Conde del asalto

El jardín secreto de Alicia está en el Eixample, por Miqui Otero

Alice Secret Garden es un oasis frondoso escondido en un centro de manzana de Barcelona con árboles, espejos y una seta de cuento

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Miqui Otero

Miqui Otero

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Si esto es el jardín secreto de Alicia en el país de las maravillas, entonces yo soy el conejo blanco. No llevo chaleco, pero como él, y como todos, también como tú, voy todo el día enarbolando un reloj de cadena (en realidad, un teléfono móvil) diciendo «¡tengo prisa, tengo prisa!». Y: «¡Dios mío, qué tarde voy a llegar!». Sin embargo, hoy es sábado por la tarde, así que tengo todo el tiempo del mundo (aunque todo el tiempo del mundo sean, aproximadamente, unos 70 minutos). 

Estoy en el Alice Secret Garden con mi familia. En Barcelona se dice muy alegremente lo de «secreto», cuando normalmente lo es a voces. La palabra secreto es como la palabra Digestive, esas galletas en cuya caja luego se aclara que «no son digestivas». Pero este jardín coctelería un poco clandestino sí es, porque al menos yo no había venido nunca. 

La madriguera para entrar en él es el bar restaurante que lleva el nombre de la heroína de Lewis Carroll, desde siempre decorado con motivos de la novela. En la entrada del jardín, una chica muy amable nos recibe. Lo hace en inglés. Queda claro que el jardín es secreto, salvo para los turistas y 'expats' que miran Tripadvisor y conocen este oasis frondoso ambientado con kentias, cactus, árboles y espejos en el centro de una manzana del Eixample (Pau Claris, 90).

Los espejos cumplen una doble función: representan un buen homenaje a lo que encontró Alicia del otro lado del cristal y sirven para que la gran mayoría de veintañeros que beben puedan chequearse para luego hacer minivídeos de TikTok (contabilicé unos 20). El ambiente, hay que decirlo, es fantástico, alejado de los carriles de los coches e incluso de la realidad de Barcelona.

Veo este jardín y pienso en otras terrazas que cerraron, como la de El Camello, donde fumé y reí mucho, o las de las casas okupas berlinesas que tanto nos impresionaban a principios de la década de los 2000 (con esa decoración loca de maniquís, teles averiadas, bicis y marcos de oropel). Pero, como se dice en el cuento: «Es un tipo de memoria muy pobre la que solo funciona hacia atrás». Así que pienso en otras terrazas secretas de la ciudad actual, como la del Antic Teatre o la de La Graciosa.

Psicodelia amable

Aunque sí hay una Alicia (mi pareja siempre me recordó al personaje y un dibujo de Alicia fue uno de mis primeros regalos), no hay sombrereros locos, gatos de Cheshire o reinas de corazones. Sí hay mucho Tararí y Tarará, pareja de amigos compenetrados que, espoleados por la birra, completan la frase del otro. Hay, también, mucho inglés, mucho yanqui, mucho italiano y mucho francés. Y el entorno tiene algo de psicodelia amable. Sobre todo por la gran seta de sombrero rojo a topos blancos que preside el jardín. En realidad, la del cuento y también esta, de cartón piedra y enorme, es un hongo llamado 'Amanita muscaria'. Mi hijo dice que es la que come Super Mario y no le digo que no. Pero añado que esta seta tiene algunos de los nombres más graciosos del mundo vegetal, siendo 'oropéndola loca' el número uno.

La tarde cae, aunque aquí solo se nota porque hay quien pide tapas y hamburguesas que hace pasar con cócteles y jarras. Todos ellos, como en 'Alicia', parece que celebren un cumpleaños, pero en realidad celebran un cumpledías, hoy, ayer y mañana. Y yo pienso en cuando Alicia le pregunta al conejo blanco: «¿Cuánto es para siempre?». Y el animal contesta: «A veces, solo un segundo». O un sorbo.