Conde del asalto

Un disco para ver Barcelona diferente y mirar donde nadie mira

 Se recomienda pasear por la ciudad escuchando en bucle el nuevo álbum del dúo Hidrogenesse: 'Ciutat de Sorra'. Escúchalo aquí.

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Vista panorámica de Barcelona

Vista panorámica de Barcelona / Xavier González

Miqui Otero

Miqui Otero

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Todas las ciudades parecen de arena desde las alturas. Desde el Mirador del Migdia, Barcelona tiene pinta de conjunto levantado en la costa por varios niños en bañador, algunos con TOC (las manzanas del Eixample), algunos algo más descuidados (el resto) y otros demasiado osados (la Sagrada Família: el castillo fallido de un nene que no puede parar de crear). En eso pienso mientras paseo y escucho 'Ciutat de Sorra', el nuevo y barcelonés disco del dúo Hidrogenesse.

De crío, incluso llegué a temer un brote psicótico del Mediterráneo que destrozara el asunto para volver a empezar. O una gran tormenta, claro. Es famosa esa frase de Mendoza que dice que en Barcelona llueve como actúa el Ayuntamiento: pocas veces, pero a lo bestia. Las dos exposiciones universales, el Congreso Eucarístico del 52, los Juegos Olímpicos, el Fòrum de les Cultures y lo que te rondaré. Y, sin embargo, la única forma de conocerla es mediante el detalle amnesiado y con la anécdota rara. La ballena varada al lado de Colón, el paseo por las Ramblas de un Ocaña travestido, la flecha que no acierta en el pebetero, ¿eran las latas de Estrella vendidas por los pakistanís en la calle parte de una trama empresarial?, un alcalde taja en una rúa con batucada, el herbolario que cierra en la plaza Reial, la palmera que cae, hace bien poco, sobre el cuerpo de una transexual sin techo.

En esas cosas se fijan los novelistas honestos y los músicos audaces. Eso hace 'Ciutat de sorra', una pequeña genialidad (un diamante en los Encantes) sobre una ciudad que se cree grande. Se habla mucho de la Novela de Barcelona y poco del Disco de Barcelona. Y este entra en el top 3 de la segunda disciplina, heredero de 'Barcelona Postal', del cantautor galáctico Sisa.

Si Sisa creaba el himno alternativo de la Barcelona preolímpica, para luego sintonizar la radio popular de sus calles, de Trenet al Gato Pérez, 'Ciutat de Sorra' retrata la ciudad con hechos dispersos de las últimas cuatro décadas. Y si el proyecto del cantante sideral partía de un proyecto con el artista Antoni Miralda, el que casó a Colón con la Estatua de la Libertad, este disco nace como parte de una instalación de David Bestué.

Hidrogenesse, Genís y Carlos, son dos duendes sabios con noches en el Nitsa, dos trovadores provenzales con sintetizadores. Y 'Ciutat de Sorra' es una suite de un cuarto de hora y cada una de sus piezas tiene el mismo estribillo, pero distinto tema. Una barandilla desprendida en el Eixample, porque “los materiales no son eternos”; esa mona de Escrivà que es la Rambla del Raval (y que el alcalde intentará repartir); ese libertario que quedó en paro en el 90 y comenzó su guerra con el estado hasta que el fiscal, en un juicio de cinco minutos, lo llamó torpe y tonto; esa montaña de lodos tóxicos que ocuparía 15 manzanas. También esa mujer que pide limosna a dos turistas con sombreros mexicanos, el crucero más grande del mundo y el 22@, con sus hoteles de 22 pisos.

Unas crónicas cercanas a las rutas críticas, duras y humorísticas (pormishuevistas, en su jerga) de Erik Harley (pronto, libro en Blackie Books). Con una melodía magnífica, y varias letras con miga y gracia oscura, con el mismo estribillo, sí, porque en esta ciudad siempre suena la misma canción, con nuevos arreglos y los desperfectos de siempre y de los de siempre.

Recomiendo pasear por Barcelona escuchando 'Ciutat de Sorra' en bucle. En un rato, mirarás donde nadie mira y verás todo diferente.