuntamiento de Barcelona, desde el que se atiende a las personas que han empezado a identificar a los primeros cadáveres. "Es un servicio prestado por voluntarios: psicólogos, personal sanitario, asistentes sociales y socorristas de primeros auxilios psicológicos", detalla el coordinador del equipo. Atienden tanto a víctimas directas del siniestro (heridos) como a familiares recién llegados a Barcelona y a personas que fueron testigo de lo que ocurrió.

Jordi Martori, coordinador del equipo de psicólogos de Cruz Roja que atiende a las víctimas / MIREIA REYNAL

Hasta quienes lo vieron por la tele

"En situaciones como esta, todos sufrimos un cierto impacto psicológico, incluso las personas que lo vieron por televisión y ahora tienen miedo a que ocurran más atentados. Cada cuál necesita un tiempo distinto", señala el psicólogo.

El atentado del 11-M en Madrid, por ejemplo, puso de manifiesto que un 47% de los habitantes de Madrid sufrieron algún episodio de estrés o afectaciones en el sueño tras aquella masacre. "La magnitud de la reacción postraumática depende de la proximidad física, cultural o temporal que haya respecto a los hechos", subraya en este sentido Francesc Núñez, sociólogo e investigador de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Martori, que también trabajó con las familias afectadas por la tragedia de Germanwings en el 2015, tiene claro que el primer contacto con los parientes de los fallecidos es determinante. Es importante que tengan un punto de referencia desde el mismo momento en que llegan a Barcelona a recoger el cuerpo de la persona querida. "Les acompañamos desde el momento en que aterrizan, y aunque no podemos facilitarles información, les explicamos cuáles van a ser sus próximos pasos en la ciudad: si van a ir al hospital o al instituto anatómico-forense, dónde se van a alojar. A poder ser, se lo explicamos en su propio idioma y eso también les reconforta" , señala el psicólogo.

Muchos niños entre los heridos

Entre los hospitalizados, "hay mucha gente joven y muchos niños", explicaba este viernes el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, tras una visita a las víctimas. Hay también un grupo de adolescentes alemanes. "Casi todos los heridos están relacionados o emparentados entre sí, porque eran grupos de jóvenes turistas o familias de vacaciones", detalla Sebastià Taltavull, el obispo auxiliar.

En el del Mar está, por ejemplo, la familia de Rubí (Vallès Occidental) a la que el jueves la furgoneta blanca presuntamente conducida por Moussa Oukabir arrancó a un niño de tres años y a su padre. Otras tres personas del mismo grupo familiar, entre ellas la madre del pequeño muerto, están también hospitalizadas. "Tener una buena red familiar es importante, desde luego, pero cada persona los asume de una manera distinta: hay quienes se muestran muy enteros al principio y luego se derrumban y viceversa", constata el coordinador del equipo psicológico de la Cruz Roja.