Gente corriente
Joan Carles Arola: "En casa tengo la diana en el cuarto de la plancha"
La selección catalana de dardos es modesta pero entregada. Este pintor de brocha gorda de Calella es uno de los astros

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Joan Carles Arola (Calella, 1967) regresa hoy de Holanda, donde ha competido en la Eurocopa de dardos. Sí, sí, dardos. Que no todo es fútbol. Que también hay un Messi de la diana (Michael van Gerwen se llama). Arola no vive de esto. Es un pintor de paredes que, como tantos de su ramo, atraviesa horas bajas. Pero también es uno de los cuatro integrantes de la selección catalana. Un crack de la punta de acero.
-No se ofenda, ¿eh? ¿Los dardos son un deporte? La Federació Catalana de Dards fue reconocida por la World Dards Federation en el 2011. Lo que ocurre es que aquí no se apoya a este deporte. Inglaterra emite mil horas de dardos por televisión. Si aquí retransmitieran unas pocas sería un boom, como ha ocurrido en Holanda. Es un juego competitivo que requiere mucho entrenamiento. En mi caso, unas tres o cuatro horas al día.
-¿Dónde entrena? En casa y en el club donde jugamos la liga catalana.
-¿En qué parte de la casa cuelga la diana? En el cuarto de la plancha.
-Si le oye Van Gerwen... ¿Qué diferencia hay entre usted y él? Mucha. Van Gerwen tiene una media de error del 3% o el 4%. Yo, del 20%. Y juego muy bien, ¿eh? Pero él es espectacular. Verá, de momento el objetivo de la selección catalana es no ser los últimos. En la anterior Eurocopa quedamos en el puesto 15º de 17 naciones, y en el Mundial, el 27º de treinta y pico.
-Moral tienen. ¿También le toca tenerla en lo laboral? Qué remedio. Yo tenía una pequeña empresa de pintura con cuatro trabajadores. Iba bien, pero llegó la crisis y todo se fue al traste. Tengo un cuadro en casa con todos los pagarés impagados.
-Ya le veo haciendo puntería en la nariz del ministro De Guindos. Viajo mucho -por los dardos- y fuera no salen de su asombro. Hasta que no seamos independientes... Aunque puede que tampoco así fueran bien las cosas.
-¿Y el suyo es un deporte caro? La federación nos paga el 50% de los gastos a final de año. Y en las competiciones hay premios en efectivo. Los profesionales pueden llegar a ganar más de cuatro millones de euros. Yo no, yo he metido más dinero del que he ganado.
-¿Cómo empezó su afición? Tenía 18 años y en Calella abrieron muchos pubs ingleses e irlandeses. Como entonces trabajaba en un hotel, tenía amigos ingleses que me enseñaron las reglas. No paré de lanzar hasta que conocí a mi mujer y me casé. Dejé los dardos durante 20 años.
-¡Qué me dice! Tuve dos criaturas y había que trabajar duro. Pero hace unos 10 años uno de mis empleados me explicó que jugaba en dianas electrónicas y que montaban unas ligas. «No me ganarías nunca una partida», le desafié. Y me volví a enganchar. Me apunté a cuatro competiciones entre localidades. Pero me gustaba la punta de acero y quería competir de verdad. Ahora hago el circuito de la British Dard Organisation, con parte de jugadores profesionales.
-¿Qué hay que tener para estar ahí? Hay que practicar y, sobre todo, salir a competir. Solo así te mides con los mejores, templas los nervios, pones el dardo donde toca.
-¿Alguna conquista posible? Pues mire, me gustaría que el ayuntamiento de Calella me cediera un trozo de la Fàbrica Llobet para abrir un club y una escuela de dardos. En Inglaterra son una disciplina extraescolar. Los dardos fomentan el cálculo mental.
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