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Librerías gastro

Oasis mágicos en Barcelona donde comer y leer

Cocinas para lectores voraces. Librerías con sándwiches molones, pastelería artesana y patios escondidos

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La célebre terraza de Decamerón, el bar de La Central en el Raval.

La célebre terraza de Decamerón, el bar de La Central en el Raval. / Instagram

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Òscar Broc

Òscar Broc

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Comer, leer, amar. Suena bien, pero cultivar el intelecto en restaurantes es misión imposible en muchas ocasiones. Y lo entiendo: confundir un bar de tapas con una biblioteca es del género estúpido. ¿La mejor solución? Darle la vuelta al calcetín: en lugar de restaurantes donde se pueda leer, busquemos librerías donde se pueda comer. Porque en Barcelona hace tiempo que se cultiva la alianza entre letras y platos, y no faltan las librerías que han llevado dicho binomio a cotas de calidad destacables.

Mi 'hot spot' favorito para zampar decentemente y leer sin interrupciones la última novela de Sonsoles Ónega es Decamerón (Elisabets, 6), el bar que La Central tiene en el Raval, célebre por su terraza-jardín interior, un espacio que antaño perteneció a la Casa de la Misericòrdia. Que me aspen si no es el patio más mágico de BCN, un 'stendhalazo' de palmeras, líquenes y plantas a porrillo. Decamerón se beneficia del agradable microclima que acaricia este rincón mentolado y sembrado de viejos adoquines. Es el oasis más seductor para los lectores voraces: puedes tirarte allí todo el día sobreviviendo a base de cafés de especialidad, vermuts, conservas, sándwiches molones, pastelería artesana y bebercios varios. Cuesta Dios y horrores comprar un libro en La Central y no estrenarlo en el Decamerón; la tentación vive al lado.

La librería Sant Jordi (Ferran, 41) también es una referencia a marcar en rojo. Abrió la persiana en 1983, se convirtió en una de las librerías con más solera del Gòtic y estuvo a punto de desaparecer. Pero el rescate llegó y la librería volvió a la vida a finales de 2025, con un plus incorporado: un pequeño e íntimo restaurante para que puedas disfrutar de caprichos de cocina mediterránea en un entorno 100% literario. Y también histórico, porque la Sant Jordi es un comercio emblemático y sus estanterías y baldosas hidráulicas son memoria viva de la otra BCN. Puedes hacer el aperitivo, entregarte a una tabla de quesos catalanes, probar el bikini de ensaimada y sobrasada. Y si vas fuerte, puedes ir al apartado de platillos y darle amor al 'steak tartar', al variado de tomates con ventresca o al foie micuit caramelizado con mermelada de olivas e higos.

Me gusta mucho también el bar de la Llibreria Finestres (Diputació, 249). Ocupa un patio interior precioso, rebozado de plantas , luz solar a espuertas, sillas pop de colores y unos simpáticos letreros que rezan: «Más lectura y menos laptop». Sus armas de seducción: olivas, patatas, quesos y vermut. También puedes tajarte suavemente con sus vinos naturales. Y si vas con tu prima la moderna, calma: hay kombucha.

No quiero olvidarme del bar de la librería + Bernat (Buenos Aires, 6), la base de operaciones del escritor y cocinero Carles Armengol, quien se encarga de alimentar a los visitantes. Tengo una cuenta pendiente con este espacio, pero me fío de mis contactos y de Carles, una de las mentes más afiladas del periodismo gastronómico de este país: sus bikinis, bocadillos y platos del día tienen una pequeña gran legión de seguidores.

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