Las denuncias por abusos sexuales se han duplicado en 10 años

Los expertos calculan que solo se reportan entre el 7% y el 10% de los delitos sexuales reales

El índice de victimización sexual en las sociedades nórdicas dobla el de las mediterráneas

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Las denuncias por abusos sexuales se han doblado en los últimos diez años en Catalunya. Las de agresiones sexuales, sin embargo, se mantienen estables. Esta tendencia registrada en la base policial de los Mossos d’Esquadra posiblemente se deba a que las mujeres “ahora son más conscientes” de que determinadas actitudes masculinas no solo no son tolerables sino que, además, son delictivas, remarca Alba Alfageme, psicóloga especializada en violencia machista. Porque este aumento de abusos comunicados a la policía en ningún caso debería interpretarse como un repunte de este tipo de delitos.

Una agresión sexual se diferencia de un abuso porque en el primero el agresor -casi siempre un hombre- fuerza o intimida a la víctima -casi siempre una mujer-. Cuando la agresión incluye penetración, entonces debe hablarse de violación. Es decir, que un hombre toque una parte íntima de una mujer, sin el consentimiento de esta, es un delito tipificado como un abuso. Estas características de los abusos, que a menudo pueden suceder en un contexto confuso en el que el agresor se mueve de un modo sibilino, provocaban que hace diez años la mitad de las mujeres que ahora se rebelan contra estos abusos entonces creyeran que no eran lo bastante graves o bien no confiaran en emprender el camino de los tribunales.

La clave para medir la violencia sexual de una sociedad es comprender que los datos que afloran sobre esta problemática no dicen toda la verdad. La cifra negra de este fenómeno es elevadísima. Los estudios, recuerda Alfageme, detallan que tan solo se denuncian entre un 7% y un 10% de los delitos sexuales.

La agencia de derechos fundamentales de la Unión Europea (FRA) llevó a cabo en el 2013 la primera encuesta sobre violencia sexual en los países del continente. Lo más revelador fue corroborar que el índice de victimización de las sociedades nórdicas doblaba el de las mediterráneas. Es decir, una interpretación demasiado superficial de los datos parecía concluir que los países con mejores tasas de igualdad eran también el lugar de residencia de los ciudadanos que más agresiones sexuales cometían. Un error.

Alfageme aclara que precisamente este contexto de más igualdad entre hombres y mujeres que ofrecen las sociedades nórdicas, que también se preocupan más de acompañar a las víctimas que levantan la voz, consigue que la porción de violencia sexual que termina emergiendo sea mayor.

En Europa el índice que mide la violencia sexual de una sociedad se obtiene al sumar las denuncias de abusos y agresiones y dividir este resultado por cada 100.000 habitantes. España está en la cola de la clasificación europea. Según los datos publicados en Eurostat del 2014, los más recientes, en un país como Suecia se denuncian en total el doble de delitos sexuales que en España, que multiplica por cinco la población del país escandinavo. La sociedad catalana, según este índice, tiene el mismo problema que el resto de España.

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Un problema “grave” avisa Alfageme, porque la violencia sexual es siempre “una violencia machista”. Fuentes policiales remarcan que las denuncias que se presentan en Catalunya provienen de la violencia doméstica, en primer lugar, y de los entornos de ocio nocturno, en segundo lugar. Depredadores en serie como el “violador del cúter” o el “violador del Eixample” representan un porcentaje muy marginal del total de denuncias recogidas.  

Se considera una violación la agresión sexual en la que exista acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal. Esta penetración puede producirse con miembros corporales o con objetos externos. Se castiga con penas de prisión de entre 6 y 12 años. 

Actúan como agravantes el hecho de haber ejercido una violencia o intimidación degradantes, haber actuado en grupo, que la víctima sea vulnerable o que el agresor se aproveche de una relación de superiodad.