Limón & vinagre
Albert Soler

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Periodista

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Marine Le Pen: la izquierda debería leer a Houellebecq

Hija del fundador del Frente Nacional, ha logrado resultados que su padre ni siquiera se atrevió a soñar.

La líder de Reagrupación Nacional Marine Le Pen, tras votar este domingo en Henin-Beaumont, población del norte de Francia.

La líder de Reagrupación Nacional Marine Le Pen, tras votar este domingo en Henin-Beaumont, población del norte de Francia. / AURELIEN MORISSARD / AP

«¡Marina, el pan!». Esta exclamación, que en España todavía gritan algunos señores que están acostumbrados a que su santa les sirva la mesa sin que ellos muevan el trasero de la silla, en francés se pronuncia Marine Le Pen, y sirve que muevan el trasero de su silla la mayoría de políticos del país vecino, empezando por el primero, Emmanuel Macron, que se ha visto obligado a convocar elecciones legislativas a finales de este mismo mes. Aunque no sean elecciones presidenciales, el propio Macron empieza a notar un ligero temblor en su silla. Marine Le Pen ha ganado las elecciones con un tercio de los votos emitidos. Lo que Michel Houellebecq escribió hace años en su -excelente, por otra parte- novela de política-ficción 'Sumisión', acaba de ocurrir, si bien en las elecciones europeas y no en las presidenciales como sucede en el libro. E igual que en el libro, ahí están, como explicaciones a lo sucedido, el islamismo, la inmigración, los recortes y la ceguera de los partidos tradicionales. El terremoto acaba de empezar.

Cierto que Marine Le Pen no se presentaba a las elecciones europeas, pero su espíritu ahí estaba. No se presentaba porque su mirada está puesta en el Elíseo, y además debió de observar con el otro ojo al sur, donde según cuentan se halla España, y se dio cuenta de que a Europa va Irene Montero después de dejar su partido hecho unos zorros. "¡Sacrebleu!", se dijo, «¡a Europa van las fracasadas!», así que se quedó en Francia, donde la 'baguette', o sea el pan, es toda una institución y no falta en ninguna mesa.

Hija de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional, ha logrado resultados que su padre ni siquiera se atrevió a soñar. El éxito en las europeas confirma lo que Reagrupamiento Nacional venía obteniendo en las elecciones francesas, y la misma noche del domingo, poco después de que Macron anunciara la disolución de la cámara legislativa, afirmó estar «preparada para asumir el poder». Lo asegura ella y parecen creerlo buena parte de los ciudadanos franceses, según se desprende de las votaciones. No así buena parte de los españoles, que, como de costumbre, acusan a los franceses de no saber votar, igual que a los italianos, los alemanes, los holandeses, los austríacos y a todos los que votan demasiado a la derecha, o sea, que no votan lo que esos españoles quisieran que votaran. Existe una curiosa corriente española -no se conoce en ningún otro país, por fortuna para estos- que consiste en calificar de «populista» el voto en los demás países, pero aquí repartimos pulseritas que dicen «Free Bego». Leyendo la prensa y oyendo a los politólogos de costumbre, uno llega a la conclusión de que el mundo debería votar siempre lo que algunos españoles quieren. Si el mundo se preguntara, con toda lógica «¿tan bien le ha ido y le va a España, que sus ciudadanos pueden enseñarnos a votar?», les responderíamos que no mucho, pero que nuestros políticos jamás mienten, solo cambian de opinión.

El auge de la extrema derecha está copando los medios de comunicación en toda Europa mucho menos que la caída de la izquierda, como si una cosa no tuviera relación con la otra. Le Pen, como todos sus socios europeos, recoge los frutos sembrados por una izquierda que renunció hace tiempo a las luchas sociales y las sustituyó por las identitarias. Por desgracia para esta izquierda, en los barrios obreros, en las familias de trabajadores y en las asociaciones de vecinos, las luchas identitarias no constan entre las prioridades. La izquierda actual está para ganar las elecciones en una facultad universitaria, pero para ganarlas en un país está Le Pen. La izquierda debería leer 'Sumisión'.

Marine Le Pen no gusta fuera de Francia, como si eso a ella le importara un 'radis', que es como se dice rábano en francés. Es curioso que quienes sostienen la teoría, tan moderna ella, de que el mundo sería mucho mejor si gobernaran las mujeres, no parecen estar muy satisfechos de los éxitos de Le Pen en Francia, ni tampoco de Meloni en Italia. Se conoce que en esos casos hubieran preferido hombres, hay gente que nunca está contenta.

Ya que estamos a las puertas de las legislativas francesas, sería imperdonable finalizar sin recordar qué sucede en 'Sumisión', tras la victoria arrolladora de Marine Le Pen en la primera vuelta de las presidenciales: en la segunda se enfrenta al partido islamista. El Partido Socialista y los demás partidos tradicionales han quedado descabalgados de la lucha, así que se ven en la tesitura de pedir a sus votantes que apoyen o bien a Marine Le Pen o bien al candidato islamista. Optan por pedir el voto para este último. Y con éxito: impiden que la ultraderecha gobierne. Aunque sea a costa de convertir Francia en un estado islámico.

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