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ESTRENO EN NETFLIX

'The politician', otra apuesta endiablada de Ryan Murphy

Juan Manuel Freire

Ben Platt, en un fotograma de ’The politician’

Ben Platt, en un fotograma de ’The politician’

La primera serie surgida del lucrativo acuerdo del megaproductor Ryan Murphy con Netflix (recordemos, 300 millones de dólares por cinco años) no podía ser algo modesto, sino algo como 'The politician': un drama satírico ambicioso y provocador, visualmente fastuoso, superpoblado de estrellas, destinado no a una sola temporada, ni dos, sino planteado como una pentalogía de escaladas épicas hacia el poder.

En cada temporada, su héroe (es un decir), el medio sociópata Payton Hobart (Ben Platt), tan determinado en sus objetivos como la Tracy Flick de 'Election', se debería presentar a unas elecciones diferentes. Las últimas de ellas, las presidenciales de EEUU, algo con lo que soñó ya a los siete años. En los episodios que hoy debutan en Netflix, lo vemos proponerse un desafío algo menor, solo un pequeño paso inicial: convertirse en presidente del consejo de alumnos de su instituto de Santa Barbara.

En el progresista y feminista 2019, ser hombre, blanco y rico ya no da tantas ventajas como en épocas anteriores, así que Hobart topa con bastantes escollos a lo largo del camino; uno de los primeros, quedar en lista de espera en Harvard. Cuando pregunta a su madre adoptiva (Gwyneth Paltrow) cómo puede ser que sus hermanos gemelos entraran y él no, la siempre elegante Georgina contesta que, por supuesto, compraron su admisión. (No, no es una referencia al reciente escándalo de los sobornos de padres famosos a universidades de élite: el guion se escribió ocho meses antes del escándalo).

Para complicar la situación, el mayor rival político de Payton es alguien a quien adora, River (David Corenswet), su antiguo profesor de mandarín y examante, quien se ha presentado a las elecciones por sugerencia de su novia Astrid (Lucy Boynton), un poco la Lady Macbeth de esta función.

Aconsejado por sus directores de campaña (impagables Laura Dreyfuss, Theo Germaine y Julia Schlaepfer), Hobart decide buscar una vicepresidenta que resulte auténtica, y la encuentra en la enferma de cáncer Infinity (Zoey Deutch), supervisada por una abuela imposible (Jessica Lange desencadenada). Tampoco esta jugada le saldrá perfecta. En una serie de Murphy cualquier apariencia es engañosa y las tramas dan, más que giros, auténticos bandazos.

Universo Ryan Murphy

'The politician' tiene algo de insolente 'megamix' de temas y estilos explorados anteriormente por Murphy, quien de nuevo comparte autoría con Brad Falchuk e Ian Brennan, como en 'Glee' y 'Scream Queens'. De 'Glee', tiene la música: tampoco era cuestión de desaprovechar los talentos como cantante y músico del protagonista Ben Platt, ganador del Tony al mejor actor de musical por 'Dear Evan Hansen'.

Como en 'Nip/Tuck, a golpe de bisturí', Murphy se ríe de los caprichos de la gente rica, a la que ya debe de conocer bien. Cuando se acerca al thriller paranoide, que lo hace, casi se puede pensar en 'El asesinato de Gianni Versace'. Y aunque todo es, en esencia, un gran culebrón trash, Murphy y amigos se permiten momentos de sinceridad: el duelo es aquí tan serio como en 'The normal heart'. Los tonos se combinan alegremente, no siempre fluidamente, pero nunca aburridamente.

Huellas de Ashby y Anderson

Al principio de la serie, podemos leer este aviso: "'The politician' es una comedia sobre valor y ambición, pero para gente con problemas de salud mental, puede resultar perturbadora". Quizá lo hayan incluido para evitar problemas por su uso recurrente del tema del suicidio, en busca de pathos, pero también de humor. "Esta es la cuarta vez que se tiran por la ventana cuando intento romper", dice el personaje de Paltrow en una broma que, quizás, habría aplaudido el gran Hal Ashby, autor de la comedia de culto con simulacros de suicidio 'Harold & Maude'.

Murphy reconoce a Ashby como uno de sus ases de guía, y algo hay de él en 'The politician', como su cuestionamiento del privilegio blanco. A nivel de forma, la serie debe más a uno de sus herederos más estetas, Wes Anderson, quien parece una clara influencia ya desde esos créditos fetichistas al son del 'Chicago' de Sufjan Stevens. También muy 'andersoniana' es la tendencia a los planos simétricos y frontales, ideales para capturar un mundo en el que todo parece medido al milímetro. Y dentro del cual, sin embargo, bulle la confusión.

Los otros proyectos  

Ted Sarandos, presidente de Netflix, no tiene motivos para llamar a Ryan Murphy y decirle que se ponga las pilas. Ya están muy avanzadas otras dos series: 'Ratched', una precuela de 'Alguien voló sobre el nido del cuco' con Sarah Paulson, y 'Hollywood', carta de amor al Tinseltown de los años cuarenta; al actor Darren Criss se le escapó que la veremos en mayo del 2020.

Además, Murphy prepara un par de películas para Netflix. Dirigirá el musical 'The prom', con Nicole Kidman y Meryl Streep, y producirá una versión en largo de su propio revival de 'The boys in the band' en Broadway.

A todo esto hay que sumar tres proyectos de documental y otras tres series, además de las cinco producciones que todavía supervisa para Fox y FX: 'American horror story', 'American crime story', 'Feud', '9-1-1' y 'Pose'. A veces, Murphy duerme. A veces.