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Gente corriente

Guillermo Puche: "Hay un montón de buenas ideas olvidadas en cajones"

GEMMA TRAMULLAS

Tenía apenas 19 años cuando entró como camillero en el Hospital Sant Joan de Déu, donde ha trabajado durante 38 años hasta alcanzar su actual cargo de adjunto a la Dirección Enfermera. Poco amigo de los focos,  su idea de adaptar un vulgar portasuero al universo infantil le ha dado un protagonismo que soporta con una media sonrisa.

-¿El Pal-Joc es su primer invento?

-Sí, ¡pero yo no soy inventor! Todo esto ha sido un agradable accidente.

-Pero la idea original es suya.

-Eso sí. En mi trabajo diario venía observando que los niños ingresados se subían a los palos portasuero para que sus padres les arrastraran por los pasillos.

-Son niños y juegan.

-Claro, pero es un soporte pensado para que el paciente que lleva una vía tenga cierta autonomía de movimientos y la base es muy inestable. Los niños pueden caerse y arrastrar tras ellos la botella de suero y la aguja. Prohibir que los niños se suban al palo iba a ser una guerra perdida, así que había que buscar una solución al problema.

-¿Por dónde empezó?

-Un día cogí papel y lápiz y dibujé un palo portasuero con una plataforma estable y una especie de manillar para sujetarse. A partir de ahí todo lo que ocurrió no lo busqué yo. Si no se hubieran alineado una serie de circunstancias, aquel dibujo no hubiera salido jamás del cajón de mi mesa.

-¿Por qué?

-Yo jamás había hecho algo así... ¡pero si ni siquiera sé dibujar! En otro contexto me hubiera dado vergüenza enseñar aquel garabato, pero hacía poco se había creado en el hospital una Dirección de Innovación e Investigación y quien estaba al frente era una persona con la que yo tenía confianza. Seguro que hay un montón de buenas ideas olvidadas en cajones por no saber cómo canalizarlas, por vergüenza y por miedo.

-La suya cuajó.

-Presenté la idea en el 2008 y a partir de ahí montamos un grupo de trabajo con personal del hospital para mejorar mi dibujo,  consensuamos un modelo y se hizo un prototipo de madera. Luego se contactó con la escuela Llotja y los estudiantes de diseño cogieron la idea como proyecto de curso. Al cabo de unos meses nos presentaron 20 diseños distintos, a cada cual más chulo.

-No debió ser fácil quedarse con uno.

-Los expusimos en el hospital, pusimos una urna e invitamos a pacientes, familiares y profesionales a votar su proyecto preferido. Después se buscó un mecenas, el hotel Le Meridien Ra Beach de Calafell, y en el 2013 ya teníamos 20 unidades de Pal-Joc.

-¿Y funciona?

-Es difícil objetivar los resultados, pero mejora el bienestar emocional del paciente y  le ayuda a aceptar el tratamiento porque se lo toma como un juego. Visto el tute que llevan -de los 20 solo hay 3 en perfectas condiciones-, diría que sí funcionan.

-¿Ha tenido más ideas?

-Yo no, pero estoy convencido de que esta experiencia ha animado a otras personas del hospital a poner en práctica sus ideas. Por ejemplo, un grupo de enfermeras de la planta de neurología ha ideado un acolchado de colorines para que los niños no se golpeen con las barandillas de las camas hecho a base de churros de goma espuma típicos de piscina abiertos por la mitad.

-¡Quién le hubiera dicho que el resultado de su idea acabaría expuesto en el Museu del Disseny y que el FAD le invitaría a hablar de diseño y transformación social!

-Es increíble ver que existen tantas ideas que facilitan la vida de la gente. Yo creo en la innovación en base a la resolución de problemas y para eso hay que ser lo suficientemente sensible para ir a donde están los problemas.

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