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Perspectivas ante el alzhéimer

La ciencia ha conseguido avanzar en el diagnóstico a través de biomarcadores plasmáticos en la sangre y el líquido cefalorraquídeo y a través de técnicas de imagen

IQS estudia el mecanismo de influencia de la diabetes en el deterioro cognitivo y el desarrollo del Alzheimer.

IQS estudia el mecanismo de influencia de la diabetes en el deterioro cognitivo y el desarrollo del Alzheimer. / IQS - Archivo

La celebración, el día 21 de setiembre, del Día Mundial del Alzhéimer, ayuda cada año a visibilizar esta enfermedad devastadora, al mismo tiempo que se reclama una mayor comprensión social y se reivindica más investigación y recursos para hacer frente a ella. Se trata de más de 50 millones de personas afectadas en todo el mundo y cerca de un millón en España, con un profundo impacto social en las familias, que se hacen cargo del cuidado del 80% de los casos. Es una enfermedad compleja que, hasta ahora, ha sido tratada desde una perspectiva básicamente asistencial y paliativa de los efectos, sin haber podido entrar en un tratamiento efectivo.

Las perspectivas, sin embargo, están cambiando de manera radical, no solo en la manera de afrontar la enfermedad, sino también en el conocimiento precoz de la misma. Este 2026, justamente, el foco del día mundial se centra en la importancia del diagnóstico temprano. Hasta hace poco más de un año, la manera de determinar que un enfermo padecía alzhéimer era a partir de criterios clínicos. Hoy, la ciencia ha conseguido avanzar en el diagnóstico a través de biomarcadores plasmáticos en la sangre y el líquido cefalorraquídeo y a través de técnicas de imagen. La posibilidad de identificar las alteraciones de las proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro de forma precoz, incluso sin síntomas evidentes, a través de una simple extracción, abre la puerta a una auténtica revolución diagnóstica que viene acompañada de otro avance, aún en un estadio inicial de investigación, que tiene que ver con la aplicación de técnicas de inmunoterapia.

La posibilidad de identificar el alzhéimer en su fase inicial y con más precisión, siendo una excelente noticia, no tendría un recorrido efectivo si no fuera de la mano con la existencia de un tratamiento contra la enfermedad. El desarrollo y aprobación por parte de las agencias reguladoras de dos compuestos de anticuerpos monoclonales, conocidos como Lecanemab y Donanemab, que actúan sobre el mecanismo biológico de la enfermedad y que ralentizan el deterioro cognitivo en un 30% es la noticia más impactante en toda la historia de esta demencia. Es cierto, y conviene recalcarlo, que no se trata de poder curarla, sino de evitar que avance, si se detecta precozmente.

Hace dos meses, la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos decidió no incluir el tratamiento en la sanidad pública, debido al alto coste del mismo, calculado en unos 60.000 euros. No solo por el precio sino por lo que conlleva de seguimiento clínico: una terapia endovenosa en el hospital, con resonancias magnéticas de control y visitas médicas recurrentes. Por otra parte, el hecho de que pueda beneficiarse una parte mínima de los enfermos (se calcula un 5%) es un factor adicional para que España, como ha ocurrido con otros países europeos, haya desistido, por ahora, de incluirlo en la Seguridad Social. Aquí se abre una polémica de orden moral, con numerosas voces del ámbito científico en contra, puesto que se incrementan las desigualdades entre quienes podrán permitirse el tratamiento y quienes se verán excluidos. Pero la necesidad de evaluar la relación coste-beneficio por parte de las autoridades sanitarias, es un factor a tener en cuenta, en una problemática de difícil resolución en la que también tendría que entrar el cálculo del coste asistencial. Las perspectivas de la lucha contra el alzhéimer muestran algunas señales de esperanza. Habrá más detectores y más medicinas en un futuro próximo. De lo que se trata es de equilibrar la balanza para que el beneficio sanitario llegue a la mayor parte de la población.