Un buen día, Serj Tankian, el cantante de System of a Down, entró en el estudio de Lucas Vidal, en Los Ángeles, y le pidió que colaborase con ellos en una canción. El madrileño les preguntó: “¿Tenéis algo publicado?”. Y le dieron un CD con algunos temas. “Pensaba que eran unos aficionados, no les presté mucha atención, hasta que mi becaria me dijo: ‘¿Pero tú sabes quiénes son?’”, recuerda Vidal, divertido. Porque lo cierto es que no tenía ni idea de que quien se había plantado en su estudio era el líder de una de las bandas de heavy metal más importantes del mundo, con más de 40 millones de discos vendidos. “Es que estoy completamente desconectado del rock”, se justifica. 

Cuando uno habla con Lucas Vidal, el músico consigue que todo parezca mucho más fácil de lo que realmente es. Recapitulemos: acaba de cumplir 34 años y ya se ha labrado una carrera como compositor de bandas sonoras en Hollywood y en España, con un Emmy y dos Goyas en su haber, ha puesto música a Élite, posiblemente la serie española con más proyección internacional de la historia, y suya es la sintonía de LaLiga. Pasó 15 años en Los Ángeles y se acaba de mudar a España, donde ha plantado su campamento base, desde el que ha compuesto su primer disco, Karma (en el que combina música electrónica y orquestal), bajo el paraguas de la multinacional Universal. Estará disponible a finales de año, pero el vídeo del primer single, Run, en el que baila María Pedraza, ya lleva decenas de miles de visualizaciones en Youtube. Su talento trasciende las paredes de su estudio (en el que pasa la mayor parte de su vida encerrado) de tal manera, que algunas marcas lo tienen como embajador, tal es el caso de Peugeot, que nos puso en contacto. Está ligado al fabricante francés, tanto a sus coches como a sus motos.

 

Venga, mójese: ¿es usted motero?

Yo me he movido en moto desde adolescente, cuando iba al colegio. Pero el verdadero fan y experto en motor de la familia es mi hermano, la parte técnica se la dejo a él, que es un manitas. La scooter de Peugeot de tres ruedas tiene una ventaja: no hay que plantar el pie en el suelo cada vez que paras en un semáforo. Y es muy silenciosa, algo que yo valoro mucho. Tengo una especie de cruzada contra la contaminación acústica. 

 

Y también suele moverse en un SUV, el 3008, sobre todo ahora, que llega el invierno. 

Me gustan los pequeños detalles, como una excepcional acústica propia de un estudio o unos mandos intuitivos, cómodos y que recuerdan al teclado de un piano.

 

Al final, siempre vuelve a lo mismo: el sonido…

Bueno, es mi principal herramienta de trabajo. La música siempre estuvo presente en mi familia, mi abuelo fundó Hispavox en los años cincuenta, y en mi casa siempre se ha escuchado música clásica.

 

Y usted es de los pocos jóvenes que no se rebelaron contra eso. 

Qué va, al contrario. De niño y adolescente no escuchaba lo mismo que mis amigos, que era fundamentalmente rock y pop. Yo me ponía todo el día Radio Clásica. No era lo más habitual en alguien de mi edad. 

 

Y no se conformó con escucharla. 

No, también quería crearla. A los 16 años fui a Berklee College of Music, en Boston, a un curso de verano, donde descubrí una rama de la música, la de las bandas sonoras para películas. Y decidí que eso era a lo que me quería dedicar. 

 

Pero su camino iba por otro lado.

Sí, el plan inicial era estudiar Derecho o Empresariales. Y menos mal que no lo hice, porque no me habrían contratado en la vida, yo no valgo para eso. Por suerte, con 18 años me dieron una beca en Berklee College of Music. Empecé a hacer grabaciones orquestales, y allí mismo, ya desde muy joven, empezaron a salirme trabajos en películas. Y de una manera natural, salté de Boston a Nueva York, al Julliard School of Music, mientras seguía trabajando. El paso natural después de eso fue ir a Los Ángeles, donde continué mi carrera musical. 

