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Crítica final de 'The last of us': las cosas bellas pero terribles que hacemos por amor

Pedro Pascal y Bella Ramsey en ’The last of us’

Pedro Pascal y Bella Ramsey en ’The last of us’ / Hbo

  • La primera temporada de la adaptación del videojuego acaba en un punto particularmente álgido, un ejemplo de economía narrativa y complejidad psicológica

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Juan Manuel Freire
Juan Manuel Freire

Periodista

Especialista en series, cine, música y cultura pop

Escribe desde Barcelona

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The last of us ★★★★

Creadores:  Neil Druckmann y Craig Mazin

Dirección:  Craig Mazin, Neil Druckmann y otros

Reparto:  Pedro Pascal, Bella Ramsey, Anna Torv, Melanie Lynskey

País:  Estados Unidos

Duración:  entre 50 y 70 min. (9 episodios)

Año: 2023

Género:  Drama de terror

Estreno del último episodio:  13 de marzo de 2023 (HBO Max)

'The last of us' (HBO Max) empezó con un estallido, en más de un sentido: aquel largo 'flashback' sobre el brote de una plaga fúngica destinada a suceder, como ya nos había avisado el epidemiólogo interpretado por John Hannah. El cruce soñado entre 'Amanecer de los muertos' (de Zack Snyder, así es), 'Hijos de los hombres' (esa cámara girando en busca del peligro desde el interior de una camioneta) y 'Monstruoso' (el avión chocando contra la calle como la cabeza de la Estatua de la Libertad). 

Pero, una vez traducido a imágenes el trauma central, esta adaptación de la famosa bilogía de videojuegos a cargo del director creativo de aquellos, Neil Druckmann, y un guionista en pleno ascenso, Craig Mazin ('Chernobyl'), se revelaba de unas casi inesperadas intimidad y delicadeza de matiz. Como tenía que pasar, por otro lado, en un drama de prestigio de HBO, aquí se establecía con paciencia un mundo, un cosmos complicado: unos Estados Unidos diezmados por una pandemia feroz, sometidos a la ley marcial declarada por la organización FEDRA, donde la única esperanza parece una chica misteriosamente inmune a la infección. 

Pedro Pascal (Joel) y Bella Ramsey (Ellie) en el final de temporada de 'The last of us'.

/ Liane Hentscher/HBO

Comunismo libertario

El contrabandista Joel (Pedro Pascal) acepta la misión de transportar esta mercancía, como él mismo define a Ellie (Bella Ramsey) sin problemas en un primer momento, al viejo ayuntamiento de Massachusetts donde los rebeldes Luciérnagas tienen un punto de encuentro. Empezaba así un viaje alucinante por bellos escenarios distópicos, de ese Boston de edificios derruidos o invadidos por la naturaleza a esa pequeña población de Massachusetts donde, a pesar de todo, durante un par de décadas se amaron los 'survivalistas' Bill (Nick Offerman) y Frank (Murray Bartlett), solo dos de los personajes no jugables a los que se ha querido dar nueva entidad. También en el mapa, algo parecido a una utopía: esa comunidad de Jackson (Wyoming) donde algo parecido a un comunismo libertario es la filosofía vital. 

En el rico paisaje moral de 'The last of us', los malos no son solo malos, sino que suelen tener sus resquicios de (quizá torcida) humanidad. O, parafraseando a Renoir, tienen sus motivos. Es el caso de la temible Kathleen (Melanie Lynskey), líder de la resistencia de Kansas City en busca de venganza por la muerte de su hermano; por desgracia, también el soplón al que busca tenía sus motivos para hacer lo que hizo. Pero aquí también es posible el mal en estado puro, como demuestra la aparición de esa especie de David Koresh caníbal (Scott Shepherd) en un octavo episodio dirigido con sobriedad feroz por Ali Abbasi ('Border', 'Holy spider').

Clímax efectivo

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Y cuando creíamos que la acción de la serie no podía volverse más expeditiva ni su violencia removernos con más fuerza, el episodio final, también firmado por Abbasi, ha resultado ser todavía más cortante, demoledor. Un metraje inferior al habitual (43 minutos, menos de lo que ha durado cualquier capítulo) beneficia a un clímax que no por conocido por muchos de los espectadores, los devotos del juego, deja de ser efectivo o tristemente coherente

"La serie gira en torno a lo bello y lo terrible que puede causar el amor", nos decía Druckmann cuando el fenómeno televisivo aún estaba por despuntar. Es una idea interesante sobre el papel pero aún más en pantalla. No es que ese sentimiento oceánico nos arrastre hacia lo mejor o lo peor. Es que a veces puede llevarnos a hacer cosas tan bellas como terribles. Lo último que queda de nosotros, de nuestra humanidad, puede ser el fin de otros. Los creadores de la serie nos han querido dejar colgando en esa contradicción hasta el lejano estreno (con suerte, dentro de un año y medio) de la segunda temporada.