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Opinión | En clave europea

Eliseo Oliveras

Eliseo Oliveras

Analista sobre la UE y la OTAN

Nuevo aviso a la UE en Alemania

Tino Chrupalla, colíder del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), celebra los resultados en los comicios estatales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

Tino Chrupalla, colíder del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), celebra los resultados en los comicios estatales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. / JOHN MACDOUGALL / AFP

La humillante derrota de los democristianos del canciller alemán, Friedrich Merz, en las elecciones regionales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y de Berlín del pasado 20 de septiembre frente a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y a la izquierda radical Die Linke, respectivamente, es un nuevo aviso sobre el malestar social desatendido en Alemania y en los otros países de la Unión Europea (UE).

Pero lejos de la autocrítica, Merz, un multimillonario propietario de dos jets privados, responsabiliza a "los extremismos destructivos" de la debacle electoral causada por sus propios errores. Solo el 14% de los alemanes aprueba la gestión de Merz, según el sondeo de RTL. En lugar de proponer medidas para resolver la crisis del coste inasequible de los pisos que existe en Berlín y que dio la victoria a la izquierda radical, Merz y los democristianos de la CDU se plantean encargar al servicio de inteligencia que investigue a Die Linke por extremismo, antisemitismo y vínculos con el crimen organizado, según la agencia Euractiv.

Los dirigentes de la UE, los gobiernos y los partidos tradicionales llevan ya dos décadas olvidando el contrato social sobre el que se sustenta el funcionamiento de la democracia y desatienden el malestar de los votantes por la creciente desigualdad, el elevado coste de la vida y la vivienda, la injusticia tributaria y el deterioro de los servicios. Los altos salarios y los cómodos privilegios de la mayoría de dirigentes políticos les aíslan de las dificultades cotidianas de sus conciudadanos. El salario mensual sin complementos de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, por ejemplo, es más del doble del salario mínimo bruto anual de España.

Creciente desigualdad

"La gente vota a la extrema derecha porque siente que la democracia no es suficientemente democrática", ya que se ha descuidado su pilar fundamental socioeconómico y un reparto más equitativo del poder y de los beneficios económicos, advierte la filosofa política Erica Benner, autora de Aventuras en democracia: El turbulento mundo del poder popular.

Detrás del voto a partidos ultras, como AfD, está "el coste de los productos básicos, la vivienda, el gas, el petróleo, la electricidad, la sanidad…", destaca Benner, profesora de la London School of Economics. El auge ultra está alimentado por la creciente brecha social y las dificultades cotidianas de la población, exacerbadas por una regulación deficiente, indica Benner en su ensayo La democracia bajo amenaza dentro del Anuario Internacional CIDOB 2027. Asedio a la democracia.

La revista británica The Economist, emblema del liberalismo, ya destacó en 2017, diez años después de la gran recesión, que el crecimiento descontrolado de la desigualdad dejaba atrás a la clase media y a los trabajadores, alimentando el malestar y la polarización.

Manifestación en Bruselas

Antes, en 2010, el excomisario europeo Mario Monti advirtió en un informe sobre el Mercado Único que el enfoque tecnocrático y economicista que adoptaba la legislación de la UE bajo el dictado de la Comisión Europea podía alienar el apoyo de los trabajadores y sindicatos. Precisamente este 24 de septiembre, miles de miembros de la Confederación de Sindicatos Europeos se manifestaron en Bruselas contra la propuesta de la Comisión Europea de crear un nuevo régimen regulador común para las empresas en la UE, denominado EU Inc. Los sindicatos acusan al Ejecutivo comunitario de abrir una vía para desmantelar los derechos laborales y salariales de los trabajadores en la UE mediante "una carrera hacia abajo en salarios y condiciones laborales en todo el continente".

La líder socialdemócrata sueca, Magdalena Andersson, que ganó al frente del bloque progresista las elecciones legislativas del pasado 13 de septiembre por un margen de tres diputados, reconoció que el avance del voto ultra de las dos últimas décadas se debía a que los partidos tradicionales "no habían sido capaces de responder" a las necesidades de los ciudadanos tras el inicio de la recesión en 2008. Andersson destacó que "si los gobiernos ofrecen realmente mejores niveles de vida, mejores escuelas, mejor sanidad, construyen una sociedad donde la gente pueda sentir esperanza en el futuro", el espacio para los partidos ultras será más pequeño. Cas Mudde, uno de los mayores expertos mundiales en la ultraderecha, lleva tiempo insistiendo en que para frenar el voto ultra los gobiernos y partidos tradicionales deben dar una respuesta efectiva papable a las preocupaciones ciudadanas.

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