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Opinión | 610,8 km
Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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Más allá de la 'madriditis'

Estamos asistiendo, de forma silenciosa, al auge y crecimiento de otra España, alejada de la M-30, productiva y exportadora, menos dependiente del BOE y que no necesita hacerle la pelota al Estado

Archivo - Sede del BBVA en Madrid.

Archivo - Sede del BBVA en Madrid. / Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo

Ninguna de las cinco mayores empresas españolas por capitalización bursátil del Ibex 35 tiene su sede social en Madrid o en Barcelona. Entre Santander (182.000 millones de valor), Inditex (165.000), BBVA (138.000), Iberdrola (135.000) y Caixabank (89.000) representan el 60% del agregado total del índice más seguido de la bolsa. Por ese orden, sus domicilios estná en la capital cántabra, en Arteixo (A Coruña), en Bilbao por partida doble y en València. En los cuatro primeros casos la razón es mantener los orígenes fundacionales. En el caso del banco controlado por Fundación Caixa a través de Criteria, el desplazamiento a València se produjo como consecuencia del 'procés' (de eso hará pronto diez años) y se espera, tal como ocurrió con su principal accionista, que regrese en algún momento a Barcelona. Un dato más: la empresa de capital privado, no cotizada, más grande de España por facturación, Mercadona, tiene su sede también en la capital de la comunidad valenciana.

Inditex y Mercadona se diferencian del resto por mantener, además de la sede social, la operativa y el corazón de sus equipos de dirección en sus ciudades de origen. No es el caso de los bancos. Las grandes sedes operativas de Santander y BBVA están en Madrid. Caixabank se reparte entre la capital de España y Barcelona; situación que se repite en el caso de Iberdrola con Bilbao.

El debate sobre el peso económico de Madrid está lleno de matices. Depende en qué. La dependencia de la Administración (léase BOE) y la necesidad de establecer y mantener lazos y relaciones con los cuerpos del Estado para preguntar 'qué hay de lo mío' es la principal causa que ha generado el traslado de muchas operaciones administrativas a esta ciudad en los últimos 40 años. Alrededor de las empresas de sectores más controlados, por no hablar de las que fueron privatizadas por el Estado desde mediados de los años 90 y las que siguen controladas por él a través de la Sepi y otras sociedades, se ha generado todo un cúmulo de servicios profesionales que ha ido creciendo a su vera. Junto a ello, Madrid fue acaparando el desembarco de importantes filiales de multinacionales y de todo el ecosistema de banca y fondos de inversión, nacionales e internacionales. Las políticas fiscales definidas por el gobierno autonómico y, por qué no, las inversiones (ejecutadas) en infraestructuras, han propiciado su crecimiento. El dinero y las inversiones atraen más capital, no solo económico, sino también humano.

Se han escrito y se seguirán escribiendo ríos de tinta sobre la que algunos han bautizado como "aspiradora madrileña", capaz de tragarse todo lo que nace y se desarrolla a cientos de kilómetros de la Puerta del Sol. Pero esta 'madriditis' es engañosa. Estamos asistiendo, de forma silenciosa, sin hacer ruido, al auge y crecimiento de otra España, alejada de la M-30, productiva y exportadora, menos dependiente del BOE y que no necesita hacerle la pelota al Estado. Una España, que aprovecha la riqueza de nuestras ciudades medianas, todas excepcionales, de su calidad de vida envidiable.

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