28 nov 2020

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La copa menstrual, alternativa silenciada

El dispositivo de silicona se utiliza en todo el mundo cada vez más y es muy preciado en África

MARÍA G. SAN NARCISO / BARCELONA

 Diferentes modelos de copas menstruales

 Diferentes modelos de copas menstruales / VIOLETA PALAZÓN

Las copas menstruales han tenido que esperar a cumplir los 80 años para vivir por fin su época dorada. Sin grandes compañías que las respalden ni anuncios en la televisión con mujeres bailando en falda explicando lo maravillosas que son. Tan solo con el boca a boca, o comentario a comentario, han ido cosechando un éxito que se propaga por países de todo el mundo, incluidas zonas donde las mujeres, por motivos económicos o sociales, no pueden acceder a un producto tan básico como es una compresa o un tampón, viéndose obligadas a vivir en la marginación los días que dura el periodo. 

En España comenzaron vendiéndose en tiendas de productos naturales. Ahora se pueden conseguir en la mayoría de las farmacias o en internet, donde reside casi toda la información sobre ellas. También las instrucciones. Sin embargo, el concepto aún suena extraño para mucha gente. Consiste en un dispositivo de silicona en forma de campana que se coloca en la parte final de la vagina para recoger el flujo. Sus adeptas afirman que son económicas -cuestan entre 20 y 30 euros-; ecológicas, ya que no generan residuos ni contaminan, y duraderas, pues pueden estar en el cuerpo hasta 12 horas y duran 10 años. Los ginecólogos también las recomiendan en el caso de alergias y problemas médicos ocasionados por los tampones.

En cambio, quienes las rehúsan apelan a las dudas sobre lo higiénicas que son y los problemas para encontrar el momento y lugar para vaciarla. “Parece mentira, pero a la gente joven todavía le cuesta el tema de manipular e introducir objetos en los genitales. No sé si culturalmente debería haber un cambio en las escuelas y familias para hablar con naturalidad de ellos“, explica la doctora Gema García Gálvez, ginecóloga del Hospital Quirón de Madrid.

SALVAVIDAS EN ÁFRICA

El Ministerio de Educación de Kenia revelaba en el 2015 que una niña de la escuela primaria perdía 18 de las 108 semanas de estudio durante la menstruación. En la secundaria, la cifra ascendía a 156 días. Más de cinco meses de educación perdidos porque las adolescentes no pueden acceder a compresas y tampones. Pero Kenia no es la excepción. La menstruación es una tema tabú en países como la India o Irán, donde, según UNICEF, el 48% de las niñas no sabe nada acerca del periodo. Entre la desinformación y la falta de recursos, a millones de mujeres no les queda otra que utilizar trapos, hojas e incluso piel de animales para controlar el flujo.

Por eso ahora, organizaciones como Femme International se dedican a llegar a esas zonas para educar a las mujeres sobre higiene femenina. Para eso, además de organizar talleres educativos les entregan un kit que lleva, entra otros artículos, jabón, toalla y una copa menstrual de Ruby Cup, empresa que nació con la idea de financiar donaciones. Por cada venta que hacen en Europa, una copa vuela al contienen africano. “Más del 80% de las mujeres que las prueban allí dicen que prefieren usarla y que les va mejor en la escuela”, explica Julie Weigaard Kjaer, cofundadora de la empresa. 

También Gema García participó en un proyecto así en Gambia con Jatakendeya, asociación de ayuda médico humanitaria. A pesar de sus dudas sobre cómo iban a reaccionar las mujeres, y el miedo de que se mostrasen pudorosas, demostraron que tenían la mente más abierta de lo que pensaban. Meses después de haber estado allí, saben que siguen utilizando estas copas que en España son una alternativa, pero en los lugares más desfavorecidos ha resultado ser una herramienta de empoderación para las mujeres.

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