La reforma del cementerio franquista

La Universitat de Barcelona investiga el traslado de cuerpos al Valle de los Caídos

  • El plan de resignificación que medita el Gobierno descarta eliminar la cruz del monumento

Unas personas ante la tumba de José Antonio Primo de Rivera en la basílica del monasterio del Valle de los Caídos.

Unas personas ante la tumba de José Antonio Primo de Rivera en la basílica del monasterio del Valle de los Caídos. / David Castro

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Juan José Fernández

Quiénes eran, dónde los mataron, cuándo los sacaron de su fosa y cuándo los llevaron a una cripta en Cuelgamuros. El Departamento de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona (UB) trata de reunir esta información acerca de personas enterradas en el Valle de los Caídos cuyos familiares quieren recuperar sus restos.

Hace la pesquisa la profesora Queralt Solé, investigadora de las fosas de la Guerra Civil y una de las más expertas autoridades académicas en la historia del gran recinto mortuorio que clava su cruz en San Lorenzo de El Escorial. Con otro miembro del departamento, Solé rastrea el proceso de muerte y acarreo al que han sido sometidos los cuerpos, de momento, de 65 enterrados en el Valle.

Son los que buscan familias de diversos puntos de España que han cursado solicitud ante Patrimonio Nacional. Entre ellas, dos de Barcelona y un grupo de peticiones por cadáveres que salieron de Lleida. La cantidad va subiendo –hace dos meses eran 60- y puede crecer más tras las primeras exhumaciones.

A comienzos de año, Solé recibió el encargo de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, con 18.000 euros de presupuesto, para que cada familia que pida exhumación reciba un dossier sobre su antepasado y las circunstancias en que llegó al Valle.

“Si es que llegó… porque a veces hay sorpresas, familias que están en un error”, cuenta Solé, veterana ya en el buceo en los archivos, recordando cómo, por ejemplo, un vecino de Manresa que citó como enterrado en Cuelgamuros no estaba allí: su viuda, que tenía dinero, lo había mandado exhumar y reinhumar antes de que los franquistas se lo llevaran.

La investigación “tiene que ver con una necesidad de respeto -explica Solé-, de reconstruir la información sobre las personas y, si la familia no puede recuperar los restos, que al menos tenga un informe”.

Huesos mezclados

El traslado de cuerpos de combatientes y asesinados se hizo por orden del Gobierno franquista a todos los gobernadores civiles para que sacaran de sus fosas a millares de muertos y los llevaran a Cuelgamuros. Fue en 1958, pero el acarreo se extendió hasta 1964, cinco años después de la inauguración del monumento.

De 33.800 inhumados en el Valle, 22.000 tienen nombre en los archivos. Los 11.000 que figuran como desconocidos son casi todos republicanos

Queralt Solé, profesora deHistoria Contemporánea de la Universidad de Barcelona y expertas en fosas de la Guerra Civil y en el Valle de los Caídos.

/ El Periódico

En muchos pueblos los caídos del bando sublevado ya habían sido enterrados por las familias en tumbas particulares; solo quedaban lo que entonces se llamaban “zanjas de rojos”, fosas comunes de soldados o civiles ajusticiados, sin identificación alguna.

“El traslado se realizaba de forma colectiva, sin mantener para nada la individualidad de los cuerpos. Y el recuento no era riguroso –relata Solé-. Pese a que debían contar por número de cráneos, colaron en las listas muchos cuerpos sin cabeza”. De ahí que no sea posible saber el número exacto de inhumados en el Valle, más allá de la cifra oficial de 33.800. Cerca de 8.000 son cuerpos procedentes de fosas de Catalunya

De esos, según los datos de la UB, 22.000 del bando de Franco tienen nombre y apellidos en listados oficiales y cartulinas azules de inscripción del Valle de los Caídos, muchas de las cuales nunca llegaron a las familias. Otros 11.000, casi todos republicanos, figuran a miles en los archivos como “desconocido”.

Mantener la cruz                                  

La exhumaciones particulares en el Valle ya tienen licencia municipal, empresa candidata –Tragsa- y solo un trámite pendiente: el plan de seguridad laboral de los operarios. Pero el gran número de enterrados con ficha de “desconocido” son una dificultad para la búsqueda. Y también para la resignificación del monumento que medita el Gobierno mientras tramita la Ley de Memoria Democrática.

Uno de los principios de la nueva norma es el de verdad, el derecho de la víctima a su nombre. Fuentes gubernamentales admiten a EL PERIÓDICO la intención del Ejecutivo de que los nombres de los enterrados se vean en el Valle cuando sea resignificado, pero admiten la dificultad de filiar a los no nombrados, en su mayoría republicanos.

El proyecto de resignificación del recinto monumental que diseñará el Gobierno prevé, como ya ha admitido Presidencia, la exhumación de los restos de José Antonio Primo de Rivera y su traslado una cripta que no sea de preeminencia.

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Las mismas fuentes descartan que se vaya a derribar la cruz de Cuelgamuros, por más que el líder de Vox, Santiago Abascal, se apreste a defender “la cruz más grande del mundo”, como ha dicho tras enviar el Gobierno al Congreso la Ley de Memoria Democrática.

En el Ejecutivo creen que un Valle resignificado debe contar lo que fue el franquismo, y la presencia allí de la cruz, visible a 20 kilómetros de distancia, ilustra de un solo vistazo qué fue el nacionalcatolicismo.