
Periodista
San Iñaki, 'ora pro nobis'
Resulta penoso que algunos de los lugares -físicos, no virtuales- donde se practica el tiro al blanco contra el rival/enemigo sean algunas de las instituciones que nos representan a todos
Los 70 años de Maricarmen en su casa de Retiro: del contrato de 1956 al desahucio de 2026

El periodista Iñaki Gabilondo. / José Luis Roca
Predicar en el desierto es una inversión discutible. Supone un desafío para cualquier orador porque se entiende que larga su discurso sin público. O peor aún, ante un auditorio incapaz de (querer) escuchar el mensaje. Pero es lo que hizo Juan el Bautista: elegir un espacio libre de distracciones mundanas, como el desierto, para anunciar la llegada de Jesús. Eso es, al menos, lo que cuenta la Biblia, que, por cierto, en la categoría de novela podría ganar tantos premios como la mejor serie de televisión. Sí, ya sé que todo puede explicarse desde el simbolismo y que, en este caso, donde dice desierto debemos imaginar un lugar, el que sea, que nos invite a la introspección y elimine nuestras falsas seguridades.
Pero la frase de marras, literal, me asaltó al escuchar a Iñaki Gabilondo en la radio; ¿dónde, si no? Se celebraban los cuarenta años de 'Hoy por hoy', el programa que él puso en marcha y que hoy dirige otro donostiarra, Aimar Bretos. Cuando este le planteó cuál sería su primera pregunta a los españoles dentro de otros cuarenta años, Iñaki no dudó: “les preguntaría si los enemigos habían vuelto a ser rivales, y solo rivales. Porque si es así, la vida es estupenda. Pero cuando los rivales pasan a ser enemigos la cosa se puede poner peligrosa; y creo que en este momento se está poniendo peligrosa”. Por seguir con la metáfora religiosa, yo diría que Iñaki tiene más razón que un santo. Y resulta penoso que algunos de los lugares -físicos, no virtuales- donde se practica el tiro al blanco contra el rival/enemigo sean algunas de las instituciones que nos representan a todos: el Congreso, el Senado, la Asamblea de Madrid...Aunque no solo la política está emponzoñada. Los insultos y las amenazas de muerte a Marc Giró, el acoso a las ONG desplegadas en Ceuta o, el colmo, las críticas a Mari Carmen, la pobre mujer desahuciada en Madrid, aludiendo a su condición de funcionaria, o a que tenía un chollo viviendo por cuatro duros en el Retiro, todo apunta en la misma dirección: la pandemia del odio. Por eso hay que seguir predicando. Aunque sea en el desierto.
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