Guerra de Ucrania
Jesús A. Núñez Villaverde

Jesús A. Núñez Villaverde

Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

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Y ahora (nuevamente) Járkov

Sin descartar que pueda volver a los planes rusos, lo más probable es que los ataques actuales en la zona respondan más bien al intento de obligar a Kiev a mover tropas del sector del 'oblast' de Donetsk

La nueva ofensiva rusa en Járkov pone en más aprietos al Ejército de Ucrania

¿Quién es Andréi Beloúsov, el nuevo ministro de Defensa de Putin para la guerra en Ucrania?

Rusia intensifica sus ataques en Járkov

Agencia ATLAS / Foto: EFE

Los agobios ucranianos se multiplican exponencialmente desde que el pasado 10 de mayo los invasores rusos han vuelto a reabrir el frente en el 'oblast' de Járkov. La suspensión de la visita a España del presidente Zelenski es una buena muestra de ello, junto a su fallido intento de aparentar que todo está bajo control. Tras reconocer los primeros avances rusos, ha tratado de tranquilizar a la población afirmando que se había logrado estabilizar “parcialmente” la situación. Ese lapsus, que pretendiendo calmar la angustia sin mentir abiertamente termina por reconocer que el frente sigue roto, se une al problema que representa el hecho de que los refuerzos para taponar las avenidas de penetración rusa son unidades que han sido sacadas del frente oriental, lo que supone debilitar la defensa precisamente allí donde probablemente Moscú desea ejercer el esfuerzo principal de su previsible ofensiva.

Putin ha reordenado sus peones, colocando a Andréi Beloúsov como nuevo ministro de Defensa, con el probable encargo de mejorar la coordinación de todos los actores implicados en la economía de guerra en la que Rusia ya está instalada para un conflicto prolongado. Y mientras ha recolocado a Serguéi Shoigú como secretario del Consejo de Seguridad, ha dejado a Valeri Guerásimov al frente del Estado Mayor, como señal de que no caben esperar cambios en la planificación y conducción de las operaciones sobre el terreno. En paralelo, su visita a Xi Jinping le habrá servido para consolidar la relación “sin límites” que ambos acordaron en 2023, sabiendo que eso le otorga un mayor margen de maniobra internacional, incluso más allá de Ucrania.

Por su parte, en Ucrania acaba de entrar en vigor la nueva ley de movilización -que rebaja la edad desde los 27 a los 25 años-, poniendo en marcha un proceso de reclutamiento forzoso que puede acabar volviéndose contra Zelenski si los resultados en el campo de batalla no acompañan a corto plazo. Y no es fácil que algo así ocurra, cuando se ha llegado al punto en el que las fuerzas ucranianas se están viendo obligadas a racionar su munición y cuando la edad media de sus unidades de combate sobrepasa los cuarenta años, sin posibilidad ya no solo de realizar los necesarios relevos de las unidades desgastadas de primera línea, sino de poder crear otras nuevas para responder a la creciente agresividad rusa. De hecho, se calcula que en el mejor de los casos Kiev podrá contar con unos 200.000 nuevos efectivos -muy lejos de los 500.000 que pedía el defenestrado jefe militar ucraniano, Valeri Zaluzhni-, contando con que Rusia ya tiene más de 400.000 desplegados en el frente y está reclutando en torno a otros 30.000 cada mes.

Sin descartar que la toma de Járkov pueda volver a los planes rusos, lo más probable es que los ataques actuales en la zona respondan más bien al intento de obligar a Kiev a mover tropas del sector del 'oblast' de Donetsk, con idea de hacer más fácil su ruptura del frente oriental para introducir una cuña que haga imposible posteriormente a las unidades ucranianas los movimientos de refuerzo entre las unidades que estén a caballo entre Donetsk y Lugansk.

Y aunque finalmente acaben llegando las ayudas, que tanto Washington como algunas capitales europeas han anunciado estos últimos días- empezando por los F-16, los Taurus y los ATACMS, además de la munición de artillería-, su efecto sobre el desarrollo de las operaciones aún tardará en notarse. Y es previsible que Putin no se quede pasivamente esperando a que eso suceda.