
Actor
Cuando lo único que nos queda es especular
La especulación permite divagar respecto a cuestiones donde nadie da la última palabra porque nadie sabe lo suficiente
El director ejecutivo de Anthropic pide una desaceleración inmediata en el desarrollo de la IA

Fotografía de archivo donde se muestra varios modelos de inteligencia artificial. EFE/EPA/HANNIBAL HANSCHKE. NO VENTAS ZONA EPA / HANNIBAL HANSCHKE / EFE
Durante estas vacaciones, un periodo en el que nuestra vida social aumenta, he comprobado que existen una serie de temas que se han ido transformando en recurrentes en reuniones de sobremesa, de esas que dan de sí porque se especula muchísimo sobre temas de actualidad. Y a las personas nos encanta especular, pues especular te permite hacer conjeturas y exponer teorías sobre las que nadie tiene certezas y, por tanto, se puede divagar respecto a cuestiones donde nadie da la última palabra porque nadie sabe lo suficiente.
Un ejemplo de ello ha sido el caso del malogrado Isak Andic, un tema idóneo para crear hipótesis y especular sobre si tal o cual es o no es… Otro tema recurrente también es el futuro de inteligencia artificial (IA), o mejor dicho, el futuro que nos espera con el desarrollo de la IA. Hay afirmaciones de todo tipo, aunque en general se habla más de lo que nos puede perjudicar que de las enormes ventajas que nos ofrece. Últimamente, los desarrolladores de estos sistemas nos han alertado de la posible destrucción humana si no controlamos su desarrollo. Dicen que puede suponer la aniquilación de nuestra especie. Pero también se teme por la destrucción de un gran número de trabajos, o de la desinformación, o la manipulación que de manera temeraria nos controle. Existe también la preocupación de que la IA invada nuestra privacidad, de que acabemos padeciendo una excesiva dependencia de ella y otras muchas cosas más.
Puede que haya mucho de cierto en todo ello. Pero hay un caso concreto que me ha llamado mucho la atención. Algo que me contó un amigo librero y que después he podido ver publicado en prensa, no sé si ustedes estarán enterados: se trata de una empresa canadiense que está adquiriendo indiscriminadamente en todo el mundo miles de libros de viejo que acumula en polvorientos almacenes y con cuyo contenido alimenta sus bases de datos para posteriormente destruirlos y hacer pasta de papel. Esto ha creado una enorme contradicción entre los libreros de viejo porque se topan con un dilema ya que ellos, que se sienten garantes de la existencia del libro físico, se convierten en colaboradores necesarios de la destrucción de los ejemplares impresos.
Un dilema y una preocupación más que conlleva esta evolución hacia un mundo del que nos asusta casi todo y del que únicamente nos cabe especular.
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