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Collboni consolida su primacía

El alcalde no levanta pasiones, pero tampoco animadversiones y no tiene delante una alternativa clara

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, posa en el edificio rehabilitado por el ayuntamiento en la calle d'en Botella, 16, antes de la entrevista con El Periódico

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, posa en el edificio rehabilitado por el ayuntamiento en la calle d'en Botella, 16, antes de la entrevista con El Periódico / FERRAN NADEU

Cuando falta menos de un año para las elecciones municipales, EL PERIODICO publica en las Festes de la Mercè su encuesta anual sobre la ciudad de Barcelona. Los resultados consolidan la tendencia de estos tres años del mandato: Jaume Collboni y el PSC son los únicos que mantienen, con una ligera tendencia al alza, los apoyos que tuvieron en el año 2023 aunque, a pesar de la falta de oposición, tampoco despegan. Esquerra sigue al alza y recibe el premio de comprometerse en la gobernabilidad de Barcelona, a pesar de que no entró en el equipo de gobierno. Y las dos últimas fuerzas políticas que ganaron las elecciones municipales en Barcelona, Comuns y Junts, pierden casi la mitad de los apoyos que tuvieron en la última década. El PP, quizás diezmado por la indefinición de su proyecto político en Catalunya hasta hace poco, se mantiene mientras que los populistas de derechas de Vox y Aliança Catalana recogen a la baja, en la capital, la ola a favor.

En cuanto a la valoración de la acción del gobierno municipal se produce, desde hace tiempo, una paradoja: la mayoría apoya las medidas que promueve el alcalde en materias como la vivienda, el turismo o la seguridad, pero la percepción de la ciudadanía de la situación presente y futura de la ciudad es tremendamente negativa. Desde los años de gobierno de Ada Colau el tremendismo se ha apoderado de una parte de los ciudadanos, aunque se expresa con mayor intensidad en las encuestas que en la intención de voto. Collboni no levanta pasiones, pero tampoco animadversiones y no tiene delante una alternativa clara.

Con todo, el PSC y el alcalde, que aún no ha hecho ni un acto de campaña, deben hacer una reflexión de fondo. Son la fuerza más estable desde la debacle de 2011 y llevan ya dos legislaturas gobernando, aunque no siempre hayan tenido la alcaldía. Su electorado tradicional es la base de esa resiliencia. Gobernar la ciudad con 10 concejales está siendo una heroicidad y ha comportado un fuerte desgaste personal para muchos de ellos. Y es lógico que se quiera conservar ese núcleo que, hoy por hoy, le garantiza la alcaldía. Pero la pregunta que deben hacerse es si el partido y el proyecto está evolucionando al ritmo que lo está haciendo una ciudad en la que los no nacidos en Barcelona y en muchos casos los no nacidos en España y en Catalunya son mayoritarios en algunas franjas de edad y en algunos barrios. Y no solo ha aumentado la diversidad de procedencia sino también profesional y cultural. Esta reflexión del ganador todavía tiene que ser más intensa en los partidos que han tenido la alcaldía y ahora ni siquiera ocupan la segunda posición. Junts ha dilapidado el legado de Trias por la tozudez de no designar candidato, a pesar de tener un grupo municipal repleto de aspirantes. La opción de Jordi Martí, que tiene como atributos el conocimiento del ayuntamiento y la cohesión con las bases del partido, hubiera sido aún mejor si no fuera a contrarreloj. El caso de Comuns aún es más grave, porque ha dejado perder a algunos de sus principales activos en el grupo municipal por la obsesión de defender el legado de Ada Colau, no solo en aquello que funcionó, como las 'superilles', sino también en lo que no funcionó, como la vivienda. Esquerra hizo los deberes y los electores lo premian, aunque posiblemente está cerca de su techo.