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Núria Llort Prat: "Ellos nunca dejarían atrás a un miembro de la familia"

Preparadora canina ('handler') y peluquera de perros. Especialista en terriers. Una pasión casi victoriana por los canes

Núria Llort Prat: "Ellos nunca dejarían atrás a un miembro de la familia"

ELISENDA PONS

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Para la foto, Núria Llort Prat (Manresa, 1976) ha querido posar con tres de sus clientes barceloneses: Max (yorkshire), Linda (west highland white terrier) y Osso (gran danés).

-La peluquería canina, con perdón, puede sonar a frivolidad para caniches. Es un prejuicio muy extendido, pero el grooming canino tiene una lógica tremenda detrás. Los caniches, los poodles, fueron muy usados por los aristócratas en sus cacerías y, sí, les hacían esos arreglos en forma de bola en las extremidades. ¿Sabe por qué?

-No tengo idea. Porque cuando recobraban las piezas abatidas, los patos y aves caídos en lagos o ríos, solían lesionarse a menudo los tobillos, los codos y los corvejones con las piedras. Esas bolas de pelo amortiguaban la fricción.

-¿Por qué se especializó en terriers? Por vía materna, mi tatarabuela era irlandesa y siento devoción por lo anglosajón, incluidas las novelas victorianas. Me fascina el tratamiento que otorgan a los perros. ¡Están presentes en todo su arte y literatura!

-Byron dedicó un epitafio al suyo, ¿no? Exacto, unos versos que dicen: «Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos». Para mí, el terrier es un cuatro por cuatro, pero a la vez muy elegante; como un lord inglés.

-¿Necesita un corte especial? Como proviene de un clima muy riguroso, con lluvias frecuentes, su pelaje es como un anorak: la capa externa es de pelo duro, la que hace de impermeable, mientras que la interna, una especie de lanilla, sería el forro de thermolactyl.

-Hay que pelarlos con cuidado, pues. Sí, solo debe retirarse el pelo maduro mediante la técnica del stripping. Cuando al terrier y a otras razas les rasuran el pelo muy corto, el animal queda desprotegido, expuesto a los rayos ultravioleta, y pierde la capa lipídica que le hidrata la piel.

-Ajá. Y eso es lo que hace un handlerNo solo eso. El handler es el especialista que prepara a los perros para una exposición canina, un sastre que corta el pelo según el estándar de la raza y lo entrena para que tenga las angulaciones precisas en el caso de que tuviera que desarrollarse en la naturaleza; no se trata de mera estética. Ahora, formo a otros handlers.

-Usted se preparó en Estados Unidos. Había ganado ya algunos premios en Europa, y cuando quieres superarte has de ir donde están los mejores. Acudí a los kennels (criaderos) norteamericanos como un tábano, insistente, y a la vez con una actitud muy humilde, dispuesta a ir por los cafés; soy como un terrier: no suelto la presa [se ríe]. En eso me ayudó mucho ser la pequeña de 11 hermanos, porque tienes que abrirte camino.

-¿¡Once hermanos!? Sí. Vivíamos en un piso de cuatro habitaciones, con dos literas de tres pisos en cada una que había montado mi padre con hierros y listones de madera.

-¡Y no me diga que tenían mascotas! Uy, gatos y perros, siempre, nuestros o recogidos. Supongo que heredé la sensibilidad de mi madre, que tenía cierto espíritu de Peter Pan. De pequeña, si me encontraba un perrito malherido por la calle, me iba corriendo al veterinario, sin un duro en el bolsillo, para que lo curara.

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-Desborda amor por los animales. Los perros han sido en mi vida una especie de airbag, mi refugio emocional. El perro es pura nobleza; haría por su dueño lo que fuera, moriría por él. Por eso me duelen tantísimo los abandonos; siento como un desgarro. Un perro nunca dejaría atrás a un miembro de la familia.

-Las cifras en verano se disparan. Solo en lo que va de año ya se han contabilizado 21.000 dejaciones en Catalunya, y aún no se han recabado datos de los núcleos más poblados, como el Barcelonès, el Baix Llobregat y el Vallès Oriental.