Desperfectos
Valentí Puig

Valentí Puig

Escritor y periodista.

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Escena de la Generalitat

Los dos obstáculos de Illa pueden ser Puigdemont y Sánchez

Illa promete un mandato "sin bandos ni bloques" y sitúa como "primera opción" un Govern en solitario

Puigdemont cita a los diputados electos de Junts en Perpinyà para tejer la estrategia post 12M

El candidato del PSC, Salvador Illa, durante la celebración del resultado electoral el domingo

El candidato del PSC, Salvador Illa, durante la celebración del resultado electoral el domingo / MANU MITRU

Es lo más habitual que después de unas elecciones los perdedores se presenten como ganadores, especialmente para dificultar que los que realmente han ganado lleguen al poder. Hace tiempo que en la política catalana no se practica el 'fair play'. Ha ocurrido con la votación del pasado domingo y se va expandiendo con estruendo, con lluvias y descargas eléctricas. Todos han ganado, nadie ha perdido. Salvo entre los votantes más atentos a la excepcionalidad catalana, la perplejidad se contagia. Se alza el telón y no hay nadie.

En toda escenografía, la iluminación es fundamental. Por eso Maura pedía luz y taquígrafos para la vida pública. Entonces los 'fake' eran muy rudimentarios pero los trucos eran los mismos, las bambalinas, el equívoco, subir y bajar el telón, de la comedia de equívocos a la escenografía virtual de un concierto de hip-hop. Parte del público se pregunta qué puede darle Salvador Illa a ERC para tener su apoyo de investidura. Otros espectadores esperan a saber lo que Carles Puigdemont puede exigirle a Pedro Sánchez. Para el escenario de la Generalitat, los dos obstáculos de Illa pueden ser Puigdemont y Sánchez.

Salvo que Sánchez esté dispuesto a un 'remake' de la fotografía del secretario de organización del PSOE y Puigdemont en un ambigú de Bruselas, el actual vacío en la Generalitat no lo va a ocupar el hombre que se fugó de España para no asumir sus responsabilidades ante la justicia. Entrarían en pausa el aventurismo de Puigdemont y la unilateralidad frente al orden constitucional.

Junts y ERC han competido en el populismo de separación aunque pretendan que el nacionalismo catalán es más europeísta que la España que despoja a Catalunya. Es una cuestión de identidad sobresaliente y particularista. Difícilmente se podría negar la existencia de identidades, pero otra cosa son las políticas identitarias que con los sucesivos presidentes de la Generalitat han prevalecido sobre el deber de gobernar para todos los ciudadanos de Catalunya. El “procés” ha frustrado las expectativas ilusorias que generó, sin calcular la fatiga y la decepción que podían provocar.

Como algo accesorio, queda ya para la sesión de medianoche hacer una puesta a punto de las instituciones, librarlas de la hiperinflación partidista, de la inercia del corto plazo y la permanencia de los estereotipos identitarios. Ahora se trata de servicios sanitarios, escuela de excelencia, trenes, planes hidráulicos, inversión extranjera.

Pero los tramoyistas y no los actores son quienes acaparan el escenario. No interesa demasiado si el nuevo Parlament será o no más vital y verosímil ni qué reformas pueden iniciarse desde la Generalitat. Sigue al margen del bloque mediático procesista la opinión de quienes han votado otra cosa o se han abstenido.

Es decisivo que el área metropolitana de Barcelona se haya expresado con tanta claridad, aunque habrá que esperar un tiempo para saber quién va a gobernar en Catalunya. Lo que pueda ocurrir en el intermedio depende de si se opta por el reestreno o se contrata un nuevo 'casting'.

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