Mike Leigh parece cansado cuando nos recibe en una pequeña sala habilitada para la prensa dentro del BCN Film Festival, al que ha acudido para presentar Peterloo, que se estrena comercialmente este viernes en los cines de toda España.

Pese a su cansancio, Leigh saluda con educación y se sienta a conversar sobre su cine, su visión del mundo y sus ideas políticas. Lo hace con paciencia, solo se pone nervioso cuando las preguntas se le hacen demasiado largas y no acaba de entender qué queremos decirle, pero poco a poco se va soltando para acabar hablando de todo. A sus 76 años, el cineasta británico es, junto con Ken Loach, el máximo representante del cine social que se hace en Gran Bretaña, con la diferencia respecto a su contemporáneo de que el cine de Leigh ha logrado rebasar la frontera del cine ideológico y minoritario para llegar al gran público, como demuestran las siete nominaciones a los Oscar que han acumulado sus películas. 

Su nuevo filme recrea un hecho real ocurrido en Mánchester el 16 de agosto de 1819, cuando la caballería cargó contra la multitud que se había concentrado en St. Peter's Field para pedir cambios en el sistema de acceso al parlamento y causó 15 muertos y más de 500 heridos. A punto de cumplirse 200 años de aquel vergonzoso acontecimiento, Mike Leigh recrea la historia a través de los ojos de una familia que trabaja en la fábrica de algodón de la ciudad y que simpatiza con los movimientos civiles que surgen en Inglaterra tras la derrota de las tropas napoleónicas.

“La primera vez que leí algo sobre el tema, hace muchos años, pensé que alguien tendría que hacer una película sobre ello”, explica Leigh”, “y en ese momento no se me ocurrió que ese alguien podría ser yo, porque hasta ese momento, desgraciadamente, solo había hecho películas contemporáneas”. Así es, hasta 1999, toda la filmografía del director de Salford la ocupan filmes ambientados en los tiempos actuales, que hablan sobre la vida y los problemas de la clase media y la clase trabajadora. Desde esa fecha, en que realizó Topsy-Turvy, sobre el teatro musical británico de Gilbert y Sullivan a finales del siglo XIX, ha viajado al pasado con su cine en dos ocasiones más: El secreto de Vera Drake y Mr. Turner.

Esta es su cuarta película de época. “Creo que es una película necesaria; se basa en un acontecimiento muy importante y sentía que tenía que darle un significado más amplio del que ha tenido en la historia política británica”. Para ello, trabajó a fondo con cada uno de los actores para convertir sus personajes en “tridimensionales”, como él mismo los define. “Se trata de integrar el discurso que quieres explicar en el personaje para que parezca una persona realmente hablando y sea creíble, ya que si tienes un actor que no tiene un personaje detrás bien profundo, sus palabras resultaltarán aburridas”, dice.

 

Público inteligente

Peterloo es el decimoquinto largometraje de Leigh, un director que ha apostado siempre por dirigirse a un público que busca en el cine algo más que entretenimiento. “Mi público es tan inteligente como lo puedo ser yo, o incluso más”, reflexiona”, “habrá gente que piense que mi cine es muy aburrido, y lo piense viendo esta película, por ejemplo, pero creo que la película tiene que hablar su propio lenguaje, si es así funcionará y podrá ser interesante para el espectador”.

Sin embargo, un tipo de cine como el suyo, en el que el componente ideológico y discursivo representa un importante papel, se topa con la alarmante falta de atención que demuestra el espectador actual. “Es cierto que la gente presta menos atención a las películas ahora, pero lo cierto es que no qué clase de película podría hacer si tuviese demasiado en cuenta que la atención de la gente cada vez es más breve”, cuenta Leigh con una sonrisa irónica.

Lo que parece fuera de toda duda es que el cine de Mike Leigh pretende despertar en el espectador una conciencia, una sensibilidad hacia los problemas de la clase trabajadora. “Se trata de usar el cine para mirar el mundo, para mirar la vida de una manera sincera, mirar debajo para llegar al fondo de aquello en que consiste la vida”, explica antes de hacer un larga pausa, como si quisiera medir bien sus palabras, y sentenciar: “Mucha gente puede considerar que la vida de la gente de clase obrera es muy aburrida; a mí no me lo parece, porque creo que el cine está para eso, para mirar toda clase de vidas, incluso las que parecen más insulsas”.

 

Cine sin concesiones

¿Eso significa que el cine puede ser un arma para cambiar la sociedad? Leigh mira hacia el vacío y responde enseguida: “Cada experiencia que la gente tiene, de alguna manera, les afecta, y en un cierto sentido puede afectar a cómo viven y cómo miran las cosas. El cine, como otras artes, puede, debería y lo hace, afectar de alguna manera a cómo es la gente. Pero cambiar el mundo es un trabajo muy difícil, es otra cosa. Lo que hace el cine es contribuir, de alguna manera, a mejorar la vida de la gente de forma cuidadosa y modesta, no de manera demasiado ambiciosa”.

Nuestra conversación ha entrado en un terreno en el que Mike Leigh se siente cómodo porque, de alguna manera, explica su forma de pensar de la misma forma que lo hacen sus películas. Le preguntamos sobre el futuro de la clase obrera en esta sociedad globalizada y dominada por el capitalismo más salvaje y vuelve a tardar unos segundos en contestar para encontrar las palabras adecuadas. “No sé cuál es el futuro de la clase obrera y, si me preguntas mi opinión, te diré que mi opinión es una estupidez, no sirve para nada. Pero esa es la pregunta que se hace todo el mundo y lo que tendríamos que preguntarnos en este momento es por qué en muchos lugares del mundo observamos un auge terrible del populismo, y la gente, motivada por sus propias frustraciones, va hacia ideas y posiciones en las que ni tú ni yo ni casi nadie estaríamos de acuerdo en principio.  Muy a menudo la clase obrera que tiene necesidades se siente olvidada y eso es lo que nos debería preocupar”, proclama. La situación, por lo que explica, se parece alarmantemente a la de hace un siglo, cuando en Europa surgieron movimientos populistas como el nazismo o el fascismo que llevaron al mundo a una situación insostenible. “Pero entonces el movimiento obrero estaba mejor organizado que ahora”, replica Leigh.

Antes de acabar, no podemos evitar preguntar a un hombre que ha vivido y trabajado en el Reino Unido durante toda su vida cuál es su opinión sobre el Brexit. La respuesta es contundente: “El Brexit es un completo desastre, nunca debería de haber ocurrido, es el peor error de la historia europea, es un hecho terrible porque su origen es completamente ridículo. Es lo que te decía antes, solo el populismo, la ignorancia xenófoba paranoide, ha acabado convenciendo a una mayoría de la gente en Gran Bretaña para apoyarlo”.

¿Y cuál sería la solución?, replicamos. “La educación como base, evidentemente”, responde, “pero creo que debería de haber un nuevo referéndum, aunque no parece fácil. Son muy malas noticias, pero no para Gran Bretaña, sino para Europa y para la comunidad internacional, es como una enfermedad peligrosa”, concluye.