 

Ha hecho el camino inverso: primero Hollywood, luego el cine español. 

Yo empecé en Estados Unidos, aunque enseguida empecé a alternarlo con el cine de aquí. 

 

Y en 2016 decidió componer para usted mismo, no para otros. 

Aparqué todo para empezar mi proyecto de música electrónica. Ya lo tengo terminado, y sale a finales de año. 

 

Y a la espera de escucharlo, ¿nos puede adelantar algo?

Mi idea ha sido juntar la elegancia de los instrumentos orquestales y la frescura de la electrónica. He firmado con el mismo sello de Max Richter, y por concepto es similar, aunque con una base más electrónica, más deep house. En el vídeo de Run, el single de adelanto, María Pedraza junta la danza moderna con este tipo de música. 

 

 

¿También mete un pie en la danza?

Sí, acabo de componer un ballet de 30 minutos sobre la obra de Picasso.

 

Y bandas sonoras de series, como Elite o Dime quién soy, o la música de LaLiga… No para.

Intento salir de mi zona de confort, para no agobiarme. También colaboro con músicos de pop. 

 

Ha mencionado a Max Richter. Algunas de sus bandas sonoras se parecen entre sí. ¿Usted intenta evitarlo?

Trato de hacer siempre algo diferente. Acabo de terminar la música para una película, Paradise Hills [de Alice Waddington, y respaldada por Guillermo del Toro], quería algo diferente, un concepto distinto de banda sonora, fue muy complejo encontrar una sonoridad y texturas distintas. 

 

¿Y cómo le cabe tanta música en la cabeza? ¿No se queda sin ideas?

Me inspiro trabajando. La cuestión es no tener miedo a empezar a desarrollar ideas. A veces empiezo a lo bruto, tocando unos acordes o con un sonido, y de ahí se va construyendo a inspiración. Pero como bien decía el propio Picasso, “que la inspiración me pille trabajando”. 

 

¿Las bandas sonoras son la única manera de que las nuevas generaciones se acerquen a la música clásica?

Bueno, también la electrónica. 

 

Esa respuesta sí que no me la esperaba.

Con Karma lo que pretendo precisamente es juntar el mundo orquestal con el más electrónico. Yo soy un fanático de la música clásica desde que era niño, pero ahora es más complicado aún, en la generación de Instagram, donde todo pasa tan rápido, las canciones son más cortas, el nivel de atención es mucho menor. Oír una pieza de Bartók, o de música contemporánea clásica, cuesta mucho más. Hay que buscar fórmulas para que la gente, especialmente los jóvenes, tengan una conexión con lo orquestal, y mezclarla con electrónica es una buena manera. Como hacen Max Richter, Ólafur Arnalds… Por mi parte, con que haya una persona que empiece a oír a Beethowen después de escuchar Karma, ya es un triunfo para mí. Yo creo que el arte clásico te eleva el alma. Te pone en contacto con la genialidad del ser humano. 

 

Acaba de tener una hija. ¿De dónde saca el tiempo?

Trato de ser eficiente y no despistarme, trato de no tocar el móvil mientras trabajo. La fusión con la tecnología es muy positiva, pero puede ser peligroso, te puede comer. Desde hace un año, he decidido desconectarme del panorama político. Antes miraba los periódicos en el móvil cada dos por tres. He decidido quitar eso de mi vida. 

 

¿Y cómo se entera de todo lo que está pasando?

Me lo cuentan mis amigos. Pero ya te digo que intento enterarme poco. Prefiero tener la cabeza en otras cosas. 

 

Pues pensaba preguntarle qué banda sonora crearía para la situación política actual española…

Mira, pues como ahora soy una especia de ermitaño, y no salgo del estudio en todo el día, creo que cualquier banda sonora con sonidos cavernícolas estarían muy bien para describir la situación actual. 

GREGORIO