Implosión en el PP

Casado presidirá el PP hasta el congreso de abril y también apuesta por Feijóo como sucesor

El líder se resiste a dimitir en una reunión a la que casi todos los barones llegaron pidiendo su cabeza

El dirigente se compromete a no presentarse y pacta con los dirigentes que Gamarra sea coordinadora general

Agencia ATLAS | Foto: José Luis Roca

5
Se lee en minutos
Pilar Santos
Pilar Santos

Periodista

ver +
Paloma Esteban
Marisol Hernández
Marisol Hernández

Periodista

ver +

Pablo Casado neutralizó la ofensiva. El presidente del PP seguirá siendo presidente del PP hasta el congreso extraordinario que entronizará, previsiblemente, a Alberto Núñez Feijóo el 2 y 3 de abril. Casado no ha dimitido pese a la presión de casi todos sus barones para que lo hiciera de forma inminente. A cambio, se ha comprometido a no postularse y ha pedido al dirigente gallego que sí lo haga.

El máximo responsable de los conservadores convocó este miércoles en Génova a última hora a todos los presidentes autonómicos del PP, una manera de poder dejar fuera a Isabel Díaz Ayuso, que no tiene las riendas del partido en Madrid. Las declaraciones que los dirigentes hicieron a las televisiones a la entrada dibujaban una operación de acoso a Casado, con peticiones insistentes para que diera un paso atrás. La reunión con todos empezó casi a las 20.45 horas, después de que el jefe de los populares hubiera estado reunido una hora y media a solas con Feijóo.

Esteban González Pons presidirá el comité organizador del congreso extraordinario

Ronda con todos

La cita, según algunos de los testigos, empezó con una breve introducción de Casado. Dijo que, tras haber escuchado la opinión del presidente gallego, quería saber cómo veían la situación todos ellos. Faltaban tres, los dirigentes de Catalunya, Canarias y Baleares. Algunos se tomaron su tiempo y las intervenciones se alargaron. Varios, según fuentes presentes, mostraron su convencimiento de que lo mejor era que, al acabar, Casado anunciara su dimisión, aunque se consolidara el martes, en la junta directiva nacional prevista. Consideraban que era la mejor manera para cerrar la grave crisis que vive el partido desde que estallara la guerra entre Génova y Ayuso con grave cruce de acusaciones.

Casado se resistió a dimitir de madrugada "como si hubiera hecho algo malo". Quería "una salida honorable"

Sin embargo, el líder del PP se resistió. No quiso dejar a toda prisa y corriendo su cargo de madrugada, "como si hubiera hecho algo malo", explican fuentes de su equipo. Casado aguantó el pulso y logró llegar al acuerdo de continuar de presidente a cambio de dejar claro ante todos que quiere que Feijóo sea su sucesor. El político palentino quería "una salida honorable", decían fuentes de su entorno. Y lo consiguió. "No pueden obligarle a dimitir", decían mientras transcurría la reunión fuentes de su equipo en referencia a algún mecanismo interno.

Gamarra y Pons

En el comunicado conjunto, que se conoció a las 1.20 horas, se deja por escrito el compromiso de Casado a no concurrir al próximo congreso nacional, a su continuidad en el cargo hasta el cónclave y también se dan dos nombres clave para la transición: Cuca Gamarra y Esteban González Pons.

Gamarra, actual portavoz del grupo parlamentario del PP en el Congreso, será la coordinadora general, una manera de apartar a Casado ya de la gestión del día a día. Ese puesto es un cargo que ya se ha utilizado en el pasado en el partido. Lo ocupó Fernando Martínez Maillo en la última etapa de Mariano Rajoy, cuando María Dolores de Cospedal era la secretaria general y también ministra de Defensa.

González Pons, un antiguo conocido de la casa, ahora eurodiputado, será el que presida el comité organizador del congreso. Los barones se comprometen a que ese nuevo órgano esté compuesto por al menos un miembro designado por cada organización territorial.

A la salida, el tono de las declaraciones de los barones era mucho más suave que cuando entraron. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, celebró que el PP haya acabado este episodio de una forma "razonada y sensata con la crisis". "Pablo Casado no tiene que dimitir, entró en un congreso y por tanto le corresponde salir en un congreso", continuó. Fue uno de los primeros que habló al salir y sorprendió el cambio de actitud, que continuó con otros muchos. El presidente del PP en Castilla-La Mancha, Paco Núñez, reconoció que la reunión había sido "muy intensa", pero estaba igualmente satisfecho por haber logrado unanimidad para solventar la crisis en un partido que ha calificado de "unido, fuerte y solvente".

Parecía que los barones querían olvidar todo lo dicho y escrito en redes sociales estos últimos días, en los que diputados, senadores y altos cargos de toda España han conminado a Casado a dar un paso al lado cuanto antes.

En "colapso orgánico"

¿Y qué dijo al salir Feijóo, el futuro líder del PP (si no hay sorpresas)? Pues explicó que sus compañeros le han animado a presentarse, pero que él hablará cuando se convoque el congreso. No antes, porque hay que respetar los tiempos. También lanzó la frase de que Casado "es un señor de la política", chocante, por lo menos, después de que el presidente de la Xunta haya sido clave en la velocidad de los acontecimientos para el desmoronamiento de la actual cúpula.

Noticias relacionadas

Tras la guerra desatada el miércoles de la semana pasada por las acusaciones de Ayuso a Casado de que su equipo le había espiado para buscarle trapos sucios, y la respuesta de que tenían sospechas de que su hermano (Tomás Díaz Ayuso) había cobrado 280.000 euros en comisiones ilegales, Feijóo se movió rápido. El dirigente gallego instó al líder del PP a cerrar la crisis. O si no, apuntó, tendría que pedir un congreso extraordinario para descabalgarle, que es lo que ha ocurrido.

Según el dirigente gallego, el PP estaba en una situación de "colapso orgánico" y en un entorno de "enorme desafección social" y, en la reunión, los barones lo consiguieron rectificar al diseñar la hoja de ruta para la salida de Casado. El político palentino ha perdido el poder del partido en siete días. Una semana exacta desde que salieron las informaciones periodísticas sobre el supuesto espionaje que su dirección ordenó hacer para sacar trapos sucios de Ayuso.