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SARRIÀ-SANT GERVASI

Una vasija romana aumenta el valor histórico de la Torre Bellesguard

Los dueños de la casa modernista organizan dos tipos de visitas guiadas

BEATRIZ PÉREZ
BARCELONA

La Torre Bellesguard (Bellesguard, 16) es una fuente de historia para Barcelona. Construida entre 1900 y 1909 por Antoni Gaudí, en el año 2004 unas excavaciones pusieron al descubierto los restos de unas torres medievales que muy probablemente pertenecieron al palacio del rey Martí I l'Humà (1356-1410), conde de Barcelona y rey de Aragón. Ahora, el equipo de investigación de Bellesguard ha encontrado unos restos de cerámica romana del año 50 en la muralla medieval, que aún se conserva en la finca junto al viaducto construido a principios del siglo XX por Gaudí.

JOAN DE SERRALLONGA / Pero Bellesguard, aparte de historia, es también leyenda. Existe una que cuenta que el célebre bandolero Joan de Serrallonga (1594-1634) frecuentaba la zona. «Según esta leyenda, cuando lo capturaron, lo mataron y emparedaron su cuerpo en la muralla del palacio», explica Pol Gago Guilera, quien, además de llevar la comunicación de Bellesguard, reside en ella, pues pertenece a su familia.

La Torre Bellesguard, cuyo nombre significa «bella vista» (desde sus terrazas se pueden contemplar Barcelona y el mar Mediterráneo), es una de las obras de Gaudí más desconocidas. Encargada por Jaume Figueres a principios del XX, el médico Luis Guilera Molas la compró en 1945 para instalar una clínica de ginecología y obstetricia, se traslada a la Clínica Delfos. Desde entonces, es el hogar de los herederos del médico, que permiten las visitas a la casa desde el pasado 17 de septiembre. Hay dos tipos de visitas guiadas: la completa en el exterior y el interior del edificio con un guía (16 euros) y la panorámica por exteriores y jardines, con audioguía (7 euros).

LÍNEAS MEDIEVALES / Como explica Gago, el hecho de que la Torre Bellesguard fuera construida sobre los terrenos del palacio de Martí I l'Humà influyó a Gaudí, que quiso darle «reminiscencias medievales». «Por eso en la torre hay tantas líneas rectas», dice Gago.

En la fachada hay una clara simbología de la catalanidad y la religión. Por un lado está la senyera, que alude al pasado histórico catalán; por otro, tres balcones que representan la Santísima Trinidad. Y el edificio mide 33 metros por la edad a la que murió Jesús.

En la terraza, Gaudí ideó la cara de un dragón formada por cuatro ventanas y la cruz de cuatro puntas que, coronando el pináculo de la torre, señala los puntos cardinales.