Limón & vinagre

Dani Alves: leyenda y violador

Un día defiendes la camiseta nacional en el Mundial de Catar y a las pocas semanas duermes en la cárcel acusado de un crimen sexual porque eres tu peor enemigo y no tienes límites

Dani Alves en el juicio por agresión sexual

Dani Alves en el juicio por agresión sexual / EUROPA PRESS

Pilar Garcés

Pilar Garcés

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

En un vídeo selfi de octubre de 2022, el defensa de la selección brasileña de fútbol Dani Alves pedía el voto para el candidato electoral ultraderechista y homófobo Jair Bolsonaro en las presidenciales de su país, que finalmente perdió al día siguiente contra Lula da Silva. Lo hizo invocando una frase grandilocuente: «Brasil encima de todo, Dios encima de todos» desde el púlpito de sus redes sociales. Además de sentencioso e inflamado, hoy este mensaje nos parecería bastante hipócrita viniendo del hombre que solo dos meses después violó a una mujer de 23 años en el reservado de una discoteca de Barcelona, como ha quedado acreditado tras el juicio celebrado este mes de febrero. ¿Dónde estaba Dios esa noche? 

Pero también resulta revelador de la clase de prepotencia iluminada que adorna a algunos deportistas millonarios desde la adolescencia, acostumbrados a coger lo que quieren sin pedir permiso, que se sienten intocables e invulnerables, protegidos y mimados por todos los poderes, habituados a que se les escuche y se les adore, y sobre todo a salirse con la suya. Por encima del bien y del mal. Dios, patria y yo, príncipe del deporte rey. 

Entre el cielo y el suelo, el vértigo de caer a toda velocidad. Un día defiendes la camiseta nacional en el Mundial de Catar y a las pocas semanas duermes en la cárcel acusado de un crimen sexual porque eres tu peor enemigo y no tienes límites. Dani Alves no era un crío cuando delinquió, cumplió los 40 en prisión provisional. Un aniversario triste para el padre de dos hijos de un primer matrimonio, casado en la actualidad con una modelo; para el carismático futbolista con 22 años de carrera profesional en el Barça, el Sevilla o el PSG, una leyenda con 43 títulos en su haber, el segundo más laureado de la historia por detrás de Leo Messi. Es más que probable que sume otra vuelta al sol estando a la sombra porque acaba de ser condenado a cuatro años y medio años de encierro por agresión sexual, en una sentencia que estima el atenuante de que ha resarcido económicamente a su víctima con 150.000 euros.

De las diferentes versiones que ofreció durante la investigación (fue sexo casual, no pasó nada, fue solo sexo oral, fue sexo de mutuo acuerdo, estaba borracho) se quedó con la mejor para su defensa, basada en que hubo consentimiento y en el descrédito de la denunciante. En este propósito difamador ha contado con la colaboración de su propia madre, que reveló datos personales de la joven e hizo públicos vídeos que la mostraban en su vida cotidiana. 

El fallo judicial recurrible, sin embargo, deja patente que no existe ninguna razón para no creer a la mujer y que el aludido consentimiento jamás se produjo. Con todo, le ha caído la mínima. 

Quién recordará las gestas de Alves en el césped, su sonrisa permanente, su juego provocador, su espíritu libre, su exhibicionismo; y quién al acusado cabizbajo que relató ante el tribunal una noche aciaga de alcohol e infidelidad. Quién le agradecerá los buenos ratos pasados en el espectáculo de masas del que formó parte, y se alegrará de que casi a la vez del revés de su caso penal se haya resuelto a su favor otro pleito por posible fraude fiscal que obliga a Hacienda a devolverle 1,2 millones de euros, una cantidad suficiente para rehacer su vida muy pronto. Quién le verá para siempre como un personaje decadente, un depredador y un peligro para la integridad de las mujeres, incapaz de controlarse, que se ha librado de una condena mayor por ser rico. 

Se ha escrito estos días que el Barça ha eliminado su nombre de la lista de jugadores históricos que aparece en la web del club, aunque sin un pronunciamiento oficial, pero que luego se lo ha repensado y le vuelo a inscribir. Estar estuvo, no se puede borrar la historia, como tampoco los antecedentes penales.