Hacerse mayor
Imma Sust

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Periodista

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Edadismo

Si tengo que escoger, me gusta rodearme de personas más mayores que yo. Me gusta aprender, entender y disfrutar de la vida

El edadismo y la gerascofobia se han covertido en un problema de salud muy serio

El edadismo y la gerascofobia se han covertido en un problema de salud muy serio / Foto de Andrea Piacquadio: https://www.pexels.com/es-es/

Tengo la suerte de rodearme de personas muy sabias y de todas las edades. El pasado lunes cumplí cincuenta años y en mi fiesta había amigos de todas las edades. Pero si tengo que escoger, me gusta rodearme de personas más mayores que yo. Me gusta aprender, entender y disfrutar de la vida. Mi amiga Mont Plans, excelente persona y actriz mítica, me felicitó diciendo: Hacerse mayor es maravilloso, envejecer no tanto. Y qué razón tiene. No sé quién nos hizo, pero ese ser con clítoris que nos engendró, decidió que nos haría nacer muy tontos pero con un cuerpo divino y, conforme fuéramos envejeciendo, ganaríamos sabiduría pero nos empezaría a doler todo. Y así es. Parece que cuando ya lo has aprendido todo de la vida y puedes empezar a hacer las cosas bien, es cuando te quedan tres telediarios. No es nada justo. Pero así es la vida: ¡Injusta!

A mí, la única cosa que me cabrea de hacerme mayor es que dicen que, si eres mujer, te haces invisible. Que queréis que os diga, mi madre tiene setenta y cinco años y es todo menos invisible. Igual se refieren a que la sociedad no te valora igual que a los hombres. ¿Recordáis al “guaperas” de Carlos Boyero criticando el físico de la increíble y bella Jodie Foster, no? Pues eso. Clint Eastwood es un viejo adorable, mientras que Madonna hace el ridículo siendo ella misma. Desde mi punto de vista los dos son brillantes en su vida profesional, pero una recibe más ataques que el otro solo por ser mujer. Dentro de poco voy a tener el privilegio de poder ver otra vez a Bruce Springsteen encima del escenario y os aseguro que nadie dirá que está viejo. La gente aplaudirá y gritará cuando tire la guitarra en lugar de pegar su famoso salto. Los periódicos lo alabarán y yo me alegraré. Pero no recibirá ni una sola crítica ni será juzgado por su edad. Cosa que nos demuestra que el edadismo es cosa de mujeres. ¿Pues saben qué le digo? Que yo no voy a ser invisible. Voy a brillar aunque me quede un segundo de vida, voy a gritar hasta que me quede sin voz y voy a bailar aunque me quede din piernas, ¿Saben por qué? Porque, como dice Maruja Torres, ser viejo no es un insulto. ¡Es un logro! Y yo estoy muy orgullosa de ser quien soy.

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