Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Ágora
Josep Ramon Bosch

Josep Ramon Bosch

Presidente de 'The Grey'

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Mossos y Guardia Civil, ante los nuevos retos de seguridad

Conviene recuperar para el cuerpo un mayor arraigo social en Catalunya: facilitar la integración de las familias, favorecer el uso del catalán y convivir con naturalidad con Mossos y policías locales

01/01/1970 Un agente y un coche de la Guardia Civil. POLITICA GUARDIA CIVIL DE VALLADOLID

01/01/1970 Un agente y un coche de la Guardia Civil. POLITICA GUARDIA CIVIL DE VALLADOLID / GUARDIA CIVIL DE VALLADOLID / Europa Press

Durante los años del 'procés', Catalunya se acostumbró a mirar demasiadas cosas a través de una frontera imaginaria entre lo catalán y lo español, y aquella división alcanzó incluso a los uniformes. Los Mossos d’Esquadra fueron convertidos por una parte del nacionalismo en expresión de una soberanía deseada, mientras la Guardia Civil quedó reducida, en el relato contrario, a la imagen de un Estado que parecía llegar desde fuera. Era una simplificación políticamente rentable, pero históricamente pobre e inútil ante las amenazas que vienen.

La propia historia de los Mossos desmiente esas lecturas. Sus antecedentes se encuentran en las escuadras surgidas en la Catalunya posterior a la Guerra de Sucesión, al servicio del nuevo orden borbónico. En 1868 fue el general Prim, catalán de Reus y figura central de la política española, quien decretó su disolución. Volverían después hasta convertirse en la policía integral de la Generalitat.

Algo parecido ocurre con la Guardia Civil. Fundada en 1844, estuvo presente en Catalunya desde el principio. Durante más de 180 años sus miembros han servido en carreteras, pueblos, costas y fronteras. El despliegue de los Mossos redujo sus funciones ordinarias, pero no eliminó unas competencias hoy especialmente estratégicas.

Pocas biografías explican mejor el sentido del deber que la del coronel Antonio Escobar Huerta. Católico, conservador y militar profesional, permaneció fiel en julio de 1936 a la legalidad republicana y participó en Barcelona en la derrota de la sublevación. No necesitó compartir una ideología para comprender dónde estaba su obligación: su lealtad era al orden jurídico y a la continuidad del Estado.

La Guardia Civil tampoco puede recordarse en Catalunya solo por sus competencias. El atentado de ETA contra la casa cuartel de Vic, el 29 de mayo de 1991, causó diez muertos, cinco de ellos niños. No murieron símbolos del Estado, sino personas que vivían aquí. Detrás de cada uniforme hay una biografía, una familia y una vida puesta al servicio de los demás.

Pero el motivo principal para pensar hoy en la Guardia Civil no está en el pasado, sino en el futuro. Europa ha recuperado palabras que creía superadas: fronteras, sabotaje, terrorismo, infraestructuras críticas, guerra híbrida, resiliencia. Catalunya es un territorio intensamente conectado: frontera con Francia, litoral mediterráneo, grandes puertos y aeropuertos, corredores ferroviarios y viarios, instalaciones energéticas e industria. Cuanto más abierta está una sociedad, más puntos tiene que proteger.

Ahí adquieren sentido competencias de la Guardia Civil poco visibles pero decisivas: armas y explosivos, resguardo fiscal, contrabando, vigilancia marítima, funciones en puertos y aeropuertos, terrorismo, delincuencia organizada y cooperación internacional. El crimen transnacional no entiende de fronteras administrativas ni de discusiones competenciales.

Nada de ello disminuye a los Mossos. Catalunya necesita unos Mossos fuertes, profesionales, bien equipados y socialmente respetados. Pero una institución no se fortalece negando la utilidad de las demás. Los Mossos no son menos catalanes porque cooperen con la Guardia Civil, ni la Guardia Civil es menos estatal porque eche raíces en Catalunya.

Conviene recuperar para la Guardia Civil un mayor arraigo social en Catalunya: facilitar la integración de las familias, favorecer el uso del catalán y convivir con naturalidad con Mossos y policías locales. Nada de eso debilita su carácter estatal; lo hace más próximo y eficaz.

La pregunta, por tanto, no es Mossos o Guardia Civil, sino qué seguridad queremos para Catalunya. La respuesta pasa por unos Mossos fuertes y arraigados y por una Guardia Civil sólida en sus competencias, junto con Policía Nacional, policías locales, jueces, fiscales y servicios de inteligencia. Durante demasiado tiempo convertimos los uniformes en símbolos de nuestras trincheras. El futuro exigirá algo más difícil y más noble: que instituciones distintas sepan servir juntas cuando de verdad importa.