EL ÓRDAGO INDEPENDENTISTA

1 de octubre, una fecha balsámica

La primera concreción del referéndum unilateral insufla dosis de moral al secesionismo

El anuncio de la pregunta del 1-O no supone acelerar los pasos a seguir hasta la consulta

El ’president’, Carles Puigdemont, y el vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras, durante el anuncio de la fecha y la pregunta del referéndum.

El ’president’, Carles Puigdemont, y el vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras, durante el anuncio de la fecha y la pregunta del referéndum. / JULIO CARBÓ

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"La fecha y la pregunta son solo un estado mental. Algo que influye mucho más del Govern hacia fuera que intramuros". Así analiza el estado actual del ‘procés’ una voz del entramado gubernamental catalán. El acto del viernes del anuncio de fecha y pregunta no supone cruzar el rubicón de manera efectiva, pero sí mentalmente, en mucha gente. Hacer palpable el referéndum, que deje de ser etéreo, es crucial para la movilización que se antoja clave para el futuro de los independentistas. Y simboliza también el corte de amarras. La nave ha partido y sabe que en su rumbo hay escollos, cuando no icebergs de grandes proporciones. Si llega o no a puerto dependerá de si esos obstáculos se salvan. Pero una cosa está clara desde el viernes: no hay punto medio. O la bocana del puerto de Ítaca o el naufragio. No hay ningún lugar donde cobijarse, ningún dique de abrigo.

Que se trata de un nuevo marco mental lo demuestra la euforia de Jordi Turull (PDECat) y Joan Tardà (ERC), que coincidieron este viernes en la plaza Sant Jaume tras el anuncio. "La gente votará sí o sí, esto ya va encarrilado", proclamaba el primero. "La pregunta es excelente, pero también me gustaría si no incluyera el concepto república. Esto ya no tiene vuelta atrás", añadía el diputado republicano. Junto a estas muestras de entusiasmo cabe consignar, de nuevo, que en el seno del propio Govern hay quien vive con "mucho escepticismo" las posibilidades reales de que la consulta se lleve a cabo de forma efectiva.

SIN DUDAS SOBRE EL ‘PRESIDENT’

Eso sí, nadie duda en el Govern de que Carles Puigdemont llevará la batalla con el Estado a cuenta del referéndum hasta las últimas consecuencias. Del mismo modo que todos expresan una duda enorme respecto del resultado final del enfrentamiento. "Es como un partido de baloncesto que llega al último minuto con ventaja de tres o cinco puntos para uno de los dos. Todo está abierto, puede pasar de todo", afirma un cargo del PDECat.

JORDI BEDMAR

Carles Puigdemont, en su toma de posesión como 'president', el 12 de enero del 2015.

"Esta es una partida muy táctica donde creo que las dos partes lo fían más al error del otro que a la iniciativa propia, y con muy poco margen para la política en el escenario a corto plazo", afirma un miembro del Govern que sigue creyendo en un final negociado al contencioso, pase lo que pase. Mientras, la batalla por el relato y la retórica, que es tanto como decir la de la imagen, que pasa por demostrar que el otro es el 'antidemócrata', presidirán previsiblemente el enfrentamiento entre las dos instituciones implicadas: el Govern y el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

SIN ACELERONES

La comunicación de la fecha y la pregunta, con todo, no acelera nada. En el mismo momento en que Puigdemont se abrazó a la idea del "referéndum o referéndum", en el debate de la cuestión de confianza -motivada por el 'no' de la CUP a los primeros presupuestos de la legislatura- se abrieron dos calendarios. Uno es el de cuándo se comunicaba la fecha y lo que se escribiría en la papeleta. Ahí la referencia fue el Pacte Nacional pel Referéndum y se esperaba que su ejecutiva, comandada por Joan Ignasi Elena, diera por finalizada su labor, para poner el círculo rojo en el primero de octubre.

El otro calendario es estrictamente el del referéndum y se desarrolla hacia atrás. Partiendo del 1 de octubre, ya se puede deducir que días antes se aprobará la ley de transitoriedad y se convocará la cita con las urnas, todo en un solo movimiento relámpago. Y tirando para atrás, aparecen los procesos de adquisición de urnas y papeletas (ya en marcha), la constitución de la sindicatura electoral, el censo...

JOSÉ LUIS ROCA

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sale del Congreso, el pasado 31 de mayo.

La fecha que sí cuenta y con la que se trabaja a destajo en el Govern es la del primero de septiembre. Por entonces, el área de Hisenda del departamento de Economia ya tendrá en marcha tanto el programa informático Espriu como la central de compras. Se estará ya en disposición de recaudar y ejecutar el pago de todas aquellas competencias que prevé el Estatut. "El primero de septiembre nos pondremos en el límite del autonomismo, aun dentro del límite constitucional, pero tan cerca de la línea roja que con mover un dedo del pie ya la vulneraremos", explica gráficamente un portavoz del Govern. Ponerse al lado de la frontera es, sin duda, el paso previo a cruzarla, algo que llegará con la propia aprobación de la ley de transitoriedad.

CONFIANZA SOBERANISTA

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El soberanismo encara esta última fase con cierta confianza, entre otras razones, porque las voces que les llegan de Madrid les indican que el Gobierno sigue sin tener las antenas bien sintonizadas en Catalunya. Les llegan informes de que la Moncloa sigue dando por hecho, por ejemplo, que los posconvergentes y los republicanos continúan a la greña tratando, unos, de que Oriol Junqueras se manche las manos, para que lo inhabiliten, y los otros, intentando esquivar que su jefe de filas quede fuera de juego. O que dan por seguro que, finalmente, los 'comuns' se alinearán con el frente constitucionalista, es decir, con el PP y Ciutadans (y el PSC).

Fuentes del Govern esperan que el actual tacticismo de los 'comuns' caduque con la respuesta del Estado -mediante la fiscalía o el propio Tribunal Constitucional- a la convocatoria del referéndum, a mediados de septiembre. "No podrán seguir silbando, no hay equidistancia posible", apunta una voz que se muestra convencida de que los 'comuns', no tanto la dirección como su electorado, participarán en la consulta.