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Mini Mobile World Congress

La presentación de los mSchools Student Awards muestra todo el potencial de los escolares catalanes diseñando apps. Los alumnos de Primaria presentaron proyectos con Scratch

CARMEN JANÉ / BARCELONA

Alumnos del Institut La Valira, de La Seu d’Urgell, premiados en el concurso mSchools.

Alumnos del Institut La Valira, de La Seu d’Urgell, premiados en el concurso mSchools. / JOAN CORTADELLAS

“Nuestra empresa ha desarrollado una 'app' para enseñar matemáticas...” Quien lo dice no es un emprendedor del Mobile World Congress o el 4YFN; es un chaval de 16 años que alarga un folleto con su mejor sonrisa para intentar mostrar que su aplicación, programada en Java y con un diseño muy cuidado, es mejor que las demás. Es la final del concurso mSchools Student Awards, en el Palau de Congressos de Catalunya, donde cada año, a finales de febrero, se celebran algunos de los eventos paralelos al Mobile World Congress (MWC), con el mismo formato de estands y presentación de productos, pero con adultos.

La iniciativa de la Mobile World Capital para extender a las escuelas el ecosistema móvil reunió este sábado a más de 500 estudiantes de toda Catalunya de los dos últimos cursos de ESO, Bachillerato y ciclos formativos, con sus padres y amigos, para mostrar el trabajo de todo un curso. A ellos se han sumado por primera vez este año alumnos de primaria con proyectos en Scratch, el primer lenguaje de programación que se aprende.

Las 'apps' presentadas eran un compendio de las preocupaciones adolescentes, y no precisamente las más frívolas. Las había sobre medio ambiente, para combatir el alzhéimer de los abuelos, para concienciar a sus hermanos pequeños e implicarlos en las tareas domésticas, redes sociales para aparear al perro o socializar con gente de sus mismos intereses, traducir de otros idiomas o intercambiar clases de repaso. Otras para cambiar libros y enseñar a comer sano.

HABLAR EN PÚBLICO

Móviles, tabletas, gafas de realidad virtual prestadas, robots, pantallas interactivas hechas con monitores hackeados o amplificadores de sonido realizados con el cartón del rollo de papel higiénico. Todo valía. Lo importante era estar allí y haber sido seleccionado como uno de los 84 equipos finalistas, aunque la entrega de premios tuviera sus ‘momentos Oscar’, con sobres, lloros, saltos, fotos, directivos, la 'consellera' de Ensenyament, Meritxell Ruiz, y el presidente de la GSMA que organiza el MWC, John Hoffman, dando discursos, como a sus homólogos adultos.  

No solo se premiaba la pericia tecnológica. “Hay parte de emprendimiento, de trabajo en equipo, de saber hablar en público para explicar el proyecto, de hacer un plan de negocio y márketing y de tener en cuenta la satisfacción del usuario”, resumía Albert Forn, director del programa mSchools, que premiaban el esfuerzo con campamentos tecnológicos en verano

Algunos equipos plantearon soluciones muy innovadoras, como el grupo de cuarto de ESO del Institut Ridaura de Castell-Platja d’Aro, que desarrolló una aplicación para combatir la violencia de género “que no solo es física”, explicaban, y que planteaba medidas para proteger el anonimato de las víctimas, incluso en el móvil, camuflando la aplicación como un juego. O el espectacular SMirror, un espejo construido sobre un monitor que mostraba información personalizada sobre el tiempo, la agenda o los mensajes en redes sociales del Institut La Mar de la Frau de Cambrils y que fue una de las premiadas. O los del Institut de Sant Just Desvern que hicieron un ‘Pokémon Go’ sobre obras de arte.

VETERANOS DEL CERTAMEN

Había escuelas que ya eran auténticas veteranas, como el Institut d'Altafulla, que estaban desde el principio, hace cuatro años; otras que hicieron el pleno, como los salesianos de Mataró que se llevaron tres premios, o el Institut Roseta Mauri de Reus, que lograron otros tres, y otras que se lo tomaron con mucho entusiasmo, como la Joan Pelegrí de Barcelona, que presentó 13 equipos de los que les seleccionaron ocho y no se llevaron ninguno. Aun así, sus profesores exhibían orgullosos su línea educativa, que les ha llevado incluso a crear alertas del móvil para que sus estudiantes recuerden los deberes o los exámenes, en lugar de depender del Whatsapp del grupo de padres. “Si no prohíbes el móvil en clase, los alumnos ven que se puede hacer un buen uso de él. Si lo prohíbes, lo ven como deseable por lo nocivo”, afirmaba Joana Morcillo, profesora de tecnología del centro. “Si en la escuela no les enseñamos a usar bien la tecnología, ¿quién lo hará?”, se preguntaba su compañero Herminio Manzano.