NUEVA RUTA HISTÓRICA

Las cicatrices de Tortosa

Una ruta por los espacios de la ciudad que sufrió uno de los más crueles bombardeos de la guerra civil sorprende a vecinos y forasteros Hubo 86 ataques aéreos entre 1937 y 1938

En el refugio antiaéreo de la catedral 8 Un grupo de visitantes atiende las explicaciones de la guía Marta Hernández, el sábado pasado.

En el refugio antiaéreo de la catedral 8 Un grupo de visitantes atiende las explicaciones de la guía Marta Hernández, el sábado pasado. / JOAN REVILLAS

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S. B. / TORTOSA

El grupo inclina el cuello hacia atrás y alza la vista en la dirección que señala la mirada de los dos guías. Andreu Caralt Maite Hernández, periodista él, antropóloga ella, se complementan bien para explicar la guerra civil desde una perspectiva menos militar, más didáctica, turística, humana. Incluso desde este punto sobre el río Ebro, encima del restaurado puente del tren en Tortosa, a pesar de los agujeros de metralla que todos contemplan en la estructura férrea, resulta complicado imaginarse, 77 años después, la batería de bombardeos que cayeron sobre la ciudad entre 1937 y 1938.

Sorprende a los turistas la comparación que usa Caralt para dar una idea fidedigna de lo que sucedió. "Se puede hablar de 'Gernika catalán' sin exagerar, aunque allí siguieron 5.000 bombas incendiarias a las de fragmentación", apunta. Sorprende aún más el desconocimiento de los propios visitantes, en su mayoría vecinos de la ciudad y de lugares cercanos. Hasta 86 ataques aéreos, entre esos dos años, no podían pasar sin dejar una profunda cicatriz en Tortosa, y este verano los turistas tienen la oportunidad de conocer, con la entidad Terra Enllà, donde se esconden esas heridas.

Clientes especiales

"De momento, la mayoría son visitantes de la ciudad", admite Hernández. Uno de sus primeros clientes fue el nieto del exalcalde republicano fusilado Josep Rodríguez, quien hace unas semanas recibió el primer homenaje del ayuntamiento. Por fin algo está cambiando y aquello que se silenció durante décadas en las casas se cuenta como relato turístico, ya sea en plena calle o en la sacristía de la catedral. "¿Qué ven ahí?", pregunta Hernández desde la nave central. Es el símbolo franquista del yugo y las flechas, grabado en lo alto del templo por el que cada día transitan turistas y fieles ajenos al detalle.

Abrir una nueva ruta turística en Tortosa es uno de los valores de Terra Enllà, pero ser pionero entraña cierta dificultad añadida: como la mayoría de los primeros clientes son autóctonos, llegan con muchas lecciones aprendidas. Más que preguntar, complementan las explicaciones. Aún así, no dejan de sorprenderse: "¿Esta capilla de la Cinta también tiene algún vínculo con la guerra civil?", cuestiona una mujer. "Claro, puesto que el relicario mayor de la virgen es parte del tesoro catedralicio desaparecido en la guerra", responde Caralt.

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Monumento de Franco

La visita, que también transcurre por el viejo barrio de pescadores arrasado por las bombas; el refugio antiaéreo de la catedral; el saqueado convento de Santa Clara y los restos de la iglesia de los Dolors, culmina en el polémico monumento erigido en medio del río por Franco para conmemorar el 25 aniversario de su victoria en el Ebro. Como es habitual, cada uno sugiere un destino futuro para el "mamotreto", como lo llama una visitante, durante décadas centro de la controversia entre quienes quieren verlo derruido, quienes lo defienden y quienes quieren que sea trasladado a un museo. El ayuntamiento rechazó hace años la propuesta vecinal de derribarlo.