24 oct 2020

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Tensión en las filas conservadoras

La frágil silla de Rajoy

El 'escándalo Rato' se une a las cuitas internas de un PP deprimido que barrunta un susto electoral

El presidente intenta recomponerse contrarreloj con más presencia en medios y actos de partido

GEMMA ROBLES / MADRID

Son días marcados por el 'escándalo Rato' y por la escandalosa polvareda política y social que ha provocado el saber que, además de acogerse a la amnistía fiscal del PP, el exvicepresidente y a la sazón icono económico de su partido está siendo investigado por varios delitos de peso. Son días de teorías de la conspiración sobre quién y por qué filtró desde el Ejecutivo conservador o desde alguna de las instituciones que supuestamente están bajo sus paraguas una información que erosiona la credibilidad de los propios populares y los coloca en una situación límite en un año hiperelectoral. Esas teorías, variopintas y en algún caso pseudonovelescas, tienen un sorprendente nexo común: el hipotético deseo de algunos de mover la silla del poder al presidente Mariano Rajoy aprovechando que las patas sobre las que se sustenta evidencian vulnerabilidad. Y eso que aún no ha cumplido ni su primera legislatura.

Con independencia de que resulten más o menos creíbles, es un mal síntoma para la salud del PP el simple hecho de que circulen a velocidad de vértigo hipótesis sobre qué ministro o qué cargo público ha hecho llegar hasta la ciudadanía los detalles del polémico 'caso Rato', cuya difusión coloca al presidente y a sus aspiraciones electorales para el mes de mayo en una delicadísima situación. Nadie niega ya esta mayor, ni en Moncloa ni en la sede de la madrileña calle de Génova.

DAR LA VUELTA A LA CAMPAÑA

Mientras algunos miembros del Gabinete de Rajoy se miran de reojo a raíz de la explosión del 'Ratogate' -especialmente los ministros económicos-, dirigentes del PP revisan una y otra vez la letra pequeña de las encuestas (y eso que las publicadas hasta hoy apenas recogen el efecto en voto de lo sucedido en torno a Rato) y buscan salidas. ¿Cómo darle la vuelta a una campaña electoral que estaba preparada y basada fundamentalmente en otro supuesto 'milagro económico', un término tan asociado con el proscrito exvicepresidente?. «Tanto trabajo acumulado para las elecciones de mayo y para nada», se lamentaba amargamente en los pasillos del Congreso de los Diputados un destacado cargo del partido.

En este contexto es en el que parte del PP (especialmente responsables regionales y locales) se pregunta por qué el Gobierno se escuda en la legalidad para no difundir la lista de los 715 cargos públicos que están siendo investigados ahora por Hacienda tras haberse acogido a la amnistía de Cristóbal Montoro. Se han atrevido a reclamarlo en público el vicesecretario general Esteban González Pons y el candidato José Antonio Monago, pero son muchos más los que se lo piden de forma más discreta a sus superiores.

El principal argumento para defender una posición es que si en tan nutrido listado hay ilustres nombres y apellidos ligados a otras fuerzas políticas, como sospechan, el daño electoral que ya barruntan podrían ser algo más repartido. Cabe resaltar que los populares empiezan a asumir la idea de perder un feudo tan significativo como Valencia y de lo complicado de mantener incluso Madrid, además de reconocer dificultades en prácticamente todas las capitales de provincia y demás territorios para poder gobernar si no es a través de pactos. De ahí el interés (y temor) con el que observan el imparable ascenso de Ciudadanos.

LA AMNISTÍA FISCAL

Pero Rajoy no parece estar por la labor de publicar esa lista. Al menos, eso es lo que dijo el miércoles en la Cámara baja, donde la amnistía fiscal -un trago que los populares daban ya por superado- se convirtió de nuevo en protagonista por el 'caso Rato'. Y lo volverá a ser la próxima semana, por obra y gracia de una oposición que no piensa soltar ese 'hueso' político a un mes de la cita con las urnas.

Por si el presidente tenía poco, otro exministro (ahora embajador en Londres) y uno de sus veteranos parlamentarios, Federico Trillo Vicente Martínez Pujalte, respectivamente, se ven señalados por haber simultaneado labores parlamentarias con el asesoramiento «oral» a una empresa que contrataba obra pública. Todo eso mientras Rajoy intenta recomponerse contrarreloj y con más presencia ante los medios (mañana participará en un coloquio informativo) y actos del partido. Ese PP sumido en depresión que dejó ver esta Semana Santa la guerra soterrada que hay entre algunos de sus dirigentes destacados y que observa, con cierta estupefacción, como barones como Alberto Núñez Feijoo aprovechan los tiempos revueltos para jugar con la ambigüedad sobre sus posibilidades ante una hipotética sucesión de Rajoy.

Pero el presidente intenta afianzarse en una silla que se ve frágil e insiste, ante los que se afanan en movérsela, en que volverá a presentarse a las generales porque le toca.