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Jordi Puigneró, el vicepresidente que nunca convenció a Junts

El número dos del Govern cesado por Aragonès no ha conseguido marcar demasiado perfil en año y medio de gestión

El ’conseller’ de Políticas Digitales y Administración Pública, Jordi Puigneró, ante los retratos de Torra y Puigdemont.

El ’conseller’ de Políticas Digitales y Administración Pública, Jordi Puigneró, ante los retratos de Torra y Puigdemont. / EFE

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

Periodista

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Jordi Puigneró, experto en políticas digitales, procedente de la cantera política que Junts tiene en Sant Cugat del Vallès, fue vicepresidente del Govern casi por accidente. La lógica tras las elecciones del 14 de febrero de 2021 llevaba a situar a Laura Borràs, candidata a la presidencia de la Generalitat, como peso pesado de Junts en el Govern de Pere Aragonès tras el pacto ERC-Junts. Pero Borràs se negó a estar por debajo de Aragonès en el organigrama y se reservó el peso institucional que ofrece la presidencia del Parlament. Entonces surgió el nombre de Puigneró.

Un Puigneró que llegó a ser visto con buenos ojos por parte del 'expresident' Carles Puigdemont en el pasado como un perfil presidenciable. Puigdemont es un enamorado de las nuevas tecnologías aplicadas a la política y la gestión, y Puigneró es experto en ellas. Pero el hasta ahora vicepresidente del Govern no reunía el perfil de candidato que se necesita para estos menesteres. Y no se postuló. La prueba de sus escasas posibilidades de éxito es que Borràs en las primarias frente a otro perfil de gestión y de rigor como el 'exconseller' Damià Calvet. Así que Puigneró se reservó.

Y accedió a la vicepresidencia ante la negativa de Borràs y para que ninguna de las familias de Junts se acabara imponiendo en un cargo que siempre tiene un cierto perfil y proyección de futuro. Pero pronto quedó claro que Puigneró no jugaría este papel, sino el de un cierto equilibrio entre sectores internos.

Sin liderazgo

Lo que ha pasado con el cese de Puigneró, paradójicamente, es algo que en Junts se ha barajado por iniciativa propia. El año y medio de Puigneró al frente de la vicepresidencia no ha servido, según los 'consellers' de Junts, para que liderara a los miembros del Govern de este partido, ni para que marcara perfil -salvo excepciones- frente a Aragonès.

Puigneró ha optado en todo su mandato por un perfil de gestión, más bien discreto y muy alejado del tono de cargos como Borràs. Se ha refugiado en su especialidad, las políticas digitales, y ha cedido el peso político del partido a los secretarios generales: antes Jordi Sànchez y ahora Jordi Turull. Y en el Govern, el protagonismo de la mitad posconvergente lo ha capitalizado el 'conseller' de Economía, Jaume Giró, como forjador de los presupuestos y por su cada vez más indisimulada intención de seguir jugando en el futuro en el terreno político de Junts, partido al que se ha afiliado recientemente.

Pese a todo, Puigneró ha sido siempre leal a Aragonès, y lo ha querido subrayar. En la crisis sobre la composición de la mesa de diálogo con el Gobierno, adoptó una actitud de responsabilidad y no rupturista. Y en la cuestión de la ampliación del aeropuerto, defendió el acuerdo con el Gobierno pese a que Junts se enrocase en el rechazo a toda alianza con el Ejecutivo central. Ahí sí mostró Puigneró cierto perfil y sorprendió a su partido.

Elevar el tono

Tras el congreso de Junts de este verano, la formación decidió elevar el tono frente a Aragonès y ERC. Y Puigneró, por voluntad propia o arrastrado por esta táctica, mostró ya discrepancias públicas. Se reunió con la ANC después de que lo hiciera el 'president' y marcó distancias con la posición de Aragonès respecto a la entidad, por ejemplo.

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Paradójicamente, cuando Puigneró ha cultivado en todo momento su retrato político en términos de seriedad, discreción y lealtad a Aragonès en el Govern, ha sido destituido por este por no informarle de la cuestión de confianza que sabía que Junts iba a plantearle en el Parlament. Puigneró era de los pocos que conocía que se produciría tal envite.

Ahora, si Junts sigue en el Govern, puede conseguir -y esa es otra paradoja- superar el problema que tenía con Puigneró y situar de número dos de Aragonès a un dirigente que marque más distancias con el jefe del Govern.