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Conmemoración oficial del Onze de Setembre

Entre 1714 y Luther King

El «sueño de libertad» del pastor estadounidense se cuela en el acto institucional de la Diada del Tricentenari

JOSE RICO / BARCELONA

La Diada ha regresado a sus orígenes. La conmemoración de los 300 años de la caída de Barcelona en la guerra de sucesión española, el Onze de Setembre de 1714, impregnó de solemnidad los actos institucionales, que el Govern de CiU había trasladado del Parc de la Ciutadella al gran santuario del independentismo catalán, el Fossar de les Moreres. A 59 días de la fecha fijada para la consulta soberanista, las alusiones a la «libertad» de Catalunya se elevaron a la enésima potencia y se entrelazaron con la hipersimbólica e insólita ofrenda floral de un presidente de la Generalitat a la que fue la fosa común del cementerio anexo a la hoy basílica de Santa Maria del Mar y donde se enterraron a los últimos «mártires» del cerco borbónico. Un espacio bautizado la «urna del honor» y en el que no caben, según reza la inscripción que preside la plaza, «ningún traidor».

Pero entre tanto tributo a los referentes del catalanismo, y ya en la Llotja de Mar, donde tuvo lugar el acto central, en el que se sucedían textos y piezas musicales con la reivindicación de las libertades perdidas en 1714 como inspiración común, se coló una figura no catalana, un icono universal: Martin Luther King. Resultaba sencillo escoger cuál debía ser la frase del pastor estadounidense que resonase en la antigua sede de la Bolsa de Barcelona y en el contexto político actual: «Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar en la libertad, soñar en la justicia, soñar en la igualdad. Y ojalá ya no tuviese necesidad de soñarlas».

La presencia de Luther King en el acto de la Diada tuvo especial enjundia justo 24 horas después de que el presidente de ERC, Oriol Junqueras, invocase su ejemplo para apelar a la desobediencia civil de los catalanes en caso de que el Tribunal Constitucional prohíba la consulta del 9-N, un llamamiento que fue deplorado, con acusaciones de «golpismo» en algún caso, por los tres partidos que no enviaron representación al Fossar de les Moreres, santuario de independentismo: el PSC, el PPC y Ciutadans. Los socialistas no consideraban «institucional» este acto y solo acudieron a la Llotja de Mar, donde, en cambio, no se vio ni a populares, ni a Ciutadans, ni a la CUP.

Sin embargo, hubo otra triple ausencia que llamó la atención: la de los tres expresidentes de la Generalitat. Cabe reseñar que cada uno causó baja por razones muy diferentes. El de ayer fue el primer gran acto oficial, y la de hoy la primera Diada, sin Jordi Pujol, retirado forzosamente de cualquier actividad política desde la confesión de su fraude fiscal. Puede decirse que nadie le echó de menos. Pasqual Maragall, por motivos de salud de sobra conocidos, y José Montilla, por el fallecimiento de su madre, tampoco estuvieron presentes.

Día de confraternización

La jornada revistió el carácter que el Govern buscaba con el nuevo formato: la confraternización de las huestes soberanistas la víspera de la que busca ser, por tercer año consecutivo, la mayor manifestación de la historia de Catalunya -precisamente para no hacerle sombra se trasladaron los fastos oficiales al día 10-, y a las puertas del momento decisivo del proceso hacia la consulta.

Los escasos ciudadanos que puedieron otear la ofrenda floral en el Fossar de les Moreres, recinto que fue blindado a cal y canto incluso para los periodistas, lanzaron consignas a la favor de la independencia. Algo que ha sucedido siempre en los actos de la Diada y que ya ha dejado de ser noticioso.