CRÍTICA DE SERIE

'The Crown (temporada 5)': es la guerra total entre Carlos y Diana

Peter Morgan sigue elucubrando con maestría sobre las escenas privadas de personajes públicos y los impulsos personales detrás de la historia 

'The Crown (temporada 5)': es la guerra total entre Carlos y Diana

'The Crown (temporada 5)': es la guerra total entre Carlos y Diana / Netflix

Juan Manuel Freire

Juan Manuel Freire

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Sobre todo desde el estreno de su majestuoso tráiler en octubre, la quinta temporada de 'The Crown', la de la 'guerra total' entre Carlos y Diana, ha motivado la aparente ira de allegados a la monarquía e incluso leyendas de la interpretación que deberían saber distinguir entre historia y drama, como la gran Judi Dench. Después de ver sus diez episodios, quizá cambien de opinión, quizá no. Pero deberían reconsiderar seriamente si el guionista Peter Morgan está haciendo tan flaco favor a la realeza británica. Ahí están esos actores carismáticos y bellísimos dando vida a sus miembros; o esos libretos brillantes, afilados, capaces de convertirles en personas de carne y hueso y dar explicación incluso a lo más opaco. 

Por supuesto que 'The Crown' no es exactamente historia ni documental. Además de retorcer la cronología como le apetece, o como necesita, Morgan está elucubrando sobre situaciones que tuvieron lugar a puerta cerrada, haciéndonos espectadores de los posibles impulsos personales detrás de la citada historia. Todo por crear el mejor drama imaginable.

Y en esta quinta temporada, uno especialmente tenso, como era de esperar teniendo en cuenta que se cubren los primeros noventa, incluyendo aquel 1992 catalogado de 'annus horribilis' por la propia reina (Imelda Staunton). Son los años de una seria puesta en cuestión de la rentabilidad de la monarquía, del incendio del castillo de Windsor y la confrontación entre Carlos (Dominic West) y Diana (Elizabeth Debicki) mediante autobiografías disfrazadas de biografías o entrevistas televisivas con efectos nucleares. 

Toda la atención parece centrada en esa crisis marital. La fascinación por Diana se mantiene intacta un cuarto de siglo después de su triste muerte, a la que la serie no llegará hasta la sexta y última temporada. Pero a Morgan le interesan también Isabel o su hermana Margarita (enorme Lesley Manville) e incluso personajes a priori más terciarios. Como en anteriores temporadas, casi cada episodio parte de un punto de vista diferente y explora un tema concreto en el marco de una idea más general, en este caso, el rechazo de Isabel a la idea de aparcar su reinado, aquí representado sobre todo como un yate real necesitado de renovación (a ser posible, no pagada por el gobierno).

La diversidad de temas sirve a Morgan para ir haciendo leves variaciones de género: del melodrama conyugal del primer y penúltimo episodios (que casi podríamos definir como los 'Frente al mar' y 'Antes del anochecer' de Carlos y Diana) podemos pasar al 'thriller' periodístico en el séptimo, cuando se exploran los métodos engañosos empleados por el experiodista Martin Bashir (Prasanna Puwanarajah) para lograr su 'entrevista del siglo' con la princesa de Gales. Por otro lado, el tercero es un biopic en miniatura del empresario egipcio Mohamed Al-Fayed (Salim Dar), quien aprendió las mejores maneras británicas del antiguo mayordomo personal del Duque de Windsor e hizo buenas migas con Diana antes que su hijo Dodi (Khalid Abdalla), después novio de aquella. Y el sexto arranca por sorpresa con la terrorífica recreación de un episodio que, según algunos historiadores, Jorge V de Inglaterra pudo haber evitado: la masacre de los Romanov en la jaula de Ekaterimburgo. 

Todas las versiones de la serie abruman porque 'The Crown' se mantiene siempre fiel al lujo, como la propia monarquía. Lujo no solo en actores y diálogos, sino también, claro, en fotografía, localizaciones, diseño de producción, banda sonora y cualquier relativamente pequeño oficio cinematográfico que se les pueda ocurrir. Sigue siendo, contra toda competencia (más) fantasiosa, el más abrumador 'blockbuster' de las series actuales.