30 oct 2020

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Los testimonios de las tres víctimas del último marista denunciado

Son dos hombres y una mujer que sufrieron sus abusos en 1971, 1982 y 1994

La madre de la exalumna asegura que el director de la Immaculada le dijo que su hija había provocado al docente con su modo de vestir

GUILLEM SÀNCHEZ / J. G. ALBALAT / BARCELONA

V., de 54 años, exalumno del hermano marista A. B. en la escuela de Sants-Les Corts, relata los abusos sexuales de que fue víctima cuando tenía 10 años. / GUILLEM SÀNCHEZ / ANA C. BAIG

Este diario ha encontrado a tres víctimas de A. B. que han descrito los abusos que sufrieron presuntamente por parte de este mientras estaban escolarizados en los colegios Maristas de Sans-Les Corts -uno de ellos- y de La Immaculada, en el Eixample de Barcelona -los otros dos. Estos son sus testimonios. 

V., 54 AÑOS: "ME SACABA DE CLASE PARA QUEDARSE A SOLAS CONMIGO Y TOCARME"

En 1971, V. tenía 10 años y se incorporó a los Maristas de Sants para cursar quinto de EGB. Han pasado “más de 40 años” y su memoria tiene algunas lagunas. Por ejemplo, no reconoce una foto actual de A. B., su acosador. Pero está seguro de que fue él porque su nombre no lo ha olvidado. "Por algún motivo, se me quedaron grabados su nombre y su apellido y por eso estoy seguro de que fue él", asevera. 

Sufrió tocamientos por parte de A. E. en tres o cuatro ocasiones que siempre comenzaron del mismo modo. Este profesor interrumpía la clase y preguntaba por él en voz alta. Bajo cualquier pretexto lo sacaba del aula y se lo llevaba a una habitación de la planta inferior para que pudieran estar a solas. Recuerda el recorrido que hacía junto al docente, a través de un pasillo que se le hacía “muy largo”. También que en cuanto cerraba la puerta y lo sentaba en su regazo, comenzaba a hablarle con "suavidad" para tranquilizarlo mientras le manoseaba. “No creo que me hayan quedado secuelas y me gustaría decirle que ni siquiera le guardo rencor por todo aquello. Sí quisiera pedirle que confesara la verdad porque sería bueno para todos”.

S., 45 AÑOS: "CUANDO ME TOCABA, SE ACERCABA MUCHO Y OLÍA A TABACO"

La segunda víctima de A. B. sufrió abusos a comienzos de los años 80 en el colegio de los Maristas de La Immaculada. Entonces el docente era tutor de un curso de quinto o sexto curso de EGB. Cuando se propasó con él, S. tenía 10 años. Sucedió en los vestuarios, tres o cuatro veces, al finalizar los entrenamientos. A. B. era el encargado de controlar las instalaciones deportivas de este centro situado en la calle Valencia, en el Eixample de Barcelona. 

“Recuerdo que se sentaba junto a mí, se acercaba mucho y olía a tabaco”, explica. Tampoco ha olvidado que mientras duraban los tocamientos, del mismo modo que relata V., el profesor le hablaba “para calmarlo”, intentando ganarse su confianza y convencerle de que “eran amigos”. Transcurridos más de 30 años de aquellos abusos, S. ha presentado una denuncia contra A. B. ante los Mossos. Tampoco cree que arrastre “ningún trauma” a causa de aquella experiencia. A diferencia de V., S. sí siente hacia él "un poco de odio”, admite.

L., 35 AÑOS: "LA DIRECCIÓN INSINUÓ QUE ERA CULPA MÍA POR VESTIR DE MODO PROVOCATIVO"

La tercera víctima de A. B. es una mujer de 35 años. Cuando asegura que este profesor se excedió con ella tenía 12 años y cursaba séptimo de EGB en La Immaculada. A. B. era su tutor. La encerró en una clase, apagó la luz, le sacó el pañuelo del pelo, la arrinconó contra la pizarra, le preguntó insistentemente sobre el temario de sexualidad y, tras decirle “lo precoz que era y lo desarrollada que ya estaba”, le tocó “un pecho”. Ella dice que logró huir tras empujarlo y gritar hasta que pudo abrir la puerta de la clase.

Su madre, también en declaraciones a este diario, explica que, después de hablar con su hija, acudió al centro para pedir explicaciones. Pero el director trató de convencerla de que las acusaciones eran fruto de la “imaginación” de una niña afectada por “el divorcio” de sus padres. Sin embargo, lo “más asqueroso” vino al final de la reunión. El último argumento que esgrimió el responsable para disculpar al docente fue desacreditar a la niña. "Afirmó que vestía de modo demasiado provocativo”, recuerdan ambas. “Insinuó que lo había provocado ella”, remacha la madre.

La niña mantuvo su versión y su madre la creyó. Según afirman madre e hija, tres profesoras del colegio de La Immaculada contactaron con ellas para hacerles saber que les creían. Pero tuvieron que hacerlo con discreción “para mantener su puesto de trabajo”, aseguran. A. B. fue apartado del colegio poco después.