11 ago 2020

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El aumento de la triquinosis en los jabalís compromete la salud pública

El pasado noviembre enfermaron 14 personas en Bélgica tras comer piezas de un matadero catalán

Biólogos y veterinarios piden que se regule la carne de autoconsumo y se eliminen siempre los restos

FERRAN COSCULLUELA / GIRONA

Los mataderos hallan cada vez más ejemplares de jabalís con triquinosis. / JOAN CASTRO / ICONNA

El incesante aumento de la población de jabalís en Catalunya tiene numerosas consecuencias negativas. Más accidentes de tráfico, mayores daños en los cultivos, sustos y suciedad en las áreas metropolitanas próximas a bosques y una clara incidencia en la salud pública. Veterinarios, cazadores, responsables de mataderos y especialistas en las enfermedades de la fauna salvaje coinciden a la hora de confirmar el «preocupante» aumento de la triquinosis entre estos animales en los últimos años. Una dolencia provocada por un pequeño parásito que, afortunadamente, no se está extendiendo en igual proporción entre la población humana, aunque los expertos insisten en la necesidad de que las piezas que se dedican al autoconsumo pasen siempre la prueba para detectar la enfermedad, tal y como se sucede con todas las que se destinan a la comercialización.

Salut Pública informa de que la incidencia de la triquinosis en las personas ha sido escasa en los últimos años. En el 2006 se detectaron cuatro casos, dos en el 2012 y otros cuatro en el 2014. Estas cifras no incluyen la grave intoxicación que hubo en Bélgica el pasado noviembre, supuestamente causada por un lote de carne de jabalí procedente de un matadero de Osona, aunque su propietario niega ser el responsable.

En el brote, que no trascendió en los medios de comunicación españoles, resultaron afectadas 14 personas, 11 de las cuales fueron hospitalizadas. Algunas de ellas sufrieron graves secuelas. Los afectados enfermaron tras comer carne de jabalí en varios restaurantes y las autoridades belgas denunciaron entonces que todos los lotes habían pasado los controles de la sanidad catalana. Salut no ha dado explicaciones sobre este caso a pesar de las reiteradas peticiones de este diario.

Baile de cifras

En cuanto a los animales, los datos del departamento solo comprenden los casos detectados en los mataderos (los únicos obligados a informar). En el 2013 se detectaron seis casos y en el 2014 ascendieron a 14. Estas cifras están muy por debajo de los números que maneja el sector, que sitúa la incidencia de la triquinosis en el 5 por mil de los animales. En la temporada 2013-2014 se abatieron 34.757 jabalís en Catalunya y unos 10.000 pasaron por los mataderos, por lo que el número de casos detectados en ellos debería acercarse a los 50.

Santiago Lavín, responsable del Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), afirma que la salud general de los jabalís catalanes «no es mala», aunque admite que en los últimos años ha habido «un aumento importante» de casos de triquinosis. Su equipo de investigación lleva dos años trabajando para el Ayuntamiento de Barcelona para determinar si hay diferencias sanitarias entre los jabalís que habitan en Collserola y los que viven en ese bosque pero también bajan a la ciudad. Hace pocos días han firmado un convenio con las delegaciones de la Federación Catalana de Caza de Barcelona y Girona para estudiar la incidencia de la triquina.

«Nuestra hipótesis es que muchos casos se dan porque algunos cazadores dejan en los bosques restos de animales infestados. Año tras años y con un gran incremento de las capturas, estas situaciones facilitan el acceso de los jabalís y de otros animales a estos restos contaminados. Cuando un jabalí da positivo de triquina hay que incinerarlo y sería bueno que la Administración controlara más el autoconsumo que llevan a cabo los cazadores», afirma.

La normativa actual solo obliga a pasar el test de detección de la triquina a las piezas que se destinan a la comercialización. Es decir, las que son tratadas en los mataderos. El autoconsumo de los cazadores no está regulado ni hay un control de qué se hace con los miles de animales que se abaten cada año, ni con los restos de los jabalís que dan positivo y están en manos de los cazadores. Los veterinarios que detectan triquina en piezas destinadas al autoconsumo tampoco están obligados a notificarlo, aunque los colegios profesionales les recomiendan hacerlo.

Bernat Serdà, presidente del Col·legi de Veterinaris de Girona, advierte de que en el mes que llevamos de campaña de caza del jabalí los veterinarios de la provincia ya han detectado tres casos de triquinosis en animales para el autoconsumo de los cazadores, por lo que ha emplazado a todos ellos a someter sus capturas a esta prueba, que solo cuesta entre seis y nueve euros.