Movimientos reaccionarios
Miqui Otero

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Escritor

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Lo más horrible en este país da risa

Muchas de las cosas que hay detrás de estos chistes, de estos memes, de estos lodos, tienen que ver con un mensaje común de regresión en derechos y consensos

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Decenas de personas durante una manifestación contra la amnistía frente a la sede del PSOE en Ferraz, a 20 de noviembre de 2023, en Madrid (España).

Decenas de personas durante una manifestación contra la amnistía frente a la sede del PSOE en Ferraz, a 20 de noviembre de 2023, en Madrid (España). / Gustavo Valiente - Europa Press

El problema, y también el consuelo, de este país es que todo lo horrible da risa.

Supongo que por eso en nuestra tradición literaria destacan la picaresca y el esperpento, comentarios humorísticos de una realidad brutal y cenutria. Pero el caso es que lo más turbio se manifiesta siempre a través de un chiste (o un meme). Y eso no sería malo si no fuera porque lo que, pasado el tiempo, recordamos es ese chiste o ese meme.

Esto sucede, actualmente, con todo lo relacionado con las partes más intransigentes y sectarias de la Iglesia y con los brotes más nítidos de la ultraderecha. Siempre ha sido así. Recordamos, por ejemplo, a un grupo de gente rezando el rosario delante de la sede socialista en Ferraz (entre otras cosas, por la unidad de España). Recordamos a un contable que se hacía pasar por Papa y que se cosió los párpados cuando se quedó ciego. Recordamos a un obispo que se enamoró de una escritora de novela erótica satánica. Y también a un dirigente extranjero (recordamos de él que clona a perros y les pone nombres de economistas neoliberales) ciscándose en todo y aplaudido por nuestra ultraderecha. O a otro falso obispo que vive en un piso de 800 metros cuadrados, con mayordomo y asistenta de cofia y que opta a acoger a un grupo de monjas antes clarisas y ahora cismáticas.

Recordamos todo eso, y mucho de todo eso nos lleva a la carcajada. Y quizá la risa sofoca o ahoga otras reflexiones, como que muchas de las cosas que hay detrás de estos chistes, de estos memes, de estos lodos, tienen que ver con un mensaje común de regresión en derechos y consensos. Con un discurso en contra del feminismo, de la inmigración, de cualquier libertad LGTBI, de cualquier oprimido que no responda a su norma.

No es incompatible que la risa sea el problema y el consuelo. Escribió Kurt Vonnegut que “la risa es una reacción fisiológica ante el miedo”. Y Bergson dijo que no en vano el bebé sonríe después del susto o del eructo. Y yo, claro, sé muy bien lo terrorífico que es que 5.000 fieles siguieran a un zumbado aprovechado, invidente pero con visiones, que canonizó a Franco en el Palmar de Troya, pero no por ello puedo dejar de reírme sabiendo que llegaba a gastarse en horas 5.000 euros en wisky, gambas y sexo en la Feria de Abril (incluso evoco sus farras canturreando 'Cántame' a la sombra de los pinos: “Mirando estaba pa'el cielo en la mitad de la raya / Me acariciaste el pelo, me besaste en la cara”). También me puedo sonreír con el lema “rezar no es delito” entonado por los del rosario frente a la sede socialista, pero se me congela un poco la sonrisa si pienso que detrás está una secta turbia y poderosa llamada El Yunque, infiltrada en plataformas (entre otras cosas, antiabortistas, pero mucho más que eso) como Hazte Oír y presente en partidos con mucha representación parlamentaria, como Vox. Me hace gracia pensar en el obispo que se fue con la escritora erótica, incluso me río cuando recuerdo que se disfrazó de demonio en la Patum o que en unos carnavales lo presentaron en un cartel disfrazado de Superman (él se definió como Superman, tras dar consuelo espiritual a la mujer de un camionero, hasta que llegó el camionero), pero no olvido, claro, que opinaba que los homosexuales podían someterse a terapia para curarse o que abogaba por la castidad (al menos, hasta que se enamoró de la escritora) para controlar las enfermedades de transmisión sexual. O que la historia de ese otro falso obispo filofranquista que quiere recibir a las monjas clarisas incluye desde movimientos inmobiliarios ilícitos hasta derivadas en Valencia con otros personajes conectados con el narco colombiano, los falsos albergues para gente en problemas o el propio Palmar de Troya.

Sé que no es exclusivo de nuestro país: el fascismo italiano se inició en una chaladura como la República de Fiume y en un inicio los nazis eran charlatanes de cervecería que provocaban hilaridad. Y cómo no reírse de las pintas de los que asaltaron el Capitolio. Así que yo no sé si tenemos que reírnos más o menos. Quizás más. Pero después de la risa, deberíamos recordar el problema detrás de esa risa. Hace años, el escritor Isaac Rosa me dijo: “El problema es que aquí es muy difícil escribir sin humor sobre todas estas cosas horribles”. Cierta risa es, además, una alarma de incendio.

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