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Mirador

¿Qué sentido tiene?

Rosa Paz

Ahora que ni siquiera el Gobierno duda de que el terrorismo etarra ha desaparecido, como bien refleja la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada por el Consejo de Ministros la pasada semana, que da a ETA por derrotada aunque la mantiene en la lista de organizaciones terroristas hasta que se disuelva, buena parte de la ciudadanía vasca se pregunta qué sentido tiene que Arnaldo Otegi siga en prisión. PNV y PSE expresaron esa opinión ciudadana cuando el Tribunal Constitucional denegó ayer la libertad al líder aberzale hasta que se resuelva -se espera que pronto- el recurso de amparo interpuesto contra su condena a seis años y medio de cárcel.

Esa opinión extendida en Euskadi no es nueva, ni es producto de una campaña de la izquierda aberzale, ni se debe a que, de pronto, a la mayoría de los vascos les haya dado por pensar que no se deben penar los delitos, aunque hay muchos, claro, que confían en que tarde o temprano la reinserción de los presos cierre definitivamente la negra etapa del terrorismo.

En el caso de Otegi es el simple convencimiento de que fue detenido en octubre del 2009 -junto a Rafa Diez Usabiaga y los otros tres dirigentes condenados- cuando estaba precisamente alejando a Batasuna de la violencia de ETA, encaminándola hacia las vías democráticas a través de la creación de un partido legal y presionando a la banda terrorista, ya en aquellos días muy debilitada a causa de la acción policial y la pérdida de apoyo social, para que dejara las armas.

La evolución de los acontecimientos ha venido a confirmar esas intenciones. Porque, salvo un sector muy reducido de la derecha -que sostiene que estamos ante un cese trampa de la violencia- la mayoría de los ciudadanos y de las fuerzas políticas vascas constatan que en Euskadi se respira una atmósfera de tranquilidad impensable cuando se van a cumplir dos años del anuncio del «cese definitivo» del terrorismo, han pasado tres años del último asesinato de ETA -el policía francés Jean Serge Nérin- y el próximo mes se cumplirán cuatro del último atentado perpetrado como tal, que les costó la vida a dos guardia civiles en Mallorca.

Ha ido ocurriendo lo que Otegi afirmaba pretender. ETA ha parado y la izquierda aberzale ha sido legalizada, primero con sus marcas electorales, Bildu y Amaiur, más tarde como partido, Sortu. Claro que a muchos les disgusta que la izquierda aberzale esté en todas las instituciones y gobierne en la Diputación de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián, pero así es la democracia, deciden los votos de los ciudadanos y no la extorsión, las pistolas o las bombas. En eso se ha avanzado, pero la izquierda aberzale todavía tiene que acostumbrarse a transitar por los derroteros institucionales y la excarcelación de Otegi ayudaría.