Elecciones en Catalunya
Carles Francino

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Periodista

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Catalanes de pata negra

Las palabras de Puigdemont nos confirman que esto va de “ellos” y “nosotros”. De la ensoñación de imaginar un país monopolítico, monolingüistico, monocultural y sin trazas de “contaminación” española

Puigdemont defiende que irá "hasta el final" con su investidura y no teme una repetición electoral

Carles Puigdemont

Carles Puigdemont / DAVID BORRAT / EFE

Estoy hasta el gorro de la dictadura del titular. El gran reemplazo no lo ejecutan personas venidas de fuera en busca de una vida mejor. Eso es una mentira y una estupidez. Los cambios reales se operan a través del lenguaje, con la aparición constante de frases supuestamente ingeniosas, o lapidarias; tuits y memes que te atropellan sin tiempo para digerirlos; y, desde luego, eslóganes políticos que apuntan más a las vísceras que al cerebro. Eso sí puede alterar la realidad, porque el bombardeo de impactos sepulta cualquier posibilidad de acudir a los matices; y así nos va. El debate ha muerto, ¡viva la bronca! Ese es, a mi juicio, el gran reemplazo. De todas formas, hay ocasiones en las que merece la pena centrarse en el análisis de unas pocas palabras porque pueden significar mucho.

En este caso serían tres: “obediencia netamente catalana”. El desesperado –y en mi opinión, irreal- anuncio de Carles Puigdemont de intentar presidir un Gobierno de estas características, creo que encierra el mensaje clave para entenderlo todo. De entrada, que esto viene de atrás. Viene del caso Banco Catalana, de la acusación de 'botiflers' que desde entonces tienen que escuchar los socialistas; y del señalamiento de supuestos “traidores” que con tanto ahínco se practicó en los años más duros del 'procés'. O sea, de la división entre buenos y malos catalanes, un fenómeno que creció al amparo –o con el impulso- del pujolismo. Esto no parece que vaya de priorizar la búsqueda de los mejores talentos para gestionar los problemas ciudadanos, que son muchos y graves. Las palabras de Puigdemont ondean la bandera de los catalanes de pata negra y nos confirman que esto va de “ellos” y “nosotros”. De la ensoñación de imaginar un país monopolítico, monolingüistico, monocultural y sin trazas de “contaminación” española. Catalunya, afortunadamente, no es así. Y las últimas elecciones han hecho sonar el despertador de forma atronadora, pero parece que algunos aún no se han despertado.

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