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Ruta

Un paseo entre murallas

Hostalric conserva un importante legado medieval y uno de los conjuntos fortificados más singulares y atractivos de Catalunya

Hostalric. El castell d'Hostalric a vista de dron.

Hostalric. El castell d'Hostalric a vista de dron. / Ajuntament d'Hostalric

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David Céspedes

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Visitar Hostalric es entrar en una villa donde la historia aún se lee en las piedras. Situada en la comarca de la Selva, entre Girona y Barcelona, esta localidad conserva un importante legado medieval que la convierte en un destino ideal para quienes desean combinar patrimonio, paseo urbano y vistas privilegiadas.

La ruta puede comenzar en el casco antiguo, donde las calles empedradas conducen poco a poco hacia el recinto amurallado. Las murallas medievales, con sus torres cilíndricas y semicilíndricas, recuerdan la importancia defensiva que tuvo Hostalric durante siglos. Entre sus elementos más destacados se encuentran el portal de Barcelona, una de las antiguas entradas a la villa, y la torre dels Frares, desde donde se obtienen magníficas panorámicas del entorno. El recorrido invita a caminar con calma por el camino de ronda, imaginar la vida en la villa amurallada y observar cómo el trazado urbano conserva todavía el carácter de una población fortificada. Cada tramo de muralla y cada torre explican una parte del pasado de Hostalric, que fue un punto estratégico por su situación. La visita se completa con la subida al castillo-fortaleza, situado sobre un promontorio de origen basáltico. Desde allí, la vista se abre hacia el río Tordera, el Montseny y el Montnegre.

Aunque la fortaleza actual responde en buena parte a transformaciones posteriores, su emplazamiento mantiene viva la memoria de la función militar que marcó la historia de la villa. También estuvo estrechamente vinculada al vizcondado de Cabrera, uno de los poderes feudales más relevantes de la Catalunya medieval. Por ello, pasear por la población no es solo descubrir un bonito conjunto monumental, sino acercarse a una época de señores feudales, caminos comerciales, guerras y control del territorio.

Una buena ruta puede incluir la muralla, el portal de Barcelona, la torre dels Frares, el casco antiguo, la iglesia de Santa Maria y el castillo. Es una visita asequible, perfecta para realizar en una mañana o una tarde, aunque merece la pena dedicarle más tiempo si se quiere disfrutar de sus rincones, su gastronomía local y su ambiente tranquilo. En definitiva, una villa que conserva el encanto de la Edad Media sin renunciar a la vida cotidiana de un pueblo actual. Sus murallas no son solo un monumento, son una invitación a caminar por la historia y a descubrir uno de los tesoros medievales más interesantes de Catalunya.