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Opinión | Desperfectos
Valentí Puig

Valentí Puig

Escritor y periodista.

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Ministros 'a l'ast'

Por exigencias del guion, Pedro Sánchez asó a la vicepresidenta María Jesús Montero y ahora tiene ensartado al ministro del Interior, el juez Marlaska

El Gobierno reconoce que al menos 3.000 migrantes siguen en las calles de Ceuta tras la tensión en el traslado al puerto

Fernando Grande-Marlaska. Sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.

Fernando Grande-Marlaska. Sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca

Uno de los rasgos temperamentales de Pedro Sánchez es eludir las cuestiones nucleares cuando no le convienen y desviar los focos a aspectos laterales que le pueden dar provecho. En la intersección entre sustancia y detalle aplica un viejo 'modus operandi', que consiste en redistribuir las responsabilidades para eludirlas. Por ejemplo: Pedro Sánchez usa la técnica culinaria 'a l’ast' con sucesivos ministros, no con objetivos gastronómicos sino por necesidad de estrategia inapelable para consolidarse en el poder. Por exigencias del guion, asó a la vicepresidenta María Jesús Montero y ahora tiene ensartado al ministro del Interior, el juez Marlaska. Mientras se asan les va dando vueltas, rociándolos con su propia grasa para que se doren. Mientras Pedro Sánchez lanza misiles de altivez desde el escaño, es ejemplar ver al ministro Marlaska retorciéndose en el suyo, atenazado por sus deberes con el líder, falto de expresión argumental y desgastado por la vieja lucha entre bastidores con su colega, la juez y ministra Robles.

Cocinar 'a l’ast' no es una práctica que pueda aplicarse a la política exterior y la gravísima crisis de Ceuta es muy ilustrativa. Uno de los ángulos centrales de la seguridad de España es el Estrecho, pero Pedro Sánchez ha hecho todo lo posible para deteriorar las relaciones con Israel y los Estados Unidos, reforzando en consecuencia los intereses de Marruecos. Cuando se trata de seguridad nacional, la política 'a l’ast' es algo obsceno, como por ejemplo intentar convertir a don Juan Jesús Vivas en una alita crujiente. Esa es la frontera que Pedro Sánchez ha cruzado definitivamente, mucho antes de irse de vacaciones a La Mareta.

En paralelo, la política migratoria del Gobierno contribuye al efecto llamada que los países de la Unión Europea intentan paliar tanto como Unión –con nueva legislación y más Frontex- como en sus políticas nacionales, tendentes a ser más rigurosos con las ayudas sociales o el reagrupamiento familiar. Ese es ahora uno de los dossiers de urgencia: la inmigración ha trastocado el mapa político de Europa.

Al mismo tiempo, Rusia sigue en Ucrania, amenaza a Polonia y los países bálticos, Trump no es de fiar y China es de temer. Así se está asando el ministro Albares. Cada efecto gestual de Pedro Sánchez con eco en la Unión Europea eleva la combustión de su ministro de Exteriores. Para ser líder del progresismo global contra la ultraderecha no basta con jugar al baloncesto ni tener al PSOE dividido. Como en su próxima lista de canciones recomendadas no ponga la de la familia Caño, a Pedro Sánchez le dejarán incluso sus más próximos.

En las buenas bibliotecas abundan los libros de memorias de políticos que se vengan por lo mal que les trató su príncipe. Sumados, talento literario y rencor han escrito grandes retratos, a veces más perdurables que la memoria del retratado. Es la venganza del mandarín chino. Todo será que se sigan escribiendo memorias y que haya quien las lea. Si fuese así, lo que escriban los ministros que Sánchez ha asado conspicuamente alimentará Instagram durante dos o tres semanas.

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