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'Sex education': nuevas lecciones de sexualidad, esa difícil asignatura

De izquierda a derecha, Ncuti Gatwa (Eric), Connor Swindells (Adam) y Mimi Keene (Ruby) en ’Sex education’.

De izquierda a derecha, Ncuti Gatwa (Eric), Connor Swindells (Adam) y Mimi Keene (Ruby) en ’Sex education’. / Netflix

  • Hablamos con los actores que dan vida a Eric, Aimee, Ruby y Vivienne sobre la esperada tercera temporada, estreno el viernes en Netflix

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Juan Manuel Freire
Juan Manuel Freire

Periodista

Especialista en series, cine, música y cultura pop

Escribe desde Barcelona

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La esperada tercera temporada de 'Sex education', desde el viernes, día 17, en Netflix, se abre con un épico montaje de ropas al aire, embestidas, morreos, exhibicionismo, cachetes y gemidos. La positividad sexual en su máxima expresión. Los ocho episodios que siguen vienen a desdecir, sin anularla, toda esa felicidad: el sexo es complicado, las relaciones lo son, sobre todo cuando no sabes mucho sobre uno y otras, pero incluso cuando estás en la supuesta madurez.

Ante las carencias en educación sexual y afectiva de los programas educativos, la joven guionista Laurie Nunn ha tenido la buena idea de armar una serie que enseña mientras divierte, que no se esconde de los tabúes y se erige como celebración de la humanidad en toda su diversidad sexual y de género. Público de, lógicamente, todas las edades ha respondido a la propuesta con pasión: cuando en abril de 2020 se anunció el retraso del rodaje por la pandemia, muchos recibieron la noticia como si se acabara el mundo.

Esa nueva entrega ya está casi aquí y, con ella, el mundo es un poco mejor, entre otras cosas porque supone una mejora respecto a la redundante segunda temporada. Nunn y su equipo vuelven a sorprender y conmover, a sacar partido a una fórmula 'feelgood' que echa raíces en los relatos de instituto del empático John Hughes

Fachadas resquebrajadas

Durante las vacaciones de verano, después de cierto brote de clamidia y un musical explícito, Moordale se ha ganado el sobrenombre del 'Instituto del Sexo'. Es lo que viene a solucionar la nueva directora, Hope Haddon (Jemima Kirke, Jessa de 'Girls'), aunque se presente como una mujer enrollada y feminista. Los principales enemigos de nuestra banda, en cualquier caso, son ellos mismos y su indecisión. Los tortolitos Otis (Asa Butterfield) y Maeve (Emma Mackey) siguen sin hablarse. El primero, ahora con dudoso bigote, se ha lanzado a un rollo sexual secreto con Ruby (Mimi Keene), un personaje que gana relevancia en los nuevos capítulos. 

En su perfecta fachada de 'coolness' y crueldad, de personaje como salido de 'Chicas malas', asoman grietas de vulnerabilidad. "En esta temporada, Ruby pierde su entereza de forma involuntaria", comenta Keene en entrevista con 'EL PERIÓDICO'. "Podemos observar su lado más emocional y descubrir que no, no está muerta por dentro. Para mí fue un desafío encontrar el equilibrio entre el lado conocido del personaje y presentar estos elementos nuevos. No puede dejar de ser ella, pero es muchas otras cosas". 

También agitada es la temporada para Vivienne (Chinenye Ezeudu), en parte por tener que seguir (o no) la corriente a un novio a distancia con debilidad por las fantasías medievales, en parte por sus responsabilidades como delegada. Viv será la mano derecha de Hope durante la renovación conservadora de Moordale. "Y tendrá dudas hasta el final sobre qué es lo correcto", explica Ezeudu. "Por un lado, está bajo presión porque quiere ir a Oxford, y para ello ha de ser la alumna perfecta. Por otro, sabe que lo hace no está bien. Su camino hacia el éxito tiene muchas capas".

Algo más que los mejores amigos

En estos nuevos capítulos, Eric (Ncuti Gatwa) y Aimee (Aimee Lou Wood) tratan de definirse como algo más que los mejores amigos de, respectivamente, Otis y Maeve, o las parejas de sus novios. El primero cubre lagunas sobre su identidad cuando viaja a Nigeria para la boda de un primo. "Es peligroso para Eric ir allí, donde la homosexualidad es ilegal", explica Gatwa. "Pero es una parte de su legado familiar con la que ha de conectar. Al final aprende que da igual si el mundo te quiere o no; siempre te queda quererte a ti mismo".

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Por su parte, Aimee descubre el feminismo, o mejor, aprende a expresar su espíritu feminista. "Yo creo –dice Aimee Lou Wood– que siempre ha tenido esas ideas, pero hasta ahora no las había articulado. Ella no ha leído mil libros, como ha hecho Maeve. Aquí se expresa por fin al respecto y resulta emocionante para ella". Lo hace, claro, a su manera: haciendo cupcakes con forma de vulva. Claro que sí. 

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