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Más allá de Sánchez y Macron

La visita de Estado de Emmanuel Macron, la primera de un presidente francés en 17 años, refleja el acercamiento político y económico entre ambos países

Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, en el Palacio de la Moncloa.

Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, en el Palacio de la Moncloa. / José Luis Roca

La proximidad geográfica, la interdependencia económica y la pertenencia compartida a la UE hacen de Francia un socio estratégico para España. La visita de Estado de Emmanuel Macron, la primera de un presidente francés en 17 años, refleja el acercamiento político y económico entre ambos países y su creciente convergencia en torno a cuestiones como la integración europea, el multilateralismo y la autonomía estratégica de la Unión. Este entendimiento es fruto de una evolución de la relación bilateral que ha permitido superar o reconducir algunas de las tensiones que durante décadas la condicionaron, especialmente en materia fronteriza y antiterrorista.

La cooperación policial y judicial en la lucha contra ETA fue decisiva para generar confianza y avanzar en la normalización de las relaciones, sentando las bases de una mayor coordinación ante los desafíos europeos e internacionales. Esta convergencia adquiere especial importancia en un contexto de incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea y de creciente competencia geopolítica. La sintonía entre Emmanuel Macron y Pedro Sánchez ha contribuido a reforzarla, pese a sus distintas tradiciones políticas y a las divergencias persistentes sobre China, el gasto en defensa y las prioridades energéticas, que evidencian cómo la convergencia política no elimina la diversidad de intereses nacionales.

Las divergencias entre ambos países persisten, especialmente en el ámbito energético, donde las limitaciones de las interconexiones dificultan la integración de la península ibérica en el mercado europeo y el aprovechamiento de su potencial renovable. La paralización del proyecto MidCat y las discrepancias sobre la energía nuclear y el origen del hidrógeno evidencian las dificultades para conciliar sus respectivas estrategias. En este contexto, el desarrollo del corredor H2Med y de las conexiones eléctricas y ferroviarias será clave para traducir la convergencia política en compromisos concretos. A estos desacuerdos se suman las tradicionales fricciones en materia agrícola.

Estas diferencias, sin embargo, no han impedido la voluntad de estrechar los vínculos bilaterales, aunque el rechazo del Senado a la ratificación del Tratado de Amistad y Cooperación, firmado en 2023, introdujo un elemento de desencuentro durante la visita de Macron. Las objeciones del PP a la participación recíproca de ministros en los consejos de Gobierno y a otros compromisos del acuerdo impidieron su ratificación, pese al aval de constitucionalidad del Tribunal Constitucional. Este resultado supone un revés para la institucionalización de la cooperación, aunque no altera los mecanismos bilaterales existentes ni implica una ruptura de las relaciones.

El eje París-Madrid, sustentado en el peso de Francia y España como segunda y cuarta economías de la UE, respectivamente, puede contribuir a reforzar la cohesión europea y orientar sus prioridades comunes, especialmente ante la incertidumbre geopolítica y las dificultades del tradicional motor franco-alemán. No obstante, su capacidad de influencia dependerá de que ambos gobiernos logren articular posiciones compartidas, gestionar sus divergencias y consolidar una cooperación institucional que perdure más allá de los actuales liderazgos.

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