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Opinión | 610,8 km
Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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Cuando lleguen los androides caseros

Poco podrá hacer Europa por el control de la IA (mucho menos el Vaticano) salvo expresar opiniones y controlar la adicción a las redes

Europa ve "poco realista" la propuesta de Anthropic de un acuerdo global que ralentice el desarrollo de la IA

Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva para la Soberanía Tecnológica de la Comisión Europea

Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva para la Soberanía Tecnológica de la Comisión Europea / Olivier Hoslet / EFE

Comisaria Virkkunen, empezaré con una pregunta personal. En unos años, cuando empiecen a comercializarse en masa androides para ayudar en casa, ¿usted querrá tener uno? ¿Considera que puede ser un riesgo tener un androide en el hogar? La vicepresidenta de la Comisión Europea, finlandesa, responsable de Soberanía Tecnológica, quedó unos segundos en silencio, miró al infinito, y, solo como saben hacer los políticos profesionales aprovechó para lanzar el argumentario sobre pros y contras sobre la evolución de la IA, la necesidad de la regulación, de controlar los riesgos y de que, al final, todo se verá. Incluso acabó diciendo que no sabe la decisión que acabará tomando respecto al androide casero. ¿Un atisbo de humor? Cero.

Llevamos dos semanas debatiendo sobre el fin del mundo al que puede estar llevándonos la innovación sin límites de la robotización. Ya resulta paradójico que la primera persona que alertó institucionalmente sobre estos peligros fue el Papa León XIV en la encíclica 'Magnifica Humanitas' del 25 de mayo. Hablaba de “desarmar” a la IA para que no se escapara de las manos de la humanidad, al no considerarla “moralmente neutra” y llena de riesgos impredecibles.

Europa carece de los grandes desarrolladores mundiales de IA a los que estamos reclamando transparencia, prudencia y principios éticos desde nuestra autoridad histórica y cultural, que a chinos y estadounidenses les trae al pairo. Porque la batalla por el control de la IA la tienen China y Estados Unidos. Una rivalidad y escalada en innovación que empieza a compararse a la carrera nuclear. Poner límites al crecimiento no solo depende de la voluntad de los gobiernos y, tal como vemos, no parece que estén aún por esta labor. Hay otra diferencia: el desarrollo de la IA también está en manos de laboratorios, en el sentido más amplio del término, privados. Con que alguno de ellos se escape de los controles es suficiente. La delincuencia cibernética es una realidad desde hace muchos años. ¿Es el campo de la IA abierto? Y, si es así, ¿realmente pueden ponerse puertas para que todo el mundo sea 'bueno'?

Poco podrá hacer Europa por el control de la IA (mucho menos el Vaticano) salvo expresar opiniones y controlar la adicción a las redes. La comisaria Virkkunen habla de confianza y control. La innovación no debe frenarse siempre que esté al servicio de los ciudadanos. Llegamos tarde. Uno de los dramas de la UE es no haber sido capaz de haber generado líderes tecnológicos a nivel mundial, capaces de competir de tú a tú contra los grandes grupos estadounidenses. Nuestros datos están en sus manos. Y pronto también estarán en manos de China.

No hay que tomarse en broma los mensajes apocalípticos, aun desde la ignorancia por la complejidad de todo lo que acontece alrededor de la IA. Si dentro de unos años ya existe la opción de tener un androide en casa para que sirva el café por la mañana, que sea un robot que tenga prohibido enfadarse. No sea que en una mano lleve la taza y en la otra un cuchillo.

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