PERSPECTIVAS ELECTORALES

La izquierda hubiera rozado la mayoría absoluta el 20-D con una coalición de Podemos e IU

Una lista conjunta de la izquierda alternativa habría obtenido 85 escaños, a tres del PSOE

La izquierda hubiera rozado la mayoría absoluta el 20-D con una coalición de Podemos e IU
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Jose Rico
Jose Rico

Jefe de la sección de Política

Especialista en política catalana

Escribe desde Barcelona

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La desunión de la izquierda acaba favoreciendo a la derecha. No es un mantra, es una realidad política que se volvió a poner de manifiesto en las elecciones generales del 20-D. Ahora que todo apunta de nuevo a las urnas, Podemos e Izquierda Unida (IU) han relegado sus mutuos recelos en pos de la unidad electoral, algo que el partido de Pablo Iglesias desechaba hace pocos meses porque se sentía fuerte. Sin embargo, si entonces hubiese existido la misma predisposición a unir fuerzas, quizá hoy España ya tendría un presidente del Gobierno. O no. Pero, en cualquier caso, el equilibrio de fuerzas entre la izquierda y la derecha se hubiese decantado claramente a favor de los progresistas.

Según cálculos del Gabinet d'Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP), una coalición de Podemos e IU hubiera sido la tercera fuerza política con 85 escaños, 14 más que la suma actual de diputados lilas (69) y rojiverdes (2). Dicho resultado se obtiene de aplicar la Ley d'Hondt con la suma de los votos reunidos por ambos partidos en diciembre, un total de 6.112.596 sufragios (el 24,11%). Si esa candidatura conjunta hubiese fructificado y recabado exactamente las mismas papeletas, la izquierda alternativa se habría quedado a solo tres escaños del PSOE, que hubiera logrado 88 parlamentarios, dos menos. Pero también hubiese erosionado a las marcas de centroderecha: el PP tendría ahora 116 escaños, siete menos, y Ciudadanos se habría tenido que conformar con 36 diputados, cuatro menos.

Cara a las negociaciones de la investidura, a Pedro Sánchez le hubiera costado más convencer de que "la izquierda no suma", argumento con el que justificó su acuerdo con el partido de Albert Rivera. El PSOE y la coalición de Podemos e IU hubieran sumado 173 escaños, a solo tres de la mayoría absoluta, un escollo fácilmente salvable con el apoyo o abstención de alguna fuerza minoritaria. Las izquierdas, pues, habrían conseguido 12 representantes más que los 161 que sumaron el 20-D. Cualquier maniobra de PP y Ciudadanos para neutralizar un Gobierno progresista hubiese sido en vano porque la suma de ambas fuerzas, 152 diputados (11 menos que ahora), hubiera quedado a mucha distancia de las izquierdas.

El 20-D, IU tan solo obtuvo representación por Madrid, mientras que Catalunya, a través de En Comú Podem, fue el principal nutriente de Podemos, con 12 escaños. De haber concurrido juntos Iglesias y Alberto Garzón, el mayor fortín de la coalición hubiese sido Andalucía, el histórico granero de votos de Izquierda Unida. Allí el partido lila logró 10 diputados, pero podría haberse hecho con 14, arrebatándole dos al PP, uno al PSOE y otro a Ciudadanos. También en Castilla-La Mancha, otro tradicional feudo izquierdista, se hubiera producido un salto importante. En esta comunidad, Iglesias solo pudo conseguir un parlamentario, pero de haber ido de la mano con IU podría haberse adjudicado cuatro, quitándole dos a Ciudadanos y uno al PP.

CAMBIOS EN PROVINCIAS PEQUEÑAS

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Los datos desglosados por provincias demuestran que esta fallida coalición hubiese perjudicado mucho más a las fuerzas conservadoras que al PSOE. Los socialistas solo habrían perdido un diputado en Jaén y otro en Álava. Los populares habrían cedido escaños en GranadaMálagaTeruelZaragozaLas PalmasCiudad Real y Murcia. Y los 'naranjas' se hubieran quedado sin representación en GuadalajaraAlbacete y Tenerife, y hubiesen perdido uno de los dos parlamentarios que lograron por Sevilla. Como consecuencia de estos trasvases, Podemos e IU habrían estrenado su casillero en JaénTeruelAlbaceteCiudad Real y Guadalajara, circunscripciones donde el 20-D se quedaron a cero.

Aunque no es el único, la ley electoral resulta un factor determinante para explicar estos cambios. Se trata, en su mayor parte, de provincias donde están en juego pocos escaños, de 3 a 5, por lo que la dispersión del mismo perfil de voto en varias candidaturas lastra a las marcas más débiles